LEY DEL MONTES | Duque: Lo Bueno, Lo Malo y Lo Feo

POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

¿Cómo le va al Presidente de la República en su primer año de gobierno? ¿Se raja o pasa raspando?. Encuesta de Invamer lo muestra con una aprobación del 37%. Hace 11 meses tenía aceptación del 53%.

Este 7 de agosto Iván Duque cumple su primer año en la Casa de Nariño. Mientras sus amigos consideran que estos 365 días han pasado volando, a sus enemigos políticos este año les ha parecido una eternidad. La lectura objetiva es mucho más simple en términos de tiempo de mandato: Duque está cumpliendo la cuarta parte de su gobierno y ello significa que le quedan tres años para cumplir con todo lo que prometió. Al no haber reelección, tendrá que hacer en los tres años que le faltan lo que Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos hicieron en siete. Las matemáticas no mienten.

Las versiones oficiales de este primer año del mandato de Duque muestran un país con unas cifras extraordinarias en materia de logros, como lo dibujó el propio Presidente el pasado 20 de julio durante la instalación de la nueva legislatura. Según ellos, todo va de maravillas, incluyendo el orden público, la lucha contra el desempleo y los indicadores sociales. Sus contradictores, por el contrario, sostienen que el mandato de Duque ha estado muy por debajo de las expectativas, en especial en lo que tiene que ver con los proyectos e iniciativas relacionadas con el posconflicto. Para ellos el Presidente se rajó en este primer año.

Las relaciones de Duque con el Congreso y las altas cortes en lo que va de su mandato estuvieron condicionadas por la decisión que tomó de objetar de forma parcial la ley estatutaria de la JEP. Ahí fue Troya. Por cuenta de ello comprometió mucho más su gobernabilidad en las dos cámaras y se distanció de los altos tribunales del país, que se mostraron -todos- solidarios con la recién creada Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

El costo que debió pagar Duque en materia legislativa resultó demasiado alto, pues casi toda su agenda naufragó en las aguas ahora tormentosas y antes enmermeladas del Congreso. De las pocas iniciativas que se salvaron están la llamada Ley TIC y las leyes del Plan Nacional de Desarrollo y la de Financiamiento. Estas últimas pasaron, pero con muchos ajustes por parte de los parlamentarios.

En materia internacional, Duque es visto como un Presidente muy bien intencionado y con buena onda, pero poco eficaz a la hora de mostrar resultados. Dos de los medios más tradicionales y poderosos del mundo -The New York Times y The Economist- han sido particularmente críticos de su gestión. Contrasta la rigurosidad con la que ambos califican la gestión de Duque con la generosidad que siempre mostraron con Santos, amigo de varios de los editores y directores de ambos medios.

En lo que tiene que ver con los logros comerciales internacionales, el periplo por la China resultó el más interesante y efectivo de los otros 22 que hizo Duque en su primer año de gobierno. Aunque Estados Unidos mira con malos ojos estos coqueteos, lo cierto es que ese mercado es hoy por hoy el más apetecido del mundo, pues significa cerca de 1.400 millones de potenciales consumidores. Eso es oro en polvo para cualquier gobierno que busca ampliar su frontera comercial.

Pero donde Duque ha mostrado mayor debilidad es en la aceptación por parte de los colombianos. El 53.8 por ciento de aprobación con el que empezó su mandato hace un año parece demasiado lejano, sobre todo si se tiene en cuenta que todavía le quedan tres años de gobierno. De acuerdo con la más reciente encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y Revista Semana, la aprobación del Presidente es del 37 por ciento, mientras que su desaprobación es del 56,5 por ciento. En septiembre pasado, recién posesionado, el 53,8 por ciento lo aprobaba y el 32,5 lo desaprobaba.

¿Qué ha sido lo bueno, lo malo y lo feo en este primer año de mandato de Duque?

Lo bueno

El acuerdo logrado por la ministra de Trabajo, Alicia Arango, con líderes sindicales del país, sobre un aumento del 6 por ciento del salario mínimo, resultó muy positivo y evitó una negociación desgastante, como ocurría con los antecesores de Duque.

Golpes a bandas criminales y disidencias de las Farc, entre ellas la muerte de alias “Guacho” y la captura de alias “El Mono Clinton”, entre otros. Aunque ha habido escándalos de corrupción que comprometen a algunos altos oficiales, lo cierto es que las Fuerzas Militares, en especial el Ejército Nacional, se mantienen a la ofensiva en su lucha contra las organizaciones criminales. El episodio del tristemente célebre memorando que “reviviría los falsos positivos” ya fue superado, luego de que el propio comandante del Ejército, general Nicasio Martínez, hiciera claridad sobre el delicado asunto.

Aunque con muchas dificultades debido a la falta de presupuesto y al creciente éxodo de venezolanos, el ponerle el pecho a semejante crisis humanitaria -que en el caso colombiano significa el ingreso al país de cerca de 1.2 millones de venezolanos en los últimos años- merece todo el reconocimiento.

El viaje a la China para buscar acuerdos comerciales. Estar por fuera de la llamada “Ruta de la Seda”, puesta en marcha por el presidente Xi Jinping, significa marginarse del mayor mercado mundial en la actualidad. Aunque hay quienes consideran que asociarse con China implica aumentar el poder geopolítico de ese país en el mundo, como sostiene Estados Unidos, lo cierto es que su músculo financiero permite la construcción de grandes obras de infraestructura, como hidroeléctricas. En América Latina, países como Chile, Bolivia, Perú, Venezuela y Costa Rica, tienen firmados memorandos comerciales con ese país.

La reducción en 2.000 hectáreas de cultivos ilegales en el último año, pese a las restricciones del uso del glifosato por mandato de la Corte Constitucional. Ello significó quebrar la tendencia alcista que se venía presentando en los últimos años.

El manejo que le ha dado la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, a la crisis de la vía al Llano. La Ministra ha tenido que lidiar con este “chicharrón”, al tiempo que se ocupa de otros asuntos tan importantes como urgentes, entre ellos garantizar de manera definitiva la navegabilidad del Río Magdalena.

Lo malo

El ruido por cuenta de las objeciones a la JEP distrajo al Gobierno de la agenda política y llevó a Duque a comprar dos peleas muy aburridoras: una con el Congreso y otra con las altas cortes. Hoy paga las consecuencias de esos enfrentamientos.

Todo el manejo al “caso Santrich”. Un asunto que debía definirse en un mes en un escenario jurídico -cuya competencia era exclusiva de la JEP y de la Corte Suprema de Justicia- terminó politizado por cuenta del Gobierno. A la postre Duque fue el más averiado, pues vio hundir las objeciones a la JEP y para colmo Santrich se voló cuando presintió que la Corte Suprema iba a ordenar su captura.

El desempleo. El Gobierno sigue sin encontrar la fórmula que permita frenar la tendencia creciente del desempleo. La informalidad también sigue desbocada, en especial en la Región Caribe, mucho más ahora con la llegada masiva de migrantes venezolanos. A Duque le tocó ponerle el pecho a un “chicharrón” que Santos dejó crecer por cuenta de la utilidad política que le prestó Nicolás Maduro durante la negociación con las Farc en La Habana. Mientras Maduro fue su amigo, Santos le restó importancia a la tragedia humanitaria de los migrantes venezolanos.

Las relaciones con el Congreso. La gobernabilidad es fundamental para todo gobierno. Muy pocos salen adelante con un Congreso en contra. Punto. El discurso de la “no mermelada” solo funciona si se aplica para todos y no solo para los contradictores políticos o los independientes. Lo que no puede suceder es que los amigos del Gobierno se “despachen el tarro de mermelada”, mientras todos los demás partidos y movimientos políticos son excluidos. O todos en la cama o todos en el suelo. Así de simple.

El gabinete. Con muy contadas excepciones, el gabinete de Duque resultó demasiado liviano. Son ministros con una calificación de 2,8 en promedio. Las excepciones corren por cuenta de las mujeres, entre ellas las ministras de Transporte, Ángela María Orozco; Trabajo, Alicia Arango; y TIC, Sylvia Cristina Constaín. La única que se rajó con aclamación fue la ex ministra de Justicia, Gloria María Borrero, quien no pudo con la responsabilidad asignada. A ese cargo llegó la barranquillera Margarita Cabello Blanco, quien cuenta con toda la experiencia y el peso específico para hacer una muy buena gestión.

Lo feo

Las “jugaditas” de Macías. La persona más cercana al presidente Duque hoy por hoy es el ex presidente del Congreso, Ernesto Macías. Es él quien le habla al oído. Es él quien administra los odios y los amores en la Casa de Nariño. Macías hace parte del exclusivo grupo de amigos a quienes Duque les confesó por primera vez que quería ser Presidente. Antiguos amigos del Presidente -varios de ellos del Centro Democrático- se quejan del “aislamiento” al que Macías ha sometido a Duque. “Todo pasa por Macías” me dijo un congresista de ese partido. Y puede que Macías sea un buen amigo de Duque, pero es un mal consejero. El éxito de un gobernante está en sumar y no en restar. Y cuando se administran odios y resentimientos, como ocurre con Macías, se resta, no se suma.

La percepción de lejanía con los jóvenes. A Duque los jóvenes lo quieren poquito. Así lo muestran los distintos sondeos y encuestas. No deja de ser llamativo que el Presidente más joven de los últimos tiempos no tenga buen recibo entre los jóvenes del país. La cercanía no puede construirse de manera artificiosa o meramente cosmética. Tiene que ser mucho más profunda y para ello es fundamental la gestión y aprobación de normas y leyes que ayuden de verdad a los jóvenes del país, como todas aquellas que apuntan a fomentar “el primer empleo”

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