Hora de balances: ¿cómo le fue a J. M. Santos en 2012?

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Desde que llegó a la Presidencia de la República en 2010, Juan Manuel Santos le apostó al 2012 como el año de las realizaciones y el que le permitiría consolidar su obra de gobierno. Como ocurre con todos los mandatarios, el segundo año es aquel en que -después de poner la casa en orden y arreglar ‘chicharrones’ heredados de su antecesor-, los presidentes en ejercicio pasan de las promesas a los hechos. Es el año en que los gobernantes ya no hablan de “vamos a hacer”, sino de “estamos haciendo”. La opinión pública, de igual manera, se vuelve mucho más crítica y exigente, hasta el punto de que hasta el mínimo error es cobrado con creces, pues asume que la ‘luna de miel’ se acabó y que las ofertas de campaña quedaron atrás. A juzgar por los resultados obtenidos, y por los indicadores de las encuestas, Santos terminará el 2012 con un sabor agridulce en los labios. Podrá decir que en algunos frentes ha hecho la tarea, como sucede, por ejemplo, con las llamadas Viviendas de Interés Prioritario (VIP), que lleva a cabo el ministro Germán Vargas Lleras, quien se puso la camiseta y está mostrando resultados, tantos que hasta el propio presidente del Senado, Roy Barreras, que no lo quiere ni poquito, debió admitirlo. Por lo demás, la política de Restitución de Tierras se empantanó, la revolución educativa no arrancó, al igual que la tecnológica, entre otras. En materia económica, Santos puede decir que también está haciendo la tarea, pues controló la inflación y mantuvo el desempleo en un dígito, aunque ambos resultados debe ser analizados con lupa y con cabeza fría. En el caso del desempleo habría que ver, por ejemplo, qué pasó con la creciente informalidad laboral y comercial en las principales ciudades del país.

Negociar con las Farc, una apuesta arriesgada con buen recibo

Juan Manuel Santos llegó a la Presidencia con la promesa de continuar la obra de gobierno de Álvaro Uribe Vélez, que incluía, obviamente, la Política de Seguridad Democrática, uno de los tres “huevitos” que el actual mandatario heredó de su antecesor. En plata blanca la Política de Seguridad Democrática significa declarar y mantener la ofensiva militar contra la Farc, sin hacerle a ese grupo guerrillero ningún reconocimiento político y mucho menos darles a sus líderes la calidad de interlocutores del Gobierno. Santos ha mantenido la ofensiva militar, como muestran los golpes propinados a los frentes subversivos, pero también decidió sentarse a negociar con ese grupo guerrillero una salida política al conflicto armado, que es, sin duda alguna, la razón por la cual hoy nueve de cada diez uribistas lo detestan y lo consideran un traidor. Negociar con las Farc es una apuesta con una gran dosis de riesgo. Los hechos han demostrado que no es una organización que genere confianza, que es un elemento fundamental para toda negociación, como tampoco es claro que en esta oportunidad sus jefes tengan la convicción de encontrar en una mesa de diálogo la salida al conflicto armado. Para decirlo en términos santistas: las Farc juegan con cartas marcadas. Pese a esa realidad irrefutable y contundente, la opinión pública siempre ha respaldado las iniciativas presidenciales encaminadas a encontrar una salida política a la guerra. Santos no ha sido la excepción y por ello más del 75 por ciento de los colombianos lo acompañan en la iniciativa.

Reforma Judicial: todos perdieron

A la hora del balance del 2012, Juan Manuel Santos y su equipo de gobierno deberán mirar muy bien lo que significó el trámite de la Reforma Judicial en el Congreso y su posterior hundimiento, pues ahí radica buena parte de la cuenta de cobro que le están pasando hoy los colombianos a su Presidente. La Reforma a la Justicia -muy bien intencionada y con algunos artículos rescatables- el Gobierno terminó entregándosela a los congresistas para que con ella hicieran un traje a su medida, hasta el punto de que todo lo relacionado con la administración de justicia le dio paso a las exigencias de los políticos. A ello se sumó el apetito voraz de algunos magistrados de las altas cortes que vieron en la Reforma la posibilidad de obtener beneficios personales, como perpetuarse en las cortes o algunos relacionados con la edad de retiro. A la postre la opinión pública le cobró a Santos y al ministro Juan Carlos Esguerra, quien terminó renunciando, su tibieza en el manejo de tan delicado asunto, así como el manejo que le dio a la crisis que se desató una vez se supo de los verdaderos alcances de la iniciativa. Santos terminó enredado en la maraña de la Reforma y además quedó muy mal parado ante la opinión y ante los mismos congresistas, que se sintieron traicionados por él, cuya gobernabilidad se vio afectada.

Economía, la minería sigue siendo el gran soporte

La economía nacional sigue sostenida en el flujo de dólares de la minería, que continúa siendo su gran soporte, no de ahora en tiempos de Santos sino desde la época de Álvaro Uribe, cuando las multinacionales encontraron las garantías necesarias para iniciar procesos de exploración y explotación de hidrocarburos, así como mineros. Y aunque la industria muestra signos de estancamiento, que se pueden atribuir a la coyuntura internacional de crisis y a la revaluación interna, resulta paradójico que el empleo muestre signos de recuperación, de modo que puede afirmarse sin lugar a equívocas que o la minería o el comercio están contribuyendo a ese tema. Sin embargo, el Gobierno debe poner especial atención al sector cafetero, no tanto por lo que signifique como renglón económico, sino por lo que es como renglón social, en tanto que la economía cafetera es la más democrática del país, pues básicamente está integrada por minifundistas y pequeños propietarios, que se convierten en la primera línea de defensa contra la violencia rural. Mantener el desempleo en un dígito es una buena noticia, aunque habría que mirar detenidamente el tema de la informalidad, tanto laboral como comercial, que mantienen ocupados a millones de colombianos, sin que ello se traduzca en una mejora en su calidad de vida. No podemos considerar empleados a quienes son meros supervivientes.

San Andrés, una crisis muy mal manejada

El otro gran lunar de Juan Manuel Santos en este año que termina tiene que ver con la decisión del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya de entregarle a Nicaragua cerca de 75.000 kilómetros cuadrados de nuestro mar territorial en el archipiélago de San Andrés y Providencia. Después de la separación de Panamá, este es sin duda el golpe más fuerte propinado a nuestra soberanía, algo que, al parecer, aún sigue sin ser comprendido en sus justas proporciones por altos funcionarios del Gobierno. Aunque es claro que Santos no es el único responsable del zarpazo, sí es evidente que el manejo que le dio al tema no fue el mejor, pues lució, y aún luce, dubitativo y sin capacidad de respuesta. Hoy todos -propios y extraños- se preguntan qué piensa Santos. El errático manejo del asunto comprometió no solo su liderazgo nacional, sino también el internacional, que había sido una de sus principales fortalezas. Santos no solo ‘jugó’ con la posibilidad de desacatar el fallo, como quiere la inmensa mayoría de los sanandresanos, sino que no tuvo respuestas certeras y convincentes para los habitantes del Archipiélago, que son quienes se verán más afectados por el veredicto de La Haya. Hoy las encuestas lo muestran por debajo de los 50 puntos de favorabilidad, y desdibujado ante la opinión pública.

Óscar Montes
La Ley del ‘Montes’
@leydelmontes

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