LEY DEL MONTES | La marcha ejemplar

POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

Mientras en el resto del país sus protestas causaron destrozos, en Barranquilla más de 6.000 estudiantes salieron a las calles sin causar un solo daño. ¿Cómo se logró?

¿Y en Barranquilla no hubo disturbios? ¿No destrozaron almacenes, ni quemaron motos, ni atacaron a la Policía? ¿Nada de eso ocurrió? Preguntaban incrédulos los periodistas desde los noticieros de Bogotá, acostumbrados como están en la capital del país a que cada marcha estudiantil vaya acompañada de desmanes y destrozos por parte de vándalos que se infiltran en las protestas para sembrar pánico y caos.

Pero resulta que en la marcha de los estudiantes de distintas universidades de Barranquilla del pasado jueves “nada de eso pasó”. Ni disturbios, ni saqueos, ni quemas, ni vandalismos. Nada de nada. Hubo –claro que sí– una marcha multitudinaria de estudiantes –más de 6.000– que desfilaron por las principales vías de la ciudad, entre ellas la Avenida Murillo, gritando consignas contra el Gobierno nacional, por no atender –según ellos– sus reclamos y exigencias. ¿Balance de la jornada? La marcha comenzó, transcurrió y terminó sin ningún tipo de alteración del orden público.

¿Cómo se logró el milagro de que la marcha de Barranquilla se desarrollara sin disturbios ni vandalismo? Dialogando previamente con franqueza y absoluta firmeza. Los estudiantes fueron categóricos y contundentes en dos puntos fundamentales: no a la presencia del Esmad de la Policía, cuyo ingreso a los predios de la Universidad del Atlántico durante las protestas de hace varias semanas, alteró los ánimos de los estudiantes y terminó después en disturbios generalizados. Y el otro fue la salida de Carlos Prasca de la Rectoría de la Universidad del Atlántico.

El Esmad es un escuadrón de la Policía, especializado en disolver disturbios. Es una fuerza de choque, cuyos integrantes están preparados y capacitados para contener a sus adversarios mediante el uso legítimo de la fuerza, entre ellos el empleo de los temidos gases lacrimógenos. La sola presencia del Esmad es interpretada por los estudiantes como una agresión. El Esmad es el último recurso que tienen las autoridades –civiles y de Policía– para poner fin a los disturbios, aunque también hay que decir que algunas veces su sola presencia altera los ánimos de los estudiantes y ello produce choques que terminan en acciones violentas.

El otro punto que los estudiantes no estuvieron dispuestos a negociar fue la renuncia de Carlos Prasca a la Rectoría de la Universidad del Atlántico. Así se lo hicieron saber al Consejo Superior de la Universidad. “Si Prasca no se va, nosotros mantenemos la orden de paro”, fue el mensaje que hicieron llegar a las directivas. Dicha solicitud contó con el respaldo del cuerpo de docentes de la universidad.

La Policía, por su parte, también puso sobre la mesa sus puntos de vista para que los estudiantes entendieran su función y su línea de comportamiento. “Es necesario conocer los horarios, los sitios y las vías que van a ser utilizados durante el recorrido por los estudiantes durante la marcha”, fue la inquietud que planteó el comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, general Ricardo Alarcón.

El conocimiento previo del recorrido de las marchas, así como el del horario de las mismas, es fundamental para que las autoridades tomen medidas que permitan controlar la situación. Una de esas medidas fue, sin duda, mantener al Esmad en una actitud prudente al margen de la marcha.

También resultó muy útil el cumplimiento tanto del recorrido como de los horarios acordados previamente. Para que haya entendimiento entre los actores de las marchas –autoridades civiles y de Policía, más estudiantes– se requiere que todos gocen de reconocimiento y ascendencia sobre la ciudadanía, los compañeros y los subalternos. A diferencia de Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá, que tiene muy poco respaldo popular, Alejandro Char cuenta con una enorme aceptación por parte de los barranquilleros. Ello le permite un gran empoderamiento a la hora de tomar decisiones incómodas, como ocurre, por ejemplo, con la orden de disponer de algunos carriles de Transmetro para facilitar la marcha de los estudiantes. Una decisión parecida por parte de Peñalosa resultaría impensable, dado el respaldo tan precario que tiene el alcalde bogotano. El liderazgo de los voceros de los estudiantes, al honrar los compromisos adquiridos, también fueron reafirmados.

Las marchas y los reclamos de los estudiantes del país son legítimos y obedecen a una serie de decisiones equivocadas que de forma reiterada han tomado los últimos gobiernos, no solo el de Iván Duque, que –por cierto– destinó recursos sin antecedentes para la universidad pública.

Las exigencias de los estudiantes son respaldadas por muchos colombianos, quienes se muestran solidarios con su lucha. Pero los actos vandálicos, las revueltas y los desórdenes que causan heridas a integrantes de la Fuerza Pública, ocasionan destrozos en establecimientos comerciales y generan caos en las ciudades son rechazados por todas las personas. Ese vandalismo debe ser combatido por la Fuerza Pública –incluido el Esmad– y sus promotores tendrán que responder ante la justicia por sus actos. Ese comportamiento es inadmisible.

¿Cómo se logró una marcha estudiantil pacífica en Barranquilla?

¡Marchas pacíficas sí, vandalismo no!

Una marcha de estudiantes no puede convertirse en una batalla campal, como ocurre en varias ciudades del país, en especial en Bogotá, donde el balance final de cada protesta estudiantil incluye decenas de estudiantes y policías heridos, así como buses de Transmilenio y almacenes destrozados. Eso no es protesta: es simple y puro vandalismo. Punto. La protesta pacífica está amparada por la Constitución Nacional y la obligación de las autoridades es respetarla y garantizarla. El vandalismo, por el contrario, es una acción criminal que debe ser combatida con toda firmeza por las autoridades. Protesta pacífica sí, vandalismo no. Esa debería ser la consigna. En Barranquilla quedó demostrado el pasado jueves que los estudiantes pueden marchar de forma pacífica sin destrozar lo que encuentren a su paso. Para ello se requiere -como en efecto ocurrió- que los mismos estudiantes asuman el control de la situación no permitiendo el ingreso de saboteadores profesionales que solo buscan generar el caos y el desorden, que terminan en disturbios generalizados.

¡Ni mejores, ni peores: diferentes!

El espíritu de hombres y mujeres de la Región Caribe es pacífico y festivo casi siempre. Así somos. Esa es nuestra forma de ver y asumir la vida. Nuestro talante es incluyente, por la sencilla razón de que somos diversos por esencia. Aquí en nuestro Caribe inmenso los problemas los resolvemos con versos, como hicieron Emiliano Zuleta y Lorenzo Morales, quienes se dieron “rejo” con caja, guacharaca y acordeón hasta que se cansaron. De ese “conflicto” nació La Gota Fría, quizás el vallenato más conocido en el mundo. Aquí la pelea entre vecinas no pasa de un “Niña Tulia no se meta que la pelea no es con Usted…”, como le respondieron a célebre comadre loriquera de David Sánchez Juliao, cuando quiso “comprar” una pelea. Así somos, así hemos sido y así seguiremos siendo. ¿Entonces por qué se extrañan en el páramo de que nuestros estudiantes de Barranquilla marchen en paz, sin que ello signifique claudicar en sus pretensiones y reclamos? ¿Por qué les causa sorpresa que más de 6.000 estudiantes se tomen las principales calles de la ciudad sin que nadie salga lastimado? ¿No es hora de que desde esas cumbres andinas empiecen a vernos con otros ojos? ¡Qué entiendan -¡por fin!- que vemos la vida de una manera distinta, con otros ojos! No somos ni mejores ni peores: somos diferentes. ¡Y qué bueno que así sea!

Respeto por el interés general y el bien común

Una ciudad no puede alterar su funcionamiento por cuenta de las marchas de los estudiantes, pero sobre todo por el comportamiento de unos pocos infiltrados que se encargan de generar el caos. El resultado final dependerá del aporte y el compromiso de cada una de las partes. El derecho legítimo a la protesta no puede prestarse para atentar contra bienes que sirven a la comunidad, como es el caso de Transmetro o Transmilenio, ni tampoco para atentar contra la integridad o la vida de servidores públicos, como ocurre con los integrantes del Esmad. El ejercicio de la autoridad es uno de los grandes retos que tienen los alcaldes, porque muchas veces puede prestarse para abusar de ella. Las famosas “líneas rojas” o “puntos de honor”, terminan convirtiéndose muchas veces en actos de prepotencia. El alcalde Peñalosa en Bogotá terminó convirtiendo en “puntos de honor” lo que no pasaba de ser una medida administrativa, que podría facilitar el tránsito por la ciudad. Permitir una marcha de estudiantes por los carriles de Transmilenio por unas horas, aunque incómodo para la ciudadanía, podría evitar daños irreparables en algunas personas, así como multimillonarias pérdidas a la ciudad y al comercio. Una cosa es el ejercicio de la autoridad y otra la soberbia.

La salida de Prasca, un “inamovible” de los estudiantes

La designación de Jorge Luis Restrepo Pimienta como rector encargado de la Universidad del Atlántico -ante la renuncia de Carlos Prasca- también sirvió para despresurizar la situación del centro educativo. La presencia de Prasca terminó por convertirse en un delicado factor de conflicto, que llevó a estudiantes y profesores a radicalizar sus posiciones. Los diversos escándalos en los que se vio envuelto y las sanciones por parte de la Procuraduría General, volvieron insostenible la permanencia de Prasca en el Alma Mater. Su salida de la Rectoría podría aclimatar un mejor entendimiento entre las partes. Su renuncia es uno de los “inamovibles” de los estudiantes para levantar las marchas y la orden de paro. De manera que la  suspensión de las protestas está ligada a la salida definitiva de Prasca en el cargo.

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