El costo de la miopía del ELN

Por Carlos Obregón

Con el atentado a la Escuela de Cadetes de la Policía, el ELN ha vuelto ha vuelto a reiterar que lo suyo es la violencia como método de lucha, no lo político, y que el diálogo es un asunto secundario para oxigenarse e intentar negociar una agenda que el Estado y la sociedad objetarán por ambigua y poco viable.

Los negociadores del ELN perdieron la oportunidad que tuvieron en el gobierno Santos de avanzar más que nunca en una salida negociada, teniendo como referencia lo pactado con las Farc, en un momento en que buena parte de los colombianos apoyaban la paz.

Desecharon inclusive el margen que les dio el presidente Iván Duque para mantener la negociación si abandonaban prácticas como el secuestro y liberaban a los que tienen en su poder. En realidad, con el atentado a la sede policial le facilitaron la decisión a un gobierno que pocas ganas le tenía a esa negociación.

Con este hecho, reconocido por esa organización con argumentos guerrerisyas debatibles, le están dando argumentos a un sector radical del país que viene pidiendo mano duro con la insurgencia en vez de diálogo, que considera que lo que se negoció con las Farc es una entrega del Estado y por tanto debe ser revisado y que está convencido que hay que replantear las herramientas legales de la Fuerza Pública para que pueda actuar sin los controles de la Procuraduría.

Como lo advierte un hombre que hizo parte de sus filas, Carlos Velandia (Felipe Torres), si lo que querían era presionar al gobierno, lograron lo contrario y lo grave es que el escenario que sigue es el de confrontación abierta entre ambas partes en los territorios donde han estado siempre –Arauca y Norte de Santander, Sur de Bolívar y Chocó—pero además en los nuevos donde ya no están las Farc y en las ciudades, donde ya han demostrado que pueden aprovechar las vulnerabilidades por falta de control o por las fallas de la inteligencia.

La expectativa de una negociación se va al traste en el peor momento para intentar recomponer el camino. Por un lado, gobierno Duque plantea desconocer los protocolos del acuerdo para el regreso de los negociadores y pide su captura. Con ello se genera una crisis diplomática con Cuba, país clave para la búsqueda de acuerdos. En adelante, difícilmente se encontrará gobiernos que ofrezcan ser sede de acercamientos o ser garantes. Además, la línea de comunicación con el gobierno de Venezuela está muerta y con ello no existe posibilidad de encontrar un contacto por esa vía como ocurrió con las Farc en el pasado. Junto a lo anterior, el péndulo cambió y la derecha predomina en la región con lo cual los “amigos” que le quedan al ELN son pocos.

Pese a que ahora vendrá una presión fuerte sobre el Gobierno para salvar la negociación, el palo no parece estar para cucharas y no parece viable la foto del negociador Miguel Ceballos con Gabino.

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