La Ley del Montes | ¿Y la “vaca” caribe pa’ cuándo?

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POR OSCAR MONTES

@LEYDEL MONTES

Después de que Antioquia decidiera responder al maltrato sistemático de Gustavo Petro a ese departamento, con la realización de una “vaca” que permita recolectar los recursos necesarios para terminar algunas obras 4G que están inconclusas, empezaron a escucharse varias voces en la región Caribe que piden replicar la iniciativa.

La “vaca caribe” no solo serviría para responder a Petro por su tratamiento injusto y grosero con la Costa –tanto o peor que el que recibe Antioquia– sino que permitiría afianzar los sentimientos de hermandad y solidaridad que nos identifican a los 11.000.000 de habitantes de la región.

El senador liberal del Atlántico, Mauricio Gómez Amín, planteó la iniciativa ante sus colegas del Congreso de la República. “Que orgullo ver a los paisas defendiendo a su departamento. Yo quiero ver a los costeños también defendiendo a la región Caribe, como los paisas defienden a Antioquia”, sostuvo Gómez Amín en su intervención.

“La gente tiene que escoger –declaró el senador del Atlántico– entre comer y pagar la luz. ¿Dónde está la justicia social si un estrato 1,2 o 3 paga 400.000 pesos de luz? Hagamos una ‘vaca’ para la región Caribe que solucione el tema de las tarifas de luz de una vez por todas”.

Pero a diferencia de lo que sucedió en Antioquia, donde la respuesta a la convocatoria del gobernador Andrés Julián Rendón resultó masiva, en la región Caribe la acogida de la iniciativa estuvo muy por debajo de las expectativas. ¿Qué pasó? ¿Por qué la propuesta de la ‘vaca caribe’ no tuvo la acogida de la ‘vaca antioqueña’? ¿Por qué la iniciativa no ‘pegó’?

Una de las razones por las cuales la ‘vaca antioqueña’ tuvo tanto respaldo es porque tocó las fibras de eso que llaman el “orgullo paisa”, que va mucho más allá de un eslogan o una frase de cajón. El orgullo paisa es un sentimiento, que está por encima de colores políticos, credos, religiones o gobiernos coyunturales. Petro con su matoneo sistemático a Antioquia se metió con el “orgullo paisa” y la respuesta no se hizo esperar.

La razón principal por la cual la ‘vaca caribe’ no tuvo el éxito de la ‘vaca antioqueña’ es muy simple: los habitantes de la región Caribe asumen que quienes hoy promueven soluciones a la crisis son parte del problema.

No es un asunto de orgullo, como sucede con los paisas, sino de hambre. La región Caribe ha sido víctima de una clase política indolente y corrupta, que no ha podido –ni ha querido– estrechar vínculos con quienes con su voto los llevan a ocupar los más altos cargos del Estado. Más que una relación de confianza, lo que se ha construido por décadas es una relación mercantil en la que se paga por un servicio. No existe en dicha relación ni solidaridad ni afecto ni mucho menos lealtad. Por ello fracasan las convocatorias estridentes y oportunistas, que pretenden pescar en ríos revueltos. Una cosa es que los elijan y otra muy distinta que los respalden.

¿Por qué la ‘vaca caribe’ no tuvo respaldo?

La ‘vaca antioqueña’, un asunto de dignidad y orgullo

Se equivocan quienes consideran que la ‘vaca antioqueña’ es un asunto de sumas y restas. Que de lo que se trata es de reunir una buena cantidad de miles de millones para terminar unas carreteras y unos túneles, que el Gobierno nacional tiene la obligación de concluir. Es mucho más que eso. La ‘vaca antioqueña’ es un asunto de dignidad y de orgullo.

No es un tema de plata, como muchos creen. Por esa razón es que el propio Petro debió salir a decir que él “no odia a Antioquia”. La obras que de forma mezquina Petro pretende negarle a Antioquia, como se las quiere negar a la región Caribe, las terminarán los antioqueños, aunque tengan que empeñar las “joyas de la abuela”. Mientras en la región Caribe una propuesta de una ‘vaca’ para superar la crisis de las tarifas de energía terminó sacado a flote nuestras profundas diferencias, en Antioquia una iniciativa similar los llevó a cerrar filas contra “un enemigo común”.

La pérdida de los Juegos Panamericanos –por culpa de Petro– hizo que algunos dirigentes costeños celebraran, con el pretexto de que costaban mucha plata y que “primero debemos combatir el hambre y la pobreza”. Aunque sigamos hambrientos y pobres, muchos estarán contentos porque no tuvimos Juegos Panamericanos. Una cosa es tener dignidad y otra muy distinta sentir envidia.

Sin propósitos comunes como región, será imposible derrotar al centralismo

En alguna oportunidad un ministro de Andrés Pastrana, cuando me escuchó quejarme en Bogotá por el abandono del Gobierno nacional a la región Caribe, me respondió: “No es abandono. Le doy un ejemplo: mientras a mí me pide cita toda la bancada antioqueña para traerme proyectos de obras para su departamento, sus paisanos costeños vienen por separado, todos hablan mal de los demás y cada uno me trae 20 hojas de vida de recomendados para que se los nombre”.

El anterior ejemplo ilustra muy bien nuestra tragedia como región: mientras no tengamos propósitos comunes será muy difícil partirle el espinazo al centralismo avasallante que cada día atenta contra nuestro progreso y desarrollo. Los propósitos de nuestra clase política –en su gran mayoría– son individuales. Obedecen a sus ambiciones y sus miserias. La tragedia de millones de habitantes de la región Caribe no son las suyas. Sus votantes sienten que los congresistas de la región no luchan contra la corrupción, que debería ser bandera de todos, sencillamente porque son corruptos.

¿Quién habla por los miles de tenderos que han debido cerrar sus negocios en Barranquilla y en todas las ciudades capitales de la región Caribe? ¿Quién clama por el drama de los ganaderos que, cuando no son secuestrados, deben permitir que sus fincas sean invadidas, sin que nadie los defienda? ¿Quién toma la vocería de las cientos de mujeres maltratadas y asesinadas por sus parejas o exparejas en la región Caribe? Esos abismos entre quienes eligen y quienes son elegidos son los que hacen que iniciativas bienintencionadas, como la ‘vaca caribe’, fracasen. Punto.

¡Bajen las tarifas de energía ya…!

Las impagables tarifas de energía nos tienen viviendo “semanas de pasión” a los habitantes de la región Caribe. Promover una ‘vaca’ para buscar recursos que sirvan de paliativo a quienes no tienen cómo pagar el recibo de la luz podría interpretarse como un gesto humanitario bien intencionado. Pero se requiere más que eso.

Es necesario que los congresistas de la región Caribe –¡todos y todas!– no ahorren esfuerzos en la búsqueda de una solución definitiva a esta dramática situación. Así como aprobaron la ley que encareció las tarifas de la energía –por cuenta de todas las arandelas que le colgaron en tiempos de Iván Duque, para poder desenhuesarse de Electricaribe– es necesario que ahora en tiempos de Petro aprueben otra ley que permita abaratar las tarifas. Punto.

Es necesario que hagan más y mejores debates de control político al Gobierno nacional para obligarlo a cumplir la promesa de Petro de bajar las tarifas de energía. ¿Por qué el Gobierno sigue sin nombrar en propiedad a los comisionados expertos de la Creg, como se lo ordenó el Tribunal Administrativo de Cundinamarca y se lo exigió la procuradora general, Margarita Cabello Blanco?

Petro es consecuencia del cansancio con la clase política

Hoy que culmina la Semana Santa, con el Domingo de Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sería muy bueno que la clase política reflexione sobre su relación con la comunidad en general y con sus electores en particular. El “fenómeno Petro” en la Región Caribe obedeció al cansancio de la población con la clase dirigente tradicional.

Petro es consecuencia de ese cansancio y de ese rechazo hacia quienes por décadas han sido elegidos representantes y voceros de la comunidad. Es un rechazo a esa “democracia heredada”, en la que priman los apellidos más que los méritos. Esa reflexión debe estar acompañada de una profunda autocrítica, que permita reconocer a esta clase política las equivocaciones y los abusos cometidos.

Petro se ofreció como el “Mesías”, igual que lo hizo Chávez en Venezuela, y su mensaje caló, porque encontró una población hastiada con tantas décadas de engaños y mentiras. La frustración que producen sus promesas incumplidas, su inagotable pugnacidad y su incompetencia no significa perdón y olvido para quienes hicieron posible su llegada a la Casa de Nariño.

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