Ley del Montes | Egan, el conquistador

Por Oscar Montes

@LeyDelMontes

Después de más de 30 años de haberle apostado a la conquista de Europa, un ciclista colombiano gana el Tour de Francia, la carrera más importante del mundo. Análisis.

“Sueño con llegar el domingo vestido de amarillo a París y con darle un gran triunfo a Colombia y a mi equipo”, declaró con lágrimas en los ojos el joven Egan Bernal el pasado viernes, luego de asumir el liderato del Tour de Francia, la carrera por etapas más importante del ciclismo mundial. Hoy Egan está cumpliendo su sueño al recorrer los Campos Elíseos vestido de amarillo, acompañado a la distancia por 45 millones de colombianos, que celebramos su hazaña como si fuera nuestra. Lo de Egan Bernal es no sólo histórico, sino heroico. Es una verdadera gesta deportiva. Nunca antes habíamos llegado tan lejos.

La senda que hoy recorre Egan Bernal en Francia la trazaron otros grandes ciclistas, quienes abrieron la trocha hace más de 30 años, cuando en el mundo muy pocos sabían de la existencia de unos “escarabajos” que trepaban montañas inalcanzables montados en unos “caballitos de acero”, como llamó a las bicicletas el maestro Carlos Arturo Rueda C.

A la voz de Carlos Arturo Rueda C, se sumó la de Julio Arrastía Brica, un paisa que nació en Buenos Aires, Argentina, quien por allá a finales de los años 50 y comienzos de los 60 anunciaba con voz profética que “algún día el mundo hablará de estos escarabajos”.

Pues, Don Julio Arrastía, ese día ha llegado: hoy todo el mundo  –¡todo el mundo!– habla de Egan Bernal, como el nuevo Rey del ciclismo universal. Desde hoy su nombre estará escrito en letras de molde en el Olimpo de los dioses del ciclismo mundial, al lado de los intocables Eddy Merckx, Bernard Hinault, Jacques Anquetil, Fausto Coppy, Miguel Induraín y al lado del mismísimo Chris Froome, el “capo” de su equipo, ganador de cuatro Tours de Francia.

En esas montañas altivas e imponentes –tan nuestras como el inmenso Mar Caribe– y que aprendimos a conocer gracias a la magia de la radio y a la delirante imaginación de nuestros locutores deportivos, nació la leyenda que tiene a este jovencito zipaquereño de apenas 22 años a punto de ganar nada más y nada menos que el Tour de Francia con su centenaria historia a cuestas.

Egan Bernal lo que ha hecho es transitar con modestia y humildad la senda que abrieron, entre otros, su paisano Efraín ‘Zipa’ Forero, Ramón Hoyos, Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez. La que luego transitaron Rafael Antonio Niño, José Patrocinio Jiménez, Lucho Herrera y Fabio Parra. Y –claro– la senda que abrió y amplió mucho más el propio Nairo Quintana, víctima de nuestro exitismo y mezquindad, quien ha ganado todo en Europa, menos el Tour de Francia.

Hoy que todos nos subimos en el bus de la victoria y enarbolamos la bandera colombiana, Nairo Quintana también merece un gran reconocimiento, al igual que Rigoberto Urán, para solo hablar de los otros dos ciclistas colombianos que quedaron entre los diez primeros del Tour.

¿Qué lecciones nos deja el triunfo del joven Egan Bernal? Muchas. Veamos:

Mucha humidad y una buena dosis de suerte

Ser humilde no significa ser sumiso. El sumiso jamás se rebela, el humilde se rebela cuando le toca el turno. Egan Bernal es humilde, pero no es sumiso. Para ser el capo de un equipo de ciclismo lleno de estrellas, en el que hay dos ganadores de Tours de Francia, como Chris Froome y Geraint Thomas, se requiere ser humilde y saber esperar su turno. Por azares del destino a Egan el turno le llegó antes de lo esperado: Froome se lesionó y Thomas no contó con suerte en la montaña. Pero, además, al no correr el Giro de Italia por una lesión –que era la carrera que le habían asignado para correr con la expectativa de ganárselo– Egan “se vio obligado” a correr el Tour, con el resultado que hoy nos tiene felices a los colombianos. Sabiendo que estaba preparado para la batalla, Egan vio venir el tren de la historia y se subió en él sin pensarlo dos veces. Otros se mueren de susto y nunca se suben y lo dejan pasar. Y hay otros –que todo hay que decirlo– a los que ese bendito tren de la historia nunca les pasó. O pasó, pero no paró en la estación donde alguien lo estaba aguardando.

El equipo siempre será primero que el individuo

Egan Bernal está llamado a marcar una era dentro del ciclismo mundial. Tiene inteligencia y talento de sobra. Pero tiene también un gran equipo que lo respalda. Egan sabe muy bien –y así lo ha dicho en múltiples oportunidades– que hace parte de un “Team” en el que todos deben pedalear en la misma dirección y en la búsqueda de un propósito colectivo. “Si tengo que trabajar para Geraint lo haré sin ningún problema, cómo estoy seguro que Geraint también trabajará para mi”, declaró Egan a pocos días de terminar el Tour de Francia. Un equipo no es la suma de individuos, sino de voluntades. Punto. Ineos –el equipo de Egan– responde a esa premisa. En cambio en Movistar –donde corre Nairo Quintana– priman más los intereses particulares que los colectivos. ¿Cómo se explica que un equipo del que hacen parte Nairo, Landa y Valverde sea un fiasco? Sin un equipo que le brinde pleno respaldo, Egan habría ganado una o dos etapas pero muy difícilmente ganaría el Tour. Esta lección aplica también para la vida diaria: sin un equipo nada es posible

Juventud, divino tesoro

Egan Bernal, con apenas 22 años, tiene un futuro inmenso como ciclista. Podría, por ejemplo, lograr la hazaña de ganar cinco o más Tours de Francia, como Eddy Merckx, Bernard Hinault o Miguel Induraín, quienes alcanzaron la inmortalidad en las cimas de los Alpes o los Pirineos. Su juventud y sus deseos de aprender son su gran fortaleza. Ser joven no es un pecado, ni ser viejo tampoco. El joven tiene los bríos y las ansias de crecer, pero carece de la sabiduría y la experiencia que dan los años. El ciclista madura con el tiempo y con los kilómetros recorridos. Pese a su juventud, Egan Bernal muestra en la carretera una madurez que pocos alcanzan en tan pocos años. En alguna oportunidad le preguntaron al torero español Manuel Benítez, ‘El Cordobés’, que si temía a las cornadas de los toros y el entonces joven torero respondió con desparpajo y sinceridad: “No le temo, porque más cornadas da el hambre”. La vida madura a golpes de sol y de lágrimas a muchos jóvenes. La juventud no es cuestión de años cumplidos o de años por cumplir. La vejez tampoco.

¡Europa ha sido conquistada!

La cosecha que hoy recoge Egan Bernal fue sembrada hace muchos años. El ciclismo colombiano está lleno de historias, leyendas y proezas. ¿Cómo le habría ido en un Tour de Francia a Ramón Hoyos Vallejo, llamado “El escarabajo de la montaña”, ganador de cinco Vueltas a Colombia, el ciclista más importante del país a finales de los 50 y comienzos de los 60? ¿Cómo le habría ido a ‘Cochise’ si hubiera tenido un buen equipo en Europa? ¿Qué les faltó a Alfonso Flórez, Lucho Herrera y a Fabio Parra? ¿Y al propio Nairo? Muchas preguntas y pocas respuestas. Lo único cierto es que todos ellos y muchos más contribuyeron a esta gesta deportiva que acaba de alcanzar Egan Bernal. Pero también hay que hacer un reconocimiento a los directivos del ciclismo nacional que a comienzos de los 80 apostaron por la conquista de Europa, una muy distinta a la que sufrimos nosotros como continente durante el siglo XVI, liderada por España. La conquista nuestra no fue sangrienta, sino deportiva. Nuestra conquista no ha causado muertos ni exterminios de grupos étnicos. Solo una que otra magulladura, como aquella que sufrió Lucho Herrera el 13 de julio de 1985, llegando a Saint-Etienne, cuando bajaba a más de 100 kilómetros por hora. Nuestra conquista la realizamos, pues, en bicicletas y a punta de pedalazos. Nuestra única arma es el valor. Hoy con el triunfo de Egan Bernal ya podemos decir que ese sueño se cumplió. Europa ha sido –ahora sí– plenamente conquistada. Hoy ese continente antes conquistador, ha sido conquistado. ¡Gracias Egan Bernal!

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