La ley del Montes | ¡Nos vemos en la segunda…!

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POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

Cuando apenas falta una semana para la primera vuelta presidencial hay tres hechos notorios que llaman la atención. El primero es la irrupción con mucha fuerza del candidato Rodolfo Hernández, quien había mostrado un estancamiento después de las consultas interpartidistas del 13 de marzo. Hoy en algunas encuestas González se acerca a Fico Gutiérrez en el segundo lugar.

El segundo hecho notorio es la ratificación en todas las encuestas de la celebración de una segunda vuelta presidencial, el próximo 19 de junio. Es decir: ningún candidato está en capacidad de ganar en primera vuelta. La única posibilidad que existía era una “disparada” en las encuestas de Gustavo Petro, algo que nunca ocurrió. Petro tocó techo hace varias semanas y –por el contrario– lo que muestran las encuestas es un descenso en su respaldo. De hecho, en la más reciente de Invamer, el candidato del Pacto Histórico bajó tres puntos porcentuales, pues pasó de 43,6 por ciento de respaldo en abril a 40,6 por ciento en mayo. En febrero, había alcanzado el tope máximo de respaldo con un 44,6 por ciento de apoyo.

Y el tercer hecho notorio es el derrumbe de la candidatura de Sergio Fajardo, quien lucía como uno de los favoritos antes de que empezara la contienda electoral. En la encuesta de Invamer, por ejemplo, Fajardo pasó de un 18,9 por ciento de respaldo en noviembre del año pasado a un 5,1 por ciento en la más reciente de mayo. En marzo Fajardo fue el ganador –con algo más de 700.000 votos– de la consulta interpartidista menos votada, la de la Coalición Centro Esperanza.

Luego de su triunfo el ex alcalde de Medellín no logró darle el golpe de timón que la campaña necesitaba. Las disputas internas y el desgaste de su figura –y también de su discurso– terminaron pasándole una cuenta de cobro que lo tiene viviendo su peor momento desde que es aspirante presidencial. El desplome del candidato del centro es sin duda un hecho político que debe ser analizado a fondo, pues es ahí precisamente donde radica la fortaleza electoral de quien pretenda llegar a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto. En los votantes del centro –muchos de ellos indecisos en estos momentos– está el secreto del sucesor de Iván Duque en la Presidencia de la República a partir del próximo 7 de agosto.

¿Cómo están las cuentas ocho días antes de la primera vuelta presidencial? ¿Cómo sería la segunda vuelta y qué posibilidades de triunfo tienen los candidatos?

¿Qué será lo que tiene el “viejito” Rodolfo?

En un país que tiene en la corrupción su principal problema, donde todos los días hay un escándalo que involucra a funcionarios públicos y donde los niños se mueren de hambre porque la plata para darles alimentos se queda en los bolsillos de los bandidos, el candidato que diga que va a meter presos a todos los ladrones tiene grandes posibilidades de éxito. El ex alcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández lo dice todos los días y a toda hora.

De hecho, eso es lo único que se conoce de su “programa de gobierno”. En materia de lucha contra la corrupción, Rodolfo Hernández dice lo que la gente quiere oír: ¡que metan presos a todos los bandidos! ¿Por qué le creen? Porque de todos los candidatos con reales posibilidades de ganar es el único que no aparece en la foto acompañado de personajes cuestionados.

Todos los demás –menos Fajardo, pero no tiene posibilidades de ganar– tienen a su lado a más de un político investigado o señalado por corrupto. A pesar de que está siendo investigado por la Fiscalía por un caso de corrupción que ocurrió durante su administración como alcalde de Bucaramanga (contrato de Vitalogic, que tiene que ver con recolección de basuras, que nunca se ejecutó y en el que aparece involucrado su hijo, Luis Carlos Hernández), el discurso ramplón, populista y básico de Hernández contra la corrupción caló en un buen número de votantes, a los que con ver presos a los ladrones les basta.

Pero aunque el repunte de Rodolfo Hernández en las últimas semanas ha sido extraordinario, es muy difícil que solo el voto de opinión le alcance para ganar o pasar a segunda vuelta. Para ganar elecciones en Colombia es necesario movilizar la maquinaria. Sin maquinaria es muy difícil alcanzar triunfos electorales.

Las maquinarias –las mismas que movilizan tanto Petro como Fico, cuando llenan las plazas públicas– se hacen sentir el domingo de elecciones. Esas maquinarias no están con Hernández y en términos electorales esa es una debilidad.

 

Petro, ¿cambio en segunda?

El tristemente célebre video del alcalde sancionado de Medellín, Daniel Quintero, en el que anunciaba un “cambio en primera”, en alusión abierta y descarada a favor de Gustavo Petro, terminó por costarle la separación temporal del cargo por orden de la Procuraduría General. Y aunque desde el asfalto, Quintero y varios exmiembros de su gabinete siguen haciéndole campaña a Petro, todo parece indicar que el triunfo no será en primera vuelta, como anunciaba Quintero, ni tampoco está garantizado que sea en segunda.

Una de las mejores definiciones de Petro la hizo Felipe López Caballero en la Revista Semana: “Es un populista de izquierda, pseudointelectual, elocuente y sofista. No es un lobo con piel de oveja, sino un lobo con piel de lobo”.

Y es que casi todo el discurso de Petro –por no decir que todo su discurso– mete miedo no solo a los empresarios y a los industriales, sino también a una clase media que lucha por sacar adelante sus pequeños negocios, quienes lo único que necesitan es estabilidad y reglas de juego claras.

Igual piensan empleados del sector petrolero y carbonífero, cuyos días estarían contados en un eventual gobierno de Petro. Ninguno de ellos está preparado para temblores, ni mucho menos tsunamis económicos. El discurso de Francia Márquez, fórmula vicepresidencial de Petro, es menos tranquilizador. El temor de “un salto al vacío” durante un eventual gobierno de Petro y Márquez aterra a empresarios quienes, en algunos casos, aún teniendo poco, tienen mucho que perder.

 

Fico Gutiérrez, ¿qué tan costosa es la cuenta de cobro del continuismo?

Después de subir 18 puntos –entre febrero y abril– en intención de voto en la encuesta de Invamer, se pensaba que Fico Gutiérrez seguiría derecho hasta ganar en primera vuelta. No ocurrió así. Después de dar el extraordinario salto de 8,7 por ciento en febrero a 26,7 en abril, Fico Gutiérrez logró un 27,1 por ciento en mayo, es decir subió un punto.

¿Qué pasó? Luego de ganar la consulta de la coalición Equipo por Colombia, Fico Gutiérrez pasó a ser el candidato de la centro derecha, pero también el del “continuismo”, rótulo que le ha salido costoso, dado los precarios niveles de aprobación que tiene el presidente Iván Duque.

Ser el candidato de las maquinarias de los partidos tradicionales y además de un presidente con una desaprobación que ronda el 70 por ciento, es un piano muy pesado para cargar y esa factura la está pagando Fico Gutiérrez. Y aunque le ha marcado distancia al expresidente Uribe, la oposición no desaprovecha oportunidad para señalarlo de “uribista”, por su cercanía al expresidente desde su paso por la Alcaldía de Medellín.

El gran esfuerzo que deben hacer tanto Fico como quienes lo acompañan es pasar a la segunda vuelta, donde tendría que disputarle la Presidencia seguramente a Petro. Ahí se verá que pesa más en la Colombia de hoy: el antipetrismo, con todo lo que ello implica en materia de antichavismo; o el antifiquismo, con todo lo que ello implica en materia de antiduquismo y antiuribismo.

Sergio Fajardo, ¿qué pasó con el candidato del centro?

La gran pregunta de la actual campaña presidencial es: ¿qué pasó con Sergio Fajardo? El candidato de la Coalición Centro Esperanza tenía grandes posibilidades de llegar a la Casa de Nariño cuando empezó la contienda electoral.

Pero con el transcurso de la campaña sus posibilidades de triunfo se fueron diluyendo. La coalición política que se conformó para llevar al “centro” a la Presidencia, en medio de un país polarizado, estalló sin lograr siquiera consolidarse. Las peleas de Ingrid Betancourt con Alejandro Gaviria y de este con Jorge Enrique Robledo, entre otras, dejaron en evidencia que más que fisuras lo que había en realidad eran troneras entre los integrantes de la coalición. Luego Gustavo Petro y Rodolfo Hernández se quedaron con el discurso anticorrupción y Fajardo no supo reaccionar para recuperar una bandera que era suya.

El escándalo de Hidroituango lo “quemó”, por cuenta de una estrategia diseñada por una integrante del Pacto Histórico, quien alcanzó una curul en el Senado en marzo pasado. Fajardo tampoco supo capitalizar el hastío que siente la opinión pública por los partidos políticos tradicionales cuyo respaldo el alcalde de Medellín ha rechazado en múltiples oportunidades. Con un apoyo de apenas 5,1 por ciento en la más reciente encuesta de Invamer, el futuro de la candidatura de Fajardo luce desalentador.

El llamado “voto de opinión”, que ha sido su mayor fortaleza, podría migrar hacia Rodolfo Hernández y ello haría mucho más complicada la viabilidad de la candidatura de Fajardo.

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