El Estado de bienestar

Por: Andrés Castañeda **

Estoy indignado. Realmente lo estoy. Los acontecimientos que han ocurrido en los últimos días dejan mucho que desear de la manera como está andando el país. ¿Cómo se atreve la justicia a pedir a Corte Penal Internacional que se investigue al excelentísimo doctor, Belisario Betancur? ¿Con qué moral?

Y es que cuando en este país dejó de hablarse de moral, la sociedad se vino al piso. Hoy vemos andar campantes por la calle a hombres de cabello largo y debemos escuchar, según la constitución comunista de 1991, surgida tras el movimiento guerrillero-estudiantil de la Séptima Papeleta, la opinión de las mujeres, aún cuando los hombres de bien saben perfectamente que ellas deberían estar relegadas a formar a los futuros próceres de la patria.

¿Con que derecho se juzga a este magnánimo estadista? ¿Por qué motivo se condena a hombre tan virtuoso como Plazas, que de manera ejemplar, ejerció su labor como verdugo de la amenaza socialista?

Es que no puedo concebirlo, ustedes me perdonarán. No me cabe en la cabeza que se ataque un hombre que ejerza el derecho y el deber, como ejemplo social, de utilizar arbitrariamente la fuerza pública para reprimir todas las actuaciones contra el estado de bienestar, que se hable mal de un hombre que haga uso de la violencia legítima de Estado a que todo dirigente de una dedocracia decente tiene derecho para proteger y salvaguardar sus propios intereses.

¿Qué son acaso 11 desaparecidos? 11 personas insignificantes, 11 pelafustanes que, muy seguramente eran aliados de los terroristas del M-19, si los hombres de bien pudieron, a pesar de todos sus esfuerzos, seguir disfrutando de las comodidades en sus mansiones, a costa del sufrimiento de unos cuantos millones de colombianos que deben sacrificar, como deber de patria, su dignidad para que los políticos maquiavelos y sus delfines puedan dirigir hoy y siempre los destino de esta nación.

Solamente faltaría, para complacer los intereses de la enferma izquierda colombiana, que también se investigara a Noemí Sanín, por haber ordenado la transmisión de un partido de fútbol, para que el ejército pudiera hacer de las suyas en el Palacio, para que de esta manera, pudiera apaciguarse las mentes inquietas que en mala hora no han podido ser exterminadas.

No tardaran en pedir a la Corte Penal Internacional que se investigue también al excelentísimo doctor Juan Manuel Santos, iluminado de Dios, por ese pequeño e insignificante asunto de los falsos positivos que desafortunadamente no pudo mantenerse en secreto, como había logrado hacerse. Si los falsos positivos fueron de gran ayuda para disminuir la pobreza y el desempleo: solamente fueron asesinados hombres pobres y sin empleo, ¡hombres sin oportunidad alguna en la vida! Por Dios señores lectores, eso está claro.

Belisario Betancur, y la cúpula militar de aquella época de oro de mi querida patria, simplemente utilizaron la violencia legítima del gobierno para oprimir y callar todo aquello que no les convenía fuera escuchado por el vulgo y la población militante de la izquierda más paupérrima, ¿Es que no lo comprenden, ustedes, señores lectores, hombres de bien? Eso hace un gran estadista.

Lo reafirmo: Estoy indignado por la autonomía de la justicia y por la memoria histórica de muchas personas, y mi llamado es para que la justicia colombiana, sea lo que siempre ha sido: una puerta falsa pintada en la pared, que todo el mundo sabe que está ahí, pero que nadie utiliza.

Y que Dios perdone a esas personas que obran en contra de la Colombia que los hombres de bien desean forjar: un país Conservador, Católico, Apostólico y Romano, Centralizada y con autonomía absoluta del régimen Presidencial.

** Periodista no titulado, escritor ocasional, músico empírico, librepensador, amante del Rock and Roll, algunos libros, y del café oscuro

 

 

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