La ley del Montes | Las verdades del general Mora

POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

Cuatro años después de haber sido firmado, el Acuerdo de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc sigue siendo objeto de agudas controversias y duros cuestionamientos.

El Centro Democrático, en cabeza de su jefe natural el expresidente Álvaro Uribe, promueve un referendo que tiene como columna vertebral derogar la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), la figura más importante que nació de dicha negociación.

El prestigioso periódico estadounidense The New York Times publicó un extenso artículo en el que cuestionó los más recientes premios Nobel de Paz, entre ellos el que recibió Santos en 2016, luego de haber firmado la paz con las Farc.

“El premio fue anunciado pocos días después de que los colombianos rechazaran por poco el Acuerdo de Paz en un referéndum, una profunda vergüenza para Santos. Si bien finalmente se impulsó un acuerdo de paz, los acontecimientos recientes sugieren que una vez más el país está entrando en conflicto”, dice The New York Times en su artículo.

El propio Santos también se ocupó del asunto esta semana. En carta que envió a Rodrigo Londoño ‘Timochenko’, quien había pedido un mayor respaldo a lo pactado en La Habana, Santos no solo ponderó los logros del acuerdo de paz, sino que afirmó que los mismos están “blindados” y no son derogables, incluyendo la JEP.

Pero sin duda el más duro, demoledor y contundente cuestionamiento al proceso de paz con las Farc provino de quien se desempeñó como uno de los negociadores plenipotenciarios del gobierno de Santos en La Habana, el general retirado Jorge Enrique Mora Rangel, ex comandante del Ejército y de las Fuerzas Militares, uno de los altos oficiales que ha tenido el país con mayor influencia dentro de la tropa.

“En ninguno de los procesos de paz de los anteriores gobiernos se negociaron las instituciones: en La Habana si se cometió ese error mortal”, afirmó de manera categórica el general Mora en un foro organizado por la Universidad Militar de Bogotá, que tenía como propósito analizar los aciertos y desaciertos de la negociación con las Farc en La Habana, cuatro años después de su firma.

“El proceso de paz de La Habana –dijo Mora– es el causante de lo que nos divide a los colombianos”.

La tesis planteada por el general Mora se fundamenta en una premisa: el objetivo de Santos fue el de sacar adelante una negociación de paz con las Farc, no el de fortalecer las instituciones democráticas, que debería ser el propósito de toda negociación con un grupo armado ilegal. “En ninguna negociación de paz se negocian las instituciones”, me dijo un asesor del equipo negociador con quien hablé sobre las razones que habría tenido el general Mora para “despacharse”, cuatro años después, contra la paz de Santos.

“El general Mora –me dijo la fuente que me pidió la reserva absoluta de su identidad– siempre fue muy crítico de lo que se estaba negociando en La Habana, como bien le consta a Humberto De la Calle, jefe del equipo negociador. En tres o cuatro oportunidades el General puso a disposición de la mesa su renuncia por no estar de acuerdo con lo que se estaba negociando”.

De manera que las duras declaraciones del ex comandante del Ejército y de las Fuerzas Militares no causaron en los integrantes del equipo negociador de La Habana la sorpresa que produjeron en un amplio sector de la opinión pública, puesto que conocían la postura del general Mora sobre ciertos asuntos trascendentales y delicados, entre ellos la creación y conformación de la JEP.

“Se nombraron a unas personas para que seleccionaran a unos magistrados y cuando uno ve las personas que seleccionaron y a los magistrados encuentra una constante de una gran presencia de carácter ideológico en los seleccionadores y en los magistrados”, sostuvo Mora a propósito de la confirmación tanto de la JEP como de la Comisión de la Verdad.

Aunque el ex comandante de las Fuerzas Militares fue muy crítico con las Farc, de las que sostuvo que hoy no reconocen ninguno de los delitos que cometieron, la munición más gruesa la dispara contra el gobierno de Santos, al que señaló de haber entregado las instituciones del Estado. “Si uno hoy observa una reforma al sistema electoral colombiano –afirmó el general Mora– ahí están las Farc. Si se va a reformar el sistema político colombiano, ahí están las Farc. Hoy las Farc son parte de los equipos en los que se toman decisiones por parte del Gobierno”.

¿Qué alcance tienen los duros cuestionamientos del general Mora a la negociación de paz con las Farc? ¿Volverá la paz a ser bandera electoral en 2022?

Un “general tropero” en la mesa de La Habana

La designación en 2012 del general Jorge Enrique Mora Rangel como integrante del equipo negociador del gobierno de Juan Manuel Santos en La Habana causó gran sorpresa, tanto en la opinión pública como en las propias tropas. Con una trayectoria de más de 35 años dentro del Ejército, donde llegó a ser su máximo comandante, así como de las Fuerzas Militares, el general Mora se ganó el respeto y la admiración de todos los soldados, suboficiales y oficiales del país. En su vida como alto oficial activo fue conocido como un “tropero”; es decir un oficial que prefería compartir con la tropa y estar en zonas de combate en lugar de permanecer en un cómodo escritorio en Bogotá. Su designación por parte de Santos fue un golpe de opinión que ayudó a bajarle los decibeles a la inconformidad que mostraba un sector del Ejército Nacional, que consideraba que en La Habana “se entregaría el país a la guerrilla”. El nombre del general Mora neutralizó ese malestar. Estando Mora en la mesa de La Habana la tropa podía dormir tranquila. Mora fue protagonista de primer nivel cuando en su calidad de Comandante del Ejército enfrentó duramente a Víctor G. Ricardo, entonces comisionado de paz de Andrés Pastrana, durante la negociación del Caguán. La férrea oposición del general Mora impidió la “ocupación” del Batallón Cazadores en San Vicente del Caguán por parte de las Farc. Mora llegó a La Habana precedido de una muy buena reputación como un “oficial guerrero”, como en su momento lo reconocieron los negociadores de las Farc.

General Mora, ¿qué pasó en La Habana?

Mientras estuvo en La Habana el general Mora se comportó con absoluta prudencia y respeto tanto hacia el presidente Santos, como hacía Humberto De la Calle. No obstante, ello no significaba que fuera un convidado de piedra o que estuviera de acuerdo con todo lo que se estaba negociando. Sus observaciones las hizo con respeto y cuando consideró que las concesiones a las Farc eran demasiadas, entonces presentó su carta de renuncia, no una sino tres veces. ¿Por qué siguió en La Habana si no estaba de acuerdo con lo que se estaba acordando con las Farc? Esa es la pregunta que muchos colombianos le hacen al general Mora y que él tendrá que responder en su momento. Pero lo que no se le puede reprochar al general Mora es que ahora cuestione y critique todo aquello con lo que no estuvo de acuerdo en La Habana. Pretender que el general Mora siga guardando silencio ante lo que él considera una entrega de las instituciones a las Farc -como quiere el senador Roy Barreras- es desconocer no solo su trayectoria, sino su enorme influencia ante los soldados de la Patria. Que hable, pues, el general Mora y que le diga al país todas las verdades que conoció y guardó mientras estuvo en La Habana. El país necesita saber esa verdad.

¿Volverá a jugar la paz en las elecciones?

La negociación con las Farc volverá a ser protagonista de las elecciones presidenciales de 2022, como lo fue en 2018. De hecho, los movimientos políticos que se han presentado en las últimas semanas apuntan a posicionar candidatos y agendas para la próxima confrontación presidencial. Existe la conformación de dos grandes bloques: uno que cuestiona duramente los acuerdos y sus resultados, hasta el punto de promover un referendo para reformar –¿acabar?– con la JEP, encabezado por el ex presidente Álvaro Uribe; y otro que apunta a la defensa de los acuerdos de La Habana, encabezado por Gustavo Petro, al que se sumarían, entre otros, los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti, expulsados del partido de La U, quienes han sido vehementes defensores de la negociación con las Farc. Tanto Barreras como Benedetti tuvieron activa militancia en el uribismo en tiempos de Uribe, luego en el santismo en tiempos de Santos, como parlamentarios del partido de La U; y ahora pasarían, uno a las filas del petrismo (Benedetti) y el otro a lo que se empieza a llamar Liberalismo Social Demócrata (LSD). La pregunta que surge con la conformación de estos dos grandes bloques es: ¿Qué papel jugará el “centro” de Sergio Fajardo, quien fustiga a Uribe y no quiere contarse con Petro?

¿Se puede o no se puede derogar la JEP?

Ante las inquietudes planteadas por Rodrigo Londoño ‘Timochenko’ acerca del futuro de los acuerdos de paz, el ex presidente Santos le respondió que “entiendo su preocupación por los proyectos de referendo o de ley que pretenden hacer trizas los acuerdos de paz, mediante la derogatoria de la JEP. Yo no me preocuparía tanto porque ni los acuerdos ni la JEP (qué forma parte de ellos) son derogables. Es un imposible categórico político y jurídico. La palomita de la paz quedó blindada”, respondió Santos a Timochenko en una carta de tres páginas. Pese a ello, el referendo que promueve el Centro Democrático, con Álvaro Uribe a la cabeza, apunta a derogar la JEP y a llevar a cabo una reforma estructural a la Justicia, que ponga fin a la proliferación de altas cortes, entre otros puntos. La falta de garantías y la supuesta parcialidad a favor de las Farc, en el caso de la JEP, son dos de los motivos que aducen quienes pretenden derogar la Jurisdicción Especial de Paz, nacida de los acuerdos de La Habana. Así las cosas, los acuerdos de La Habana serán de nuevo bandera electoral en el 2022, cuando se elija al sucesor de Iván Duque, quien como candidato ofreció derogar la JEP, promesa que un influyente sector del uribismo le sigue cobrando.

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