Prudencia, Presidente, mucha prudencia

Por Óscar Montes

En Colombia ha empezado a hacer carrera la tesis según la cual los responsables de los grandes males nacionales son los medios de comunicación.

Está sucediendo en estos momentos con el proceso de paz que se anuncia con las Farc, cuya suerte ha sido descargada casi que en su totalidad, tanto por el Gobierno como por los voceros del grupo guerrillero, en los periodistas que cubren la nueva negociación o en los analistas que se ocupan del tema.

El Gobierno ha pedido en todos los tonos que los medios de comunicación no interfieran en la mesa de diálogo y dejen de lado el afán de las chivas, que son las que –según el propio presidente Juan Manuel Santos– terminan afectando la negociación.
Las Farc, por su parte, han expresado su inconformidad por la forma como supuestamente desde los medios son atacadas constantemente. Marcos Calarcá, uno de los voceros del grupo guerrillero, anunció que muy pronto darán a conocer la lista de “periodistas enemigos del proceso de paz”.

En el caso de Santos hay que decir que no puede pedirles a los medios de comunicación que sean prudentes cuando quien actúa imprudentemente es el propio Presidente de la República. ¿De qué otra forma puede calificarse su declaración en su reciente visita al Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Kansas cuando, sin que nadie le estuviera preguntando, informó que dio la orden de eliminar a Alfonso Cano, el jefe guerrillero con quien el Gobierno había iniciado acercamientos para dar inicios a los diálogos que se instalan en Oslo esta semana? “Las reglas son las reglas”, fue la frase que pronunció cuando reveló la decisión que tomó de dar de baja al jefe guerrillero.

Obviamente que semejante chiva no podía pasar desapercibida para los medios de comunicación, que de inmediato la replicaron al mundo. Es evidente que el imprudente fue Santos, quien pensó que el mejor escenario para dar a conocer semejante noticia era la Universidad donde estudió en Estados Unidos. Esa declaración no solo generó un ruido innecesario en la opinión pública, sino que aumentó la desconfianza en las filas de las Farc. Desconfianza que, claro, tendrá consecuencias en la mesa de conversaciones.

Espero que el Presidente haya consultado con sus asesores jurídicos el alcance de sus palabras con respecto a la responsabilidad penal que podría derivarse de las mismas, puesto que una cosa es aprobar una operación militar contra un jefe guerrillero y otra muy distinta es ordenar su eliminación. En otras palabras: una cosa es autorizar una acción militar y que como consecuencia de ella muera un jefe guerrillero y otra es ordenar darle de baja, pues en Colombia la pena de muerte no está establecida. Es por esa razón que ahora más que nunca se requiere ser prudente.

Y en el caso de las Farc ocurre algo similar. Ese grupo pretende que los periodistas no se refieran a ellos como terroristas cuando todos los días cometen actos de terror. ¿O es que volar puentes y atentar contra la población civil no son acciones terroristas? ¿No son las Farc un grupo que secuestra y recibe multimillonarios ingresos por el narcotráfico? ¿No reclutan menores? ¿No ‘siembran’ minas antipersonas?

Entonces, que quede claro: los diálogos de paz no fracasan por los medios. Ni en tiempos de Belisario Betancur, César Gaviria y Andrés Pastrana, ni ahora en el tiempo de Santos.

Ojalá que las partes comprendan, acepten y respeten, por fin, cuál es el papel de los medios: buscar la verdad y presentarla de la mejor manera posible. Aquellos periodistas que se inventan historias pierden no solo el puesto, sino –lo más importante– su credibilidad, que es su gran capital.

De manera que los tiempos que corren obligan a las partes -y a los medios, obviamente- a ser prudentes en lo que dicen y en lo que hacen. Pero achacarles a ellos la culpa de lo que pase es, por lo menos, injusto.


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