La ley del Montes | ¿Giro en U?

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POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

Esta semana el partido de La U notificó en boca de su presidenta Dilian Francisca Toro que dará un giro muy importante en su orientación política. A partir del momento del anuncio se asume que La U ya no será más un partido de derecha y que ahora será de centro, según declaró la exsenadora en trance de precandidata presidencial.

Gracias a su vocación de “derecha”, el partido de La U llevó a la Casa de Nariño en dos oportunidades tanto a Álvaro Uribe, como a Juan Manuel Santos. Gracias a su vocación de derecha, La U se convirtió en una de las bancadas más numerosas e influyentes del Congreso. Por cuenta de ello todas las leyes que se tramitaron en los últimos veinte años contaron con el visto bueno de sus congresistas, incluyendo a quienes ahora –desde la izquierda– las repudian y señalan de ser las grandes causantes de la crisis nacional.

De manera que el giro hábil y estratégico de La U de la derecha al centro no obedece a razones ideológicas, sino oportunistas. Hoy es mucho más rentable, en términos electorales, mostrarse de centro que de derecha. Así lo indican las encuestas más recientes.

Pero que La U se mueva de la derecha al centro no significa que desaparezcan sus mañas y sus vicios, como quedó demostrado en varios hechos denunciados recientemente. En el primero de ellos el periodista Daniel Coronell reveló en la emisora La W que el partido de La U había ofrecido su aval a Ana Josefina ‘Any’ Ucrós en su aspiración al Senado. Ucrós es esposa del exsenador Eduardo Pulgar, uno de los mayores electores de La U en el Atlántico, quien aceptó cargos y fue condenado por la Corte Suprema de Justicia a 58 meses y 25 días efectivos de cárcel por “tráfico de influencias de servidor público en concurso heterogéneo con el delito de cohecho por ofrecer”. Su hermano –Rodolfo Ucrós– es el alcalde de Soledad, Atlántico.

Y aunque en entrevista concedida a Mañanas Blu, Toro negó dicho respaldo, un video dado a conocer en las últimas horas demuestra que –en efecto– la presidenta de La U aprueba sin lugar a equívocos la aspiración de Ucrós.

De igual manera también apoya al aspirante a la Cámara por el Magdalena, Franklin Lozano, otro personaje señalado de contar con el respaldo del condenado exsenador Pulgar. Dilian Francisca, como presidenta del partido de La U, también respalda en Córdoba a Julio Elías Vidal, hermano de Bernardo “Ñoño” Elías, preso por el escándalo de Odebrech, quien fuera uno de los mayores electores de Juan Manuel Santos, cuando aspiró a su reelección, precisamente a nombre del partido de La U. De manera que el comportamiento oportunista y politiquero de la presidenta del partido no tiene nada que ver con que La U sea de derecha o de centro.

¿O no es acaso oportunista ofrecerle la cabeza de la lista al Senado a la medallista olímpica Katherine Ibargüen, una de nuestras glorias deportivas? Y ello no tiene nada que ver con el hecho autónomo y libre de Ibargüen de haber aceptado la postulación. La campeona olímpica tiene absoluta libertad para aspirar a un cargo de elección popular por el partido político que a bien tenga. Ello no significa –sin embargo– que detrás del ofrecimiento haya un cálculo político y electorero que nada tiene que ver con la aspiración legítima de Ibargüen.

Pero hay más perlas relacionadas con el ahora partido de centro. El representante de ese partido Anatolio Hernández pasó del anonimato al desprestigio en cuestión de segundos. Su nombre quedó en la historia al preguntar en plena votación del Presupuesto General de la Nación: “¿cómo voto? ¿Cómo están votando?”. De esta forma, el 99 por ciento de los colombianos que no lo conocían quedaron enterados de la vida, obra y milagros de Anatolio.

¿Qué significa el giro en U del partido de La U? ¿Qué implicaciones tiene que La U ahora se defina como un partido de centro? Veamos:

Dilian Francisca Toro, con el pulgar arriba

La politiquería, corrupción y doble moral de sus dirigentes es la que ha llevado a los partidos políticos al desprestigio que hoy tienen. Y es la que tiene a millones de colombianos desencantados escuchando cantos de sirenas que nos podría llevar a una situación peor que la actual. Que Dilian Francisca Toro, presidenta del partido de La U, niegue que no respalda a la esposa de Eduardo Pulgar es no solo una mentira del tamaño de una catedral, sino también una enorme prueba de cinismo. Hay videos que demuestran de manera irrefutable el pleno respaldo de Toro a la señora del condenado exsenador Pulgar.

Es evidente que las conductas y las sanciones penales son personalísimas, pero ello no significa que los jefes políticos se presten para perpetuar las prácticas perversas y malsanas de quienes han llevado a la política al foso en que se encuentra.

¿Alguien duda que la elección de Any Ucrós al Congreso de la República significa reelegir a su esposo en cuerpo ajeno? ¿De qué sirve la pena impuesta al condenado exsenador Pulgar si la elección de su esposa le permitiría seguir cometiendo las mismas fechorías? Elegir corruptos –de La U o de cualquier otro partido, incluyendo a los corruptos de ayer que hoy dicen combatirla desde otras orillas– es perpetuar la corrupción. Punto.

El triple salto de Katherine Ibargüen

Katherine Ibargüen es la deportista más querida por los colombianos. Sus hazañas nos hicieron felices y llenaron de orgullo. Sus medallas olímpicas están guardadas en la memoria de todos nosotros. No obstante, su incursión en la política la ha hecho objeto de todo tipo de señalamientos y cuestionamientos en los últimos días.

En efecto, su decisión independiente y autónoma de aceptar el ofrecimiento de Dilian Francisca Toro de encabezar la lista al Senado por el partido de La U, la puso en el ojo del huracán de las redes sociales. Esa decisión desató la ira de quienes se creen con derecho de juzgar a quienes no piensan como ellos. En lugar de destrozar a Katherine, a quienes sí hay que juzgar es a aquellos que de forma oportunista y politiquera se aprovechan de figuras del arte o del deporte para tratar de lavar las caras sucias de los partidos políticos que dirigen. Katherine no es la primera. Ni será la última.

Por el Congreso han pasado figuras de la talla de María Isabel Urrutia y Willington Ortiz, entre otros, quienes llegaron con la ilusión de cambiar todo y salieron frustrados y aburridos por no lograr sus propósitos. Katherine Ibargüen, como todo colombiano, tiene el derecho a elegir y ser elegido. Esa es la esencia de la democracia. Su aspiración es legítima. Una vez en el Congreso tendremos que juzgarla o señalarla por su desempeño, antes no.

¡Anatolio, diga si…!

Anatolio Hernández Lozano es un representante a la Cámara al que muy pocos colombianos conocían. Aparte de las 2.338 personas que en el 2018 votaron por él en Guainía para que los representara a nombre del partido de La U, es muy probable que el resto de los colombianos desconociera la existencia de Anatolio. Pues bien: hoy casi todos sabemos quién es Anatolio, por cuenta de su participación en la Cámara de Representantes, durante la aprobación del Presupuesto General de la Nación del próximo año.

A la hora de votar el artículo 125 de la iniciativa –que modifica la Ley de Garantías– Anatolio preguntó con el micrófono abierto: “¿Cómo voto? ¿Cómo están votando?”. Pregunta a la que la presidenta de la Cámara, Jennifer Arias, respondió rauda: “Anatolio, vote si”. Orden que Anatolio respondió al pie de la letra. Aunque el voto de Anatolio no habría alterado el resultado final, pues 98 de sus colegas también habían votado que si, su comportamiento sumiso y obsecuente evidenció el comportamiento de uno de los integrantes del partido de La U. Anatolio hace parte de la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes, que se encarga de la Relaciones Internacionales.

Además, integra la Comisión de Ética de la Cámara. Luego de ver su comportamiento durante la votación de una de las leyes más importantes tramitadas por el Congreso, la pregunta es: ¿tiene Anatolio las calidades para ocupar ese cargo? ¿Está preparado para ello? ¿Cumple con los requisitos mínimos para desempeñar sus funciones con eficiencia y probidad?

¿Todo vale en la búsqueda de votos?

La feria de avales que se avecina y la caza de figuras públicas que se ha desatado en la búsqueda de la mayor cantidad de votos con miras a las elecciones del próximo año, prueban que se requiere una reforma urgente por parte de los partidos y movimientos políticos, pero también de una mayor y mejor pedagogía por parte de los electores. Como vamos, vamos mal. No es así como se optimiza la conformación del Congreso de la República. No es un asunto de cantidad, sino de calidad.

Tampoco se trata de llenar las curules con profesionales con múltiples especializaciones y doctorados, puesto que de nada sirven esos títulos si quienes los ostentan son corruptos. Punto. Una figura pública –sea artista, influencers o deportista– puede garantizar votos, pero no garantiza –necesariamente– un mejor Congreso. Garantiza –eso si– más de lo mismo, pero con otros rostros.

No es otra cosa que un simple: ¡quítate tú, pa’ ponerme yo”. En esa pesca de votos caen todos los partidos. Ninguno se salva. Hasta aquellos que se dicen impolutos y que hoy señalan de corruptos a los demás están repletos de politiqueros de baja estofa. Es hora de que los votantes –todos– seamos mucho más exigentes con quienes aspiran a representarnos en el Congreso. Para ello es necesario fomentar la saña crítica y elevar el nivel del debate electoral.

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