Chavismo festeja los 21 años del golpe como un triunfo bolivariano

Con la ausencia de Hugo Chávez, el Gobierno convoca a grandes movilizaciones por el aniversario del levantamiento contra el presidente Carlos Andrés Pérez en 1992, que se interpreta como una rebelión popular. Para la oposición, fue una asonada antidemocrática

Con Hugo Chávez internado desde hace dos meses en Cuba, el Gobierno de Venezuela se prepara para conmemorar una de las fechas claves del surgimiento del chavismo: el alzamiento contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez el 4 de febrero de 1992.

La convocatoria es para las 11.30, hora local. La concentración será en el Museo Histórico Militar en La Planicie del 23 de enero, donde se revelará un cuadro de Chávez. También se colocará una ofrenda floral en el Paredón de los Caídos y se condecorará a civiles y militares que participaron de los eventos del 4 de febrero.

Asimismo, desde la estación del metro Capuchino, la Plaza Morelos en Bellas Artes y en el Parque del Oeste Alí Primera, saldrán caminatas con destino a la Plaza Paguita cerca del Palacio de Miraflores, donde el vicepresidente Nicolás Maduro cerrará con un discurso.

Hace 21 años, en el día que el movimiento bolivariano recuerda como el “día de la rebelión”, Hugo Chávez lideró un intento de derrocamiento del mandatario venezolano. “Sin 4 de febrero, yo no estaría aquí”, manifestó en múltiples ocasiones.

En ese entonces, era un joven teniente coronel que había cobrado relevancia pública al participar del “Caracazo”, la revuelta popular contra Pérez de 1989 generada por un aumento de precios que había recomendado el FMI.

Por dichos episodios, fue detenido junto con otros tres militares: Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta. Al ser liberado, Chávez comenzó con su carrera netamente política y, en 1998, ganó sus primeras elecciones presidenciales.

El actual mandatario de Venezuela aseguraba, tiempo atrás, que la juventud militar “ya no aguantaba más” la represión del Gobierno neoliberal de Pérez y justificaba su intentona con que no se trataba de “un golpe clásico como el de Augusto Pinochet”.

«A mí me dicen golpista. Está bien, díganme como quieran: dictador, golpista. Pero no. Yo soy ‘antigolpista’. Nosotros, como soldados, estamos al otro extremo de Augusto Pinochet, que sí fue un golpista», sostuvo en el pasado.

En esta ocasión, no participará de las grandes manifestaciones que habrá en distintos puntos del país, dado que sigue convaleciente en La Habana, donde fue operado por cuarta vez del cáncer que padece.

AP

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