En manos de las bacrim

Por Óscar Montes

Como si se tratara de una mancha macabra y contagiosa que viene extendiéndose desde La Guajira, que ya llegó a Magdalena y Atlántico y que seguramente seguirá su camino hacia los demás departamentos de la Región Caribe, los actos terroristas de las denominadas bandas criminales –bacrim– tienen azotados a la población civil, sin que hasta el momento ninguna autoridad haya decidido ponerle coto. Primero fue Riohacha el epicentro de acciones con granadas, luego Maicao y el miércoles pasado el turno fue para Santa Marta, donde murieron tres personas, entre ellas una menor, y en Juan de Acosta, donde la explosión de una granada produjo daños materiales.

Lo que llama la atención es la impunidad con que vienen actuando los terroristas, pues hasta el momento poco o nada se sabe de los autores de los atentados. Entre la información fragmentaria que se ha conocido está que, en el caso de Santa Marta, el ataque fue cometido por la banda Los Urabeños, que desde hace varios años hostiga a los comerciantes de la capital del Magdalena, quienes han quedado aprisionados por el dilema maldito de o pagan las extorsiones o son blanco de las granadas arrojadas por los bandidos. Los que pagan pueden “trabajar tranquilos” y los que no, ya saben a qué atenerse.

El caso de Juan de Acosta tendría los mismos móviles: bandas criminales extorsionando y atentando contra todos aquellos que se resistan a pagar la ‘vacuna’. Nada de ello es nuevo. De hecho, aquí mismo en estas páginas me he ocupado del asunto diciendo que, mientras las cifras de secuestros descienden en el resto del país, en la Región Caribe se incrementan las estadísticas sobre personas extorsionadas. Llama la atención que, pese a la gravedad del fenómeno, las autoridades siguen sin mostrar resultados contundentes en ese frente. ¿Quiénes son los tristemente célebres Urabeños? ¿Quiénes son sus cabecillas? ¿Dónde operan? ¿Cuántos de ellos han sido capturados? En fin, es necesario que la ciudadanía reciba reportes serios y concretos sobre los golpes propinados a esas organizaciones criminales, pues comienza a hacer carrera la tesis de que las ciudades de la Región están a merced de las bacrim.

En el caso de Barranquilla, por ejemplo, hace algunos meses un grupo de comerciantes de la ciudad denunció que estaban siendo extorsionados, y tampoco pasó nada. ¿Qué respuesta recibieron? ¿Qué medidas adoptaron las autoridades?

La situación que se está presentando en la Costa con las bacrim estaba cantada desde el momento mismo en que se desmovilizaron los grupos paramilitares que operaban en la Región, pues no todos los que abandonaron las armas tuvieron el firme propósito de reinsertarse a la sociedad. Todo lo contrario: muchos de ellos encontraron en la creación de bandas criminales la vía más expedita para seguir dedicados a sus actividades lucrativas, como el cobro de extorsiones y el narcotráfico, que son, hoy por hoy, los motivos por los cuales están enfrentados a muerte Los Urabeños, Los Rastrojos y Los Paisas.

Pero lo grave con las bacrim no es lo que ha pasado y sigue pasando, sino lo que puede pasar en caso de que Juan Manuel Santos firme la paz con las Farc, pues se podría repetir exactamente el mismo fenómeno que hoy estamos padeciendo. Es decir, en lugar de tener bandas criminales de ultraderecha armadas, las tendremos también de ultraizquierda armadas. El caos total.

De manera que, en el caso de las bacrim que nos tienen azotados, ya es hora de que dichas bandas empiecen a sentir el peso de la Ley y el rigor de una persecución implacable por parte de las autoridades, que -repito- no se han visto. Esa es la única forma de enfrentar y vencer a los criminales. A ese grave asunto no se le puede seguir dando más largas y tratándolo con paños tibios. ¿Será mucho pedir?


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