Otoniel

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Por Augusto León Restrepo

BOGOTA, 24 de octubre,2021_ RAM_ Celebramos el desenlace de la operación Agamenón, de la operación Osiris, como la quieran llamar, que culminó con la captura de Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel, uno de los bandidos más violentos y poderosos de Colombia en toda su historia. Su detención es un éxito del gobierno de Iván Duque Márquez, cuyo regocijo es explicable y desde luego, verdad de Perogrullo, de las fuerzas militares del Estado, de la Policía Nacional, de la Armada, todos a una, con la ayuda reconocida de asesores de Estados Unidos y de la Gran Bretaña. El apresamiento de Úsuga, sin francotiradores ni órdenes de darlo de baja a como diera lugar, sí que es importante. A través de los largos procesos de juzgamiento que vienen, tendremos oportunidad, esperamos, de conocer la historia de la violencia ubicada en el norte del país a través del denominado clan del Golfo, pero que, según fuentes conocidas, extiende sus tentáculos a veinticinco departamentos del país. Le dieron en la cabeza a la culebra, pero seguirá con vida propia, por pedacitos, el resto de su cuerpo, quien sabe por cuantos años más.

El golpe contra Otoniel, de 50 años de edad, lo han comparado, por su importancia y consecuencias, de tanta trascendencia, como lo fue haber dado de baja el 2 de diciembre de 1993, a sus 44 años, a Pablo Emilio Escobar Gaviria, en el gobierno de César Augusto Gaviria Trujillo (1990-1994), o con la de Guillermo León Cano, Alfonso Cano, jefe de las Farc, el 4 de noviembre del 2011, 63 años, en el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018). El hilo conductor de esos hechos es el vínculo de sus actores con el narcotráfico, camuflado de presuntas luchas políticas contra el Estado. Escobar se infiltró en las instituciones. Fue congresista y quiso armar el partido de los extraditables. Las Farc terminaron como narcotraficantes, y el narcotraficante mayor lo es Dairo Antonio Úsuga. Con el agregado de que éste último tiene en su biografía el haber militado inicialmente en el movimiento guerrillero Ejército Popular de Liberación (EPL), después hizo parte de las Farc y luego, como el mejor de los trapecistas, terminó brincando a las huestes de las Autodefensas Unidas de Colombia. ¡Tremendo angelito ¡

Y narcotraficantes son las disidencias de las Farc, los retoños del paramilitarismo y toda clase de ejércitos irregulares y bacrimes que siembran el terror y la muerte en los campos colombianos. El ELN, en el supuesto de que aún tenga aspiraciones de refundar el Estado, también se nutre del narcotráfico para mantener a sus tropas. El entramado demoníaco es el del comercio de las drogas, comercio que los Estados Unidos lo consideran como un ataque a su seguridad nacional. Pero con víctimas colombianas, eso sí. Ojalá se sepa hasta donde llegó la influencia de los extranjeros en el éxito de la operación Osiris. El que lo entendió lo entendió.

Politólogos, políticos, académicos, se deben estar haciendo agua la boca, para derramarse en prosa sobre las implicaciones de este acontecimiento. Que levanta la moral desde luego, de las descaecidas Fuerzas Armadas de Colombia y su inteligencia y que recibe los aplausos unánimes de los colombianos. Y que llama la atención una vez más, sobre que la verdadera tragedia nuestra es el narcotráfico y que se deben revisar en el plano internacional las estrategias de la lucha contra este flagelo, en el que la única interesada para terminarlo no debe ser solo Colombia.

Los entendidos que examinan a primera vista este episodio, advierten que el tal clan del golfo no termina con la detención de su líder. Que es posible que se reorganice y cometa actos de retaliación por la suerte que se le espera. Gustavo Duncan un Profesor de la Universidad Eafit de Medellín, ha expresado lo que nosotros consideramos más cerca de la realidad: «Lo que pase lo veremos en el camino, hay demasiadas preguntas sobre si es capaz de seguir (el clan del golfo), quien tomará el control, si se fragmentará…no sabemos tanto del clan, de su articulación y coordinación, como para adelantarlo», puntualizó. Sea lo que sea, se siente cierto fresquito en el enrarecido aire de nuestro país.

Post scriptum: la muerte de Jaime Ocampo Charry , acaecida en Manizales el lunes inmediatamente anterior, nos ha conmovido. Compañero de la promoción de bachilleres de 1958 del Colegio de Nuestra Señora de Manizales, era nuestro cónsul reconocido en esa ciudad. Cada cinco años, Jaime se convertía en nuestro obligado, generoso y festivo anfitrión, que hacía gratos y emotivos nuestros encuentros para reafirmar la amistad y el afecto. Lo vamos a extrañar. Para Hilda, los hijos y para nosotros, su memoria será imborrable. Recordaremos tu alegría, tu preocupación por tus compañeros y tu jubilosa necedad de niño, que nunca corregiste. Hasta luego, hombre Jaime.

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