¿Es Irán una amenaza para Colombia?

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Por: Carlos Noriega

Aunque son varios los expertos que descartan a Irán como una amenaza real para el país, hechos como la cómoda relación con la dictadura venezolana, los principios ideológicos que siguen y su afán en destruir a los Estados Unidos -máximo aliado del país- son razones de peso para no bajar la guardia frente al mayor aliado de Estados totalitarios en occidente. 

El peor enemigo de mi mejor aliado

Una de las frases que mejor resume la política internacional y, la geopolítica en general, es que los países no tienen amigos sino intereses, máxima que sirve de base para comprender las acciones entre Estados y también el primer filtro para saber quién es o no aliado. Para el caso colombiano, es obvio que los Estados Unidos son un gran país aliado gracias a la enorme cantidad de intereses compartidos como la lucha contra el terrorismo y las drogas -ambos víctimas de estos flagelos-. 

Sin embargo, nada es tan simple y perfecto. El hecho de poseer a la máxima potencia de occidente -y una de las mas grandes del mundo- como principal aliado te anexa, quieras o no, en la lista de interés de todos los enemigos que dicho país tenga. Ejemplo sencillo de esta articulación se dio en la segunda guerra mundial, donde las relaciones diplomáticas terminaron en la consolidación de dos grandes bloques Los Aliados y Las Potencias del Eje.

Y esto es lo que sustenta, en primera, que Colombia no adquiera una posición tan pasiva frente a Irán. Es uno de los peores enemigos de nuestro mejor aliado y plantear, así sea por un segundo, que esto no nos puede afectar en ningún ámbito, es caer en una ingenuidad infantil. Está bien dudar en que Irán busque una confrontación por medio de las acciones bélicas o terroristas, pero nunca de las políticas y como lo había evidenciado antes, estas ya iniciaron:

https://twitter.com/ComunesCoL/status/1214198562407489538

 El mejor aliado de nuestro principal peligro fronterizo

La otra cara del punto anterior es que Irán posee estrechas relaciones con la dictadura venezolana que, aunque muchos lo quieran negar, es un peligro real y fuerte para la institucionalidad colombiana en general. Recordemos que la dictadura Chavista ha sido aliada activa de las guerrillas colombianas como las FARC y el ELN, mismas que han buscado por décadas el poder por medio de la violencia y el terrorismo. 

Y si los anterior no le parece suficiente, las discrepancias ideológicas son otro tema crucial en esta desventurada relación ya que, en esencia, los modelos de país y sociedad no solo son distintos sino fuertemente antagónicos. Lo que ha significado en el pasado la movilización de tropas hacia las fronteras como medidas de amedrentamiento derivado de esas discusiones ideológicas.

Por último, y no menos importante, está la facilidad de incubar redes de espionaje y saboteadores gracias a la diáspora creada por el fracaso económico. Como bien se demostró con el arresto de un espía Ruso causante de organizar y financiar a grupos delictivos durante el paro, Colombia ya es víctima de estos actos y, a diferencia del caso ruso, es casi imposible controlar el ingreso de estos grupos gracias al descontrol que existe en las fronteras terrestres.

En la búsqueda del totalitarismo

Algo que caracteriza esta tenebrosa alianza entre la izquierda latinoamericana con la teocracia iraní es su afinidad con el totalitarismo y el rechazo tajante hacia la libertad. En ambas naciones es más que evidente el gusto por aplicar herramientas represivas para mantener el control hegemónico del Estado para su beneficio.

En el caso de Venezuela, cualquier pensamiento político divergente a su denominado Socialismo del Siglo XXI es causal de arresto, tortura o muerte dependiendo de tu nivel de influencia social, mientras que en Irán cualquier actividad que vaya en contra de su dogma de fe es causal de las mismas consecuencias. 

Colombia, a pesar de ser una sociedad conservadora, posee ambas cosas que estos países detestan, una sociedad con diversidad de pensamiento político -de ahí el alto nivel de polarización- y alto grado de libertad individual y religiosa. En todo caso, más allá de nuestras alianzas, los cimientos sociales de Colombia constituyen una forma de vida amenazadora y hostil para los proyectos que ambos países poseen para la región.

Esto nos vuelve aún más importante en sus planes de expansión ideológica, y subrayo la palabra para evitar la desagradable confusión con un término militar. Si tomamos como base el modus operandi de espía ruso arrestado son las narrativas, la desinformación y el micro financiamiento de células aliadas el modus operandi de estos países para lograr sus objetivos. Y esto lo hacen sabiendo nuestra principal debilidad:

Las fronteras colombianas no son el borde del mundo

Lastimosamente los colombianos sufren de un mal que he denominado -a falta de un mejor nombre- el mal de la parcelita; este describe ese tóxico ensimismamiento sobre los asuntos nacionales combinado con la total desidia frente a lo que sucede en el mundo y sus efectos sobre nosotros. El nombre lo saco de ese clásico personaje rural que solo vela porque nadie cruce sin permiso las cercas de su parcela.

El sufrir este mal trae -como es de esperarse- graves consecuencias, por ejemplo, el no estar atento a las nuevas modalidades de intervencionismo que el mundo entero ya está denunciando, nos hace vulnerables. La desinformación es una de esas nuevas formas y ahí están las consecuencias de no estar al tanto, como sociedad, durante el Paro 2020. Debemos quitarnos ese vendaje narrativo de que Colombia es un país que no importa en la geopolítica y reconocer nuestro valor para identificar con claridad quién es sincero y quien tiene dobles intenciones.

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