¿El último gran capo?

Por Óscar Montes

A raíz de la captura del delincuente Daniel El Loco Barrera en San Cristóbal, Venezuela, luego de una operación en la que participaron unidades de la Policía de Colombia, organismos de Inteligencia de Venezuela y hasta de Estados Unidos, el presidente Juan Manuel Santos anunció ante las cámaras de televisión la caída del “último gran capo”, como si en efecto se tratara del fin del más grande narcotraficante del país. Mucho me temo que el Presidente se equivoca.

El Loco Barrera no es el último gran capo, como afirma Santos. Si de lo que se trata es de ‘graduar’ a bandidos de capos, entonces se podría decir que el último gran capo del narcotráfico colombiano fue Pablo Escobar Gaviria. Tanto es así que hasta los canales de televisión nacional Caracol y RCN se han encargado de mantener viva su memoria mediante series que lo muestran generoso con sus amigos y amantísimo con sus mujeres. El gran capo fue, pues, Escobar. Si el Loco Barrera fuese el último gran capo ya Caracol y RCN Televisión estarían preparando una serie con su nombre, y eso no va a ocurrir. Quienes ‘gradúan’ a los grandes capos en la Colombia de hoy, Presidente, son los medios de comunicación, concretamente la televisión, que encontró en la “telebasura” el filón que le hacía falta para multiplicar por miles sus ganancias.

Prueba de que Escobar ha sido el más grande narcotraficante colombiano es que hoy los niños y los jóvenes de Medellín, quienes no padecieron la arremetida terrorista de ese monstruo del mal, quieren parecerse a él y así lo pregonan en las comunas de la ciudad, como recientemente lo denunciaron muchos habitantes de ellas, alarmados con el brote de ‘pablosescobares’ que empieza a sentirse en los barrios, y no solo en los más marginados. Para no hablar del álbum de ‘monitas’ que se vende en las esquinas de la ciudad como si fueran empanadas.

De manera que el último gran capo fue Pablo Escobar. El Loco Barrera es simplemente uno de los tantos traquetos que ha engendrado ese maldito negocio, y quien, gracias a que acumuló más muertos que sus amigos y que sus enemigos, logró ascender dentro de las organizaciones criminales que el narcotráfico produce y se ganó el temor de unos y otros. Con la plata, ya se sabe, compró autoridades de aquí (Colombia) y de allá (Venezuela), hasta que su presencia resultó incómoda en ambos lados y lo entregaron para que lo presentaran esposado, como han hecho con cientos de últimos grandes capos. Ya perdí la cuenta del número de narcotraficantes que han traicionado sus secuaces y son mostrados como mansas palomas para que los medios registren su prontuario y sus andanzas.

Pero, Presidente, si de verdad quiere que hablemos en plata blanca de capos, entonces habría que decir que el gran capo ha sido, es y seguirá siendo el narcotráfico, que es el que hace que en Colombia y en el resto del mundo nazcan ‘pablosescobares’ y ‘locosbarreras’ en camadas, como si fueran conejos. No voy a nombrar la lista de los últimos que ha parido el narcotráfico en Colombia porque el espacio de esta columna no me alcanza.

Así las cosas, no nos llamemos a engaños. El Loco Barrera es un ‘lavaperros’ (como se les conoce en la jerga de los narcos) que llegó a tener éxito gracias a sus métodos crueles. Nada más. Como él hay muchos en Colombia y en México y hasta en los propios Estados Unidos, donde el perverso negocio tiene el último eslabón, que es el del consumo, del que hacen parte millones de personas. Aquí hay capos porque allá hay consumidores. El día que los norteamericanos no se metan la droga que se produce acá, no habrá capos. Ni más ni menos. Y como ello es así, entonces es errado decir que El Loco Barrera es el último gran capo. Sería mucho más correcto afirmar, Presidente, con todo respeto, que El Loco Barrera es el último gran capo…por ahora.


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