La ley del Montes | El Pacto, ¿histérico?

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POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

En algunas oportunidades resulta mucho mejor ser oposición que gobierno. Cuando se está en la oposición solo hay que definir un blanco al que dispararle toda la artillería y esperar que reaccione para seguir bombardeándole munición gruesa. A eso se dedicó Gustavo Petro durante buena parte de su vida, menos cuando fue alcalde de Bogotá.

Pero a partir del próximo 7 de agosto, Petro dejará de ser oposición para volver a ser gobierno. Es decir, tendrá que someterse de nuevo al escrutinio público y al control político por parte de sus opositores. Así funciona la democracia. En lugar de exigir cuentas, Petro tendrá que rendirlas.

Ahora como presidente el asunto será mucho más complejo para Petro, pues gobernar va mucho más allá de ser el “doctor no”, al que nada de lo que hacía el gobernante de turno le gustaba. Desde el momento de su elección el pasado 19 de junio, cualquier decisión que tome Petro tiene trascendencia, desde la conformación de su gabinete ministerial hasta el “guiño” para las mesas directivas del Congreso de la República, pasando por la escogencia del nuevo Contralor General. A ese ejercicio de filigrana está dedicado Petro en estos días mientras llega el momento de instalarse en la Casa de Nariño.

Pero la construcción de la “gobernabilidad” le está saliendo muy costoso a Petro, no solo entre sus rivales y contradictores –que cada día son menos, por cierto– sino entre sus propios amigos y allegados al Pacto Histórico, alianza política que le permitió derrotar a Rodolfo Hernández en segunda vuelta, el pasado 19 de junio.

En lo que tiene que ver con sus amigos y allegados más cercanos, las primeras fisuras comienzan a observarse en lo que podría llamarse la “bancada progresista”, es decir el bloque de senadores y representantes a la Cámara conformado para garantizarle a Petro la aprobación en el Congreso de todas sus iniciativas sin ningún tropiezo. Hasta el momento esa aplanadora cuenta con 209 congresistas. Es decir, se trata de una poderosa maquinaria de la que hacen parte no solo todos los partidos y movimientos del Pacto Histórico, sino también los nuevos amigos que se han sumado, incluyendo al mismísimo Partido Liberal con César Gaviria a la cabeza. Para sorpresa de propios y extraños, Gaviria resultó petrista. O mejor: Petro salió gavirista.

La persona encargada de prender y aceitar esa poderosa maquinaria es Roy Barreras, próximo presidente del Senado. Barreras se ha encargado –por delegación directa de Petro– de engrasar la maquinaria de forma tal que todos queden contentos. Pero ahí empezaron los problemas para el Pacto Histórico, pues la verdad es que la torta no alcanza para dar un buen pedazo a todos los que acompañarán al nuevo presidente.

Hasta ahora los más inconformes son los “amigos de Petro” desde sus tiempos en el asfalto, cuando no tenía poder y le tocaba pedalear solo todas sus iniciativas. Los amigos de los tiempos de las vacas flacas, entre ellos el también senador Gustavo Bolívar, hoy desplazado por el protagonismo de Barreras y sus nuevos aliados, consideran que deben tener una mayor participación en el nuevo gobierno. Más que puestos, piden una mayor interlocución con Petro y un trato más acorde con los sacrificios realizados antes del triunfo. Bolívar –por ejemplo– sacrificó su seguridad personal, la integridad de su familia y hasta su patrimonio.

El senador Bolívar considera –con razón– que si la idea es ofrecer un verdadero cambio en la forma de hacer política en Colombia, la persona menos indicada para encarnarlo es Roy Barreras, quien representa la vieja clase política con sus vicios, sus mañas y sus marrullerías. En otras palabras, para Bolívar, el senador Barreras significa todo lo que el Pacto Histórico combatió. Y no es el único: muchos de los “históricos” creen que Barreras y sus nuevos aliados están lejos de ser los agentes transformadores de la política en Colombia.

¿Qué va a pasar con el Pacto Histórico? ¿Se rompió su unidad? ¿Hay diferencias de fondo o es una “pelea” acordada entre amigos?

Gustavo Bolívar vs Roy Barreras, ¿quién logrará quedarse con Petro?

Gustavo Bolívar no es el único en el Pacto Histórico que considera que Roy Barreras y sus amigos no representan el cambio que Gustavo Petro ofreció en campaña. La gran mayoría de los 11.300.000 votantes de Petro piensan, como Bolívar, que Barreras encarna todo lo malo de la vieja clase política colombiana con sus vicios.

Aunque Barreras ha tenido un gran protagonismo en lo que tiene que ver con la implementación de los Acuerdos de Paz de La Habana –de hecho, recuperó las 16 curules de las víctimas del conflicto, mediante una acción de tutela– lo cierto es que su nombre está asociado con la corruptela de la politiquería nacional. Una politiquería a la que no le importa hacer lo que haya que hacer para “quemar” a sus contradictores y rivales políticos, como quedó reflejado en los tristemente célebres “Petrovideos”.

Barreras fue vargasllerista cuando le convenía ser vargasllerista, fue uribista cuando le convenía ser uribista, fue santista cuando le convenía ser santista y ahora es petrista porque le conviene ser petrista. En otras palabras, Barreras no es otra cosa que un gran oportunista de la política. Lo suyo no tiene nada que ver con principios, ni con coherencia, ni mucho menos con ideologías. Para decirlo sin rodeos: Roy Barreras encarna todo menos el cambio que Petro ofreció y que sus votantes esperan. Punto.

En ese sentido los reclamos de Bolívar y de los “petristas históricos” tienen fundamento. La política del “todo vale” –que sirve para ganar elecciones– no siempre funciona a la hora de gobernar. Mientras en la campaña se juega a destruir a los rivales, cuando se gobierna se deben tomar decisiones que promuevan la concordia entre todos los ciudadanos, incluyendo a quienes ni siquiera votaron por quien ganó.

¿Tiene Roy Barreras candidata a la Contraloría?

Un capítulo aparte de la confrontación entre Gustavo Bolívar y Roy Barreras tiene que ver con la escogencia del  nuevo Contralor General de la República. Bolívar sostiene que la lista de 10 aspirantes votada por los actuales congresistas carece de legitimidad y de legalidad.

Ellos incluye a María Fernanda Rangel, una de las integrantes de la lista. El senador Bolívar afirma que Rangel es ficha de Barreras para ser contralora, pues ella estuvo en Medellín en el encuentro de todos los congresistas elegidos del Pacto Histórico y que la llevó Barreras para que se entrevistara con sus futuros electores. Además, sostiene que Rangel es empleada de la Contraloría y por consiguiente es cuota del actual contralor Felipe Córdoba, funcionario que le genera enorme desconfianza al senador del Pacto Histórico.

Entre otras cosas, Bolívar cuestiona el papel de la Contraloría en el “robo de los 500.000 millones de pesos del Ocad Paz”. Barreras, por su parte, niega ser padrino de Rangel y sostiene que son “chismes” que le llevan a Bolívar a Miami. De cualquier manera, la lista de para escoger al nuevo contralor o contralora del país no es un asunto menor. Si la actual lista es cuestionada por ser “duquista”, es decir, amiga del presidente, el mismo cuestionamiento podría hacerse de una nueva lista petrista. O peor: “Roybarrerista”.

La maquinaria ya está instalada, ahora hay que aceitarla

El senador Roy Barreras cumplió a cabalidad con la primera misión asignada por el presidente electo, Gustavo Petro: garantizar no solo las mayorías parlamentarias, sino el control de las mesas directivas del Congreso. De esta forma, no existe el menor riesgo de que cualquier iniciativa sufra tropiezos en alguna comisión o inclusive en las plenarias. ¿A qué ritmo podría funcionar la maquinaria parlamentaria? Eso depende de la cantidad y la calidad del aceite que el nuevo gobierno le suministre.

El Pacto Histórico tendrá, por ejemplo, las presidencias de Senado y Cámara durante el primer año, que es donde se requiere la aplanadora bien aceitada. Las comisiones económicas también serán controladas por el Pacto Histórico, al igual que las de asuntos políticos y de justicia. Ya toda esa distribución y esa repartición se hizo y quien estuvo al frente de la operación fue el senador Barreras, convertido hoy por hoy en el “poder tras el trono” del nuevo gobierno.

“Roy Barreras se convertirá en el Diosdado Cabello de Petro. Así como en Venezuela para poder llegar donde Nicolás Maduro, primero hay que pasar por donde Diosdado, acá para poder llegar donde Petro primero tendremos que pasar por donde Roy”, me dijo un senador del partido de La U, otro “nuevo amigo” del gobierno entrante. ¿Hasta dónde llegará la influencia de Roy Barreras y hasta cuándo su poder? Eso solo se sabrá a partir del próximo 7 de agosto, cuando empiece el “cambio” ofrecido por Petro.

Y el gabinete petrista, ¿para cuándo?

Aunque en líneas generales el gabinete ministerial de Gustavo Petro ha tenido buen recibo, lo cierto es que dentro del “petrismo histórico” se esperaba un mayor protagonismo de quienes por años se dieron la pela por defender las ideas de la Colombia Humana, que derivó en el Pacto Histórico.

En otras palabras: a la izquierda democrática le hubiera gustado tener un mayor número de “compañeros” en el gabinete. Y lo cierto es que en dicho gabinete hay más samperismo y santismo que petrismo. Samperistas han sido Cecilia López (Agricultura) y José Antonio Ocampo (Hacienda), santista ha sido Alejandro Gaviria (Educación), conservador pastranista ha sido Álvaro Leyva (Relaciones Exteriores), petrista ha sido Carolina Corcho (Salud) y polista ha sido Patricia Ariza (Cultura).

Están por definirse varias carteras muy importantes, entre ellas las del Interior y Defensa, que se supone tampoco estarán en cabeza de dirigentes de izquierda. Es decir, este primer gabinete de Petro, por muchas razones –entre ellas la avanzada edad de varios ministros– no tendrá larga duración y podría considerarse de transición, a lo sumo algunos ministros podrían durar un año y medio, mientras sacan adelante las iniciativas más importantes en el Congreso.

Para cumplir con esa tarea, Petro requiere ministros más digeribles tanto por el Congreso como por la opinión pública. Ministros y ministras que no asusten tanto, como ocurre, por ejemplo, con la ministra Corcho, considerada de la línea dura del petrismo.

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