El ‘rufián del barrio’ y el ‘amante político’

Por Óscar Montes
@leydelmontes

Como si se tratara de uno de esos matrimonios condenados a fracasar por lo que se conoce como ‘incompatibilidad de caracteres’, la relación política entre el presidente Juan Manuel Santos y su antecesor Álvaro Uribe Vélez tenía sus días contados casi que desde el mismo instante en que Santos llegó a la Casa de Nariño para anunciar su nuevo gabinete y hacer público que Hugo Chávez sería su nuevo mejor amigo.

Ni lo uno ni lo otro fue de buen recibo por parte de Uribe, quien debió tragarse el sapo de ver en el gabinete de su sucesor y su protegido político nombres como los de Germán Vargas Lleras y Juan Camilo Restrepo, así como tener que enterarse por los medios de comunicación que su más grande enemigo político pasaba a ser el mejor aliado del nuevo gobierno.

No obstante, ese gesto poco amistoso de Santos para con Uribe fue interpretado por un buen número de colombianos como una saludable muestra de independencia política que bastante falta estaba haciendo después de ocho años de unanimismo uribista.

Uribe, sin embargo, interpretó esa decisión como un grito de guerra y empezó también a ‘trinar’ todos los días contra el nuevo Presidente, a quien empezó a llamar “derrochador” y “débil con los terroristas”. Tratando de no confrontar a uno de los expresidentes más populares del país, Santos se refugió en el mantra de “no peleo con Uribe, no peleo con Uribe…”, hasta que el pasado domingo la situación entre ambos llegó al punto de no retorno.

El domingo los colombianos asistimos al triste espectáculo de un expresidente que pasó cuentas de cobro de todo lo que, según él, su sucesor ha dejado de hacer o ha hecho mal, mientras que a este no le tembló la voz para llamarlo “rufián de barrio” y amigo de guardar puñales “debajo del poncho”.

Lo que ha venido sucediendo desde el pasado domingo es una especie de guerra campal entre santistas y uribistas por ver quién tiene la razón y quién se queda con el control del Partido de la U y con los otros que integran la Mesa de Unidad Nacional, entre ellos el conservatismo y el Partido Liberal, a quien Roy Barreras llamó la “amante política del Presidente”, por aquello de haberle ofrecido que fuera el jefe natural de la colectividad.

La U: ¿bases uribistas y cúpula santista?

La asamblea del partido de La U del pasado domingo fue el escenario para que los jefes naturales de la colectividad rompieran cobijas de manera definitiva, algo que tampoco sorprendió a quienes conocen la letra menuda de lo que acontece en el partido de gobierno.

De hecho, en estas mismas páginas me había ocupado del asunto y había vaticinado no solo que la distancia entre Santos y Uribe era cada día más grande, sino que el divorcio político de la pareja era inminente. Es por ello que lo que llamó la atención del domingo no fue lo que dijo Santos de Uribe ni lo que dijo Uribe de Santos, sino el tono y la forma en que lo dijeron.

Llamar a un ex Presidente de la República “rufián de barrio” o señalarlo de guardar puñales debajo del poncho, no se compadece ni de la investidura de quien lo dice ni tampoco de quien es blanco de esos términos desobligantes y groseros.

El gran damnificado de la confrontación Santos-Uribe es, sin duda, el partido de la U, que, como muy bien lo expresó el senador Armando Benedetti, se encuentra como el hijo de padres separados, que no sabe con quién se va a quedar.

De hecho, una de las tareas que quedaron pendientes el domingo pasado fue la elección del nuevo presidente del Partido. Es indudable que La U quedó fracturada, pues el sentimiento del partido es uribista -sobre todo en materia de lucha contra las Farc- pero sus directivas respaldan al presidente Santos.

A ello se suma el hecho de que el partido se encuentra envuelto en una difícil situación por cuenta de que algunos de sus miembros, como el exsenador Eduardo Merlano, perdieron su investidura, mientras que otros están siendo investigados por la Procuraduría por corrupción, o por la Corte Suprema por supuestos vínculos con grupos paramilitares.

¿Es Santos el jefe natural del Partido Liberal?

La petición del representante a la Cámara Simón Gaviria al presidente Juan Manuel Santos de que sea el jefe natural del Partido Liberal produjo una fuerte respuesta por parte de Roy Barreras, presidente del Senado, a nombre de la U, quien se refirió al Partido Liberal como “la amante política de Santos”.

Ello para significar que Santos tiene un partido, que no solo fundó, junto con el expresidente Uribe, sino que lo ha respaldado desde que ocupa la Presidencia de la República. Si de buscar jefes naturales se trata, hay que decir que el jefe natural del Partido tendría que ser su último candidato presidencial, que no es otro que el actual ministro de Trabajo, Rafael Pardo.

El otro jefe natural es el expresidente César Gaviria, el último mandatario que llegó a la Casa de Nariño con el rótulo de candidato oficial del liberalismo. Como se sabe, Álvaro Uribe -siendo de origen liberal- fue aspirante disidente y se enfrentó y derrotó al candidato de ese partido, Horacio Serpa.

Los vínculos de Santos con esa colectividad son históricos, pues fue Ministro y Designado a nombre de ese partido. Además, el pasado domingo Santos dijo ante los asistentes a la asamblea que asistía orgulloso a la reunión de “mi partido”, aunque siempre ha reconocido públicamente su talante y origen liberal.

¿Qué pasará con el Puro Centro Democrático, creado por Uribe?

Cuando Álvaro Uribe fundó el Puro Centro Democrático, al lado del exministro Fernando Londoño Hoyos y su exasesor José Obdulio Gaviria, se pensó que el ex Presidente encontraría ahí la mejor plataforma para mantener vigente sus propuestas políticas.

El Puro Centro Democrático nació, precisamente, como una respuesta a la incomprensión que -según Uribe y los uribistas- empezaba a vivir dentro de varios partidos que hacen parte de la Unidad Nacional, entre ellos el propio Partido de la U. No obstante, en esa oportunidad Uribe se cuidó de no romper los puentes afectivos e ideológicos que lo unen a las bases del Partido de la U, ni mucho menos los lazos que mantiene con el Partido Conservador, con quien sostiene una estrecha relación desde su primera campaña presidencial.

Es por ello que la creación del Puro Centro fue interpretada como la respuesta uribista a la cúpula de la U, concretamente a la mayoría de los parlamentarios que decidió “traicionarlo” y quedarse al lado de Santos. De hecho, en el Senado el único aliado incondicional que tiene el ex Presidente es Juan Carlos Vélez, quien, incluso, ha dicho en varias oportunidades que si esa colectividad no apoya a Uribe, él se retiraría del Partido.

La presencia de Uribe en la asamblea de la U, semanas después de haber montado rancho aparte, sorprendió a varios de los militantes de dicho partido. “Quien se fue de la U, al crear el Puro Centro Democrático fue Uribe, cuando aquí decidimos respaldar al presidente Santos”, me dijo un senador de ese partido, quien cree que la única salida que tiene la crisis hoy es que Uribe se quede con el Puro Centro Democrático y la U mantenga el respaldo a Santos.

El divorcio Santos-Uribe tendrá efectos en 2014

El divorcio político de Santos y Uribe tendrá graves consecuencias para la Unidad Nacional de cara a las elecciones presidenciales de 2014. Aunque el presidente Santos ha subido en las últimas semanas en las encuestas debido, fundamentalmente, al anuncio de los diálogos de paz con las Farc, aún no tiene el respaldo mayoritario que requiere para aspirar a la reelección, pues algo más del 50 por ciento de aprobación no garantiza su triunfo.

Pero Uribe tampoco la tiene fácil ya que el Puro Centro Democrático es tan solo una plataforma ideológica y no un movimiento o partido político con la infraestructura y la logística que requiere este tipo de asociaciones partidistas. En otras palabras, Uribe encuentra en la U lo que no tiene en el Puro Centro Democrático y por ello insiste en darle la pelea a Santos desde las entrañas de la U.

Aunque la política es dinámica, como dijo el exministro Sabas Pretelt, en las actuales circunstancias es muy difícil que Santos y Uribe fumen la pipa de la paz, no solo por lo que se han dicho, sino porque es evidente que sus diferencias son cada día más grandes.

 

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