El feminismo vacío de Irán

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Por: María Alejandra Ruiz Rodríguez.-

El mundo ha avanzado tanto que después de las sufragistas solo se han concedido más y más libertades a las mujeres. Hoy en día, una de las claras diferencias entre lo que conocemos como Oriente y Occidente, son precisamente esas libertades o la ausencia de ellas y, a pesar de que muchas veces esto último lo asociemos con los países de oriente, específicamente a los de fe musulmana que oprimen a la mujer, Irán se ha encargado de “exacerbar” lo que pareciera ser empoderamiento femenino.

Muy a pesar de muchos, no pretendo crear una columna con retórica feminista, sino más bien, un análisis del fenómeno de la relación de Irán con sus mujeres. ¿Es acaso el feminismo llegando tarde, como todo, a los países con sistemas autoritarios? O, simplemente, ¿un instrumento de soft power?

Cuando se produjo la Revolución Islámica en Irán en enero de 1978, para las mujeres iraníes era claro que se extinguían sus libertades con el sueño de volver a ver alguna vez a la democracia como sistema político en su país.

La misma revolución que prometía más escolarización para las mujeres, las esclavizaba poniendo trabas para aquellas que quisieran ser ingenieras –por ejemplo–, e impuso el uso obligatorio de ropa holgada y del velo o hiyab –a pesar de que en el Corán no haya referencia explícita al respecto–; y si bien muchas de las mujeres islámicas usan su velo como símbolo de fe, hay muchas otras que preferirían no hacerlo, pero esto no es una opción.

Se restringieron tantas libertades que fue denigrante, no únicamente para las mujeres por el simple hecho de serlo, sino para todos por pertenecer a la especie humana, que, como cualquier otra, busca su libertad.

En este orden de ideas es común que Irán no sea un referente en cuanto a empoderamiento femenino, precisamente gracias a las grandes concesiones otorgadas a las mujeres en este país, que brillan por su ausencia, tras el establecimiento de la República Islámica.

Sin embargo, a través del discurso político, el cual es un instrumento bastante poderoso, ellos buscan desesperadamente que eso cambie y quieren hacer creer al mundo que son dignos de admirar por sus cuestiones de paridad de género.

Uno de los ejemplo más claro de esta cuestión es que se encuentran efusivos políticos y embajadores iraníes celebrando a la Selección de Fútbol femenina de Irán, pese a que deben de jugar, por obligación, con el hiyab y con mangas largas para cubrir sus brazos y piernas, ya que de lo contrario, se enfrentarían a una pena de al menos 24 años de prisión.

Pues bien, se podría pensar a su vez que en Irán incentivan la saludable práctica del deporte, algo que, en verso, todos celebramos, más lo que no se ve es que, aunque el ingreso a los partidos de los varones por parte de las mujeres no está prohibido por ley, difícilmente se les permite asistir.

Y cuando se creía que no podrían ser más incoherentes al respecto, es común encontrar la forzada exaltación de mujeres en altos cargos, caso concreto, el de la delegada ante la Organización de Naciones Unidas para la comisión de armas biológicas, la cual aclama que países como Israel deberían “dejar de usarlas para su beneficio”; lo paradójico acá es que, según el Banco Mundial, y sabiéndolo por supuesto, cifras de 2019 indican que menos del 20% de la fuerza laboral en Irán es femenina.

Para nadie es un secreto que dentro de la política exterior de Irán se encuentra el convertirse en una potencia mundial, aunque para poder lograrlo la nación persa debe al menos empezar por ser una potencia regional; en su caso, en la región de Medio Oriente, se enfrenta, entre otros, a nada más y nada menos que a uno de los países más igualitarios en temas de género: Israel, en el cual, por ejemplo, es obligatorio que TODOS sus ciudadanos presten servicio militar, y aunque se podría pensar que este es un país que está occidentalizado, en muchos de los que son propiamente occidentales, este tema no se toma de manera tan igualitaria.

Teniendo en cuenta lo anterior, se podría también concluir que es evidente que la intención de Irán no es romper con los estereotipos que llevan encima los Estados confesionales musulmanes –cosa para nada sencilla, además–, tampoco darle más protagonismo a sus mujeres, ni mucho menos exaltar el papel de esta dentro de su sociedad.

Es indudable que ello hace parte de una campaña que está llevando a cabo Irán donde es más importante manejar una “buena imagen” ante la comunidad internacional, y la mejor forma de hacerlo es a través del poder del discurso político, valiéndose de temas que son considerados populares, por ejemplo, el “empoderamiento femenino”, o proyectándose como una nación igualitaria, algo que no se le puede negar, porque en Irán, como buen régimen autoritario, todos son igual de oprimidos en términos de libertades y derechos individuales.

La gran pregunta que queda es ¿si realmente le ha funcionado esta estrategia a Irán para acercarse al menos un poco a ser una potencial mundial? O como mínimo ¿una potencia regional secundaria?

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