LA LEY DEL MONTES | El personaje del años: La Corrupción

Por: OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

En 2018 los colombianos fracasaron en la lucha contra el “cáncer nacional”.

La corrupción se convirtió en el personaje del año en Colombia. Nadie tuvo tanto protagonismo. No hubo un solo día en que el país no conociera de un escándalo relacionado con coimas, sobornos, robos y desfalcos de todo tipo, desde el más grande, como el de Odebrecht, hasta el más chico, que involucra a alcaldes o concejales de municipios apartados de los centros de poder. En Colombia durante este año que está a pocas semanas de terminar no se habló de nada distinto a corrupción.

La gravedad del asunto obligó a todos los candidatos presidenciales a convertir la corrupción en el principal issue de la campaña, que llevó a Iván Duque a la Casa de Nariño. Todos presentaron distintas fórmulas para combatirla. Todos se declararon abanderados de la anticorrupción. Y algo más: todos dieron declaraciones en las que señalaban de corruptos a casi todos sus rivales.

Ante la magnitud de la tragedia, este año los colombianos salieron a votar una consulta popular para poner fin a las prácticas corruptas que desangran en más de 50 billones de pesos las arcas de la nación. Más de 11.600.000 colombianos acudimos a las urnas para obligar a los congresistas a bajarse sus sueldos y permanecer tres períodos en sus curules, para sólo citar dos de los puntos más votados.

Aunque no alcanzó el umbral establecido -unos 12.000.000 de votos- la consulta anticorrupción se convirtió en uno de los hechos políticos del año. Tanto así que el propio presidente Duque se comprometió a sacar adelante en el Congreso todas las iniciativas que permitan acabar con la corrupción, o en el peor de los casos -como diría el ex presidente Julio César Turbay Ayala- reducirla a sus “justas proporciones”.

En enero de este año el escándalo de Odebrecht ocupó las primeras páginas de los periódicos. Y en diciembre también. El fiscal general, Néstor Humberto Martínez Neira, empezó el año acusando a decenas de funcionarios y congresistas de recibir coimas y sobornos de la multinacional brasileña y terminó sentado en el banquillo de los acusados, señalado de haberla favorecido con conceptos en su época de abogado litigante. Uno de sus mejores amigos, Jorge Enrique Pizano, “controller” de la sociedad Odebrecht-Grupo Aval, que se creó para realizar obras de infraestructura en el país, declaró a diversos medios de comunicación poco antes de morir víctima de un cáncer, que informó de las presuntas irregularidades a quien en ese momento era el abogado del Grupo y hoy se desempeña como Fiscal General.

Hasta el procurador general, Fernando Carrillo, uno de los más acuciosos en las denuncias contra Odebrecht y principal promotor de la figura del fiscal ad hoc -que le permitiría al fiscal Martínez apartarse de las investigaciones que tienen que ver con Odebrecht- debió reconocer que también fue asesor del Grupo Aval, uno de los principales socios de Odebrecht en Colombia.

Otros escándalos tan llamativos como el de Odebrecht también fueron protagonistas en este 2018. Uno de ellos es el de Reficar, que aún tiene la mayoría de sus piezas sueltas sobre la mesa, sin que nadie puede armar el rompecabezas. Nadie sabe hoy en Colombia cuánta plata se perdió en Reficar, ni quiénes, ni cuándo, ni cómo se la robaron.

En las regiones la corrupción también fue pan de cada día. En la Región Caribe, por ejemplo, ninguna de las “ías” (Fiscalía, Procuraduría y Contraloría) sabe a ciencia cierta cómo los corruptos lograron armar la telaraña para robarse los multimillonarios recursos de los Programas de Alimentación Escolar (PAE), ni cómo armaron el entramado para configurar carteles para quedarse con la plata de la Educación y la Salud en Córdoba, La Guajira y Sucre, entre otros.

En Barranquilla se destapó el escándalo de la Triple A, aunque el primer capítulo de esta historia se escribió hace varios años en España. La Fiscalía logró establecer la participación de varios altos directivos de la empresa -entre ellos uno de sus ex presidentes- en el desfalco multimillonario, que se soportó -según el organismo investigador- en contratos que jamás se materializaron.

En el plano de la educación superior, el año termina con Ranses Vargas, ex rector de la Universidad Autónoma del Caribe, tras las rejas, al ser señalado por la Fiscalía de ser el cerebro de una operación encaminada a quedarse con los dineros provenientes de las matrículas de los estudiantes. Vargas había llegado al cargo con el mandato de “salvar” la universidad, luego de la crisis que involucró a su antecesora Silvia Gette, también señalada de multimillonarios desfalcos.

En Cartagena, ya se perdió la cuenta del número de alcaldes que llegaron a suceder a los que se fueron, señalados por la Procuraduría General de tener todo tipo de inhabilidades para desempeñar el cargo.

El escándalo de “La Madame”, puso a temblar los cimientos de la clase dirigente, cuando trascendió que la mujer, señalada de promover la prostitución en la ciudad, estaba dispuesta a revelar los nombres de sus clientes.

Pero la cereza del pastel de la corrupción sucedió esta semana en el Congreso de la República, durante el debate promovido por senadores opositores en contra del fiscal Martínez Neira. Luego de la intervención de los citantes -Jorge Enrique Robledo, Angélica Lozano y Gustavo Petro- la senadora del Centro Democrático, Paloma Valencia, presentó un video en el que aparece Petro recibiendo varios fajos de billetes de una persona a quien inicialmente el propio senador identificó como el arquitecto Simón Vélez, pero quien posteriormente fue reconocido como Juan Carlos Montes Fernández, amigo personal del ex candidato presidencial y ex contratista del Distrito de Bogotá en la época en que Petro ocupó la Alcaldía.

Ver a uno de los políticos que más ha denunciado casos de corrupción en país recibiendo fajos de billetes en rama para luego empacarlos en bolsas plásticas causó asombro general y cayó como un balde de agua fría en los promotores del debate. El primer sorprendido fue el propio Petro, quien días después de conocerse el video sigue sin dar explicaciones satisfactorias sobre lo que sucedió en realidad. Hoy son más las dudas que las certezas que existen sobre ese episodio y el único que las puede aclarar es Petro. ¿Por qué la corrupción es el personaje del año en Colombia en 2018? Veamos:

 

A Petro le habían dicho de todo menos corrupto

Quienes dicen que el escándalo en contra de Petro hace parte de una estrategia para tratar de echarle tierra al escándalo de Odebrecht tienen razón. Pero también la tienen quienes le exigen a Petro que explique su actuación en el impactante y bochornoso video donde aparece recibiendo varios fajos de billetes. Ni el más antipetrista del país se imaginó ver a Petro recibiendo plata en rama. Pero tampoco los petristas entienden porqué razón Petro no puede explicar con absoluta claridad la procedencia, el uso y el destino final de esa plata. A Petro le habían dicho de todo, desde “guerrillero vestido de civil” hasta criminal y terrorista, pero nadie lo había señalado de corrupto. Todo lo contrario: es Petro quien señala a sus enemigos políticos de corruptos. El video se encargó de volver añicos el pedestal desde donde Petro acusaba de corruptos a todos sus contradictores. El único que puede absolver todas las dudas es Petro, cuya imagen -sin duda- quedó muy afectada, así como su futuro político.

 

Consulta anticorrupción, ¿tiempo perdido?

La consulta anticorrupción fue el hecho político del año, al igual que la elección de Iván Duque como Presidente de la República. La iniciativa logró cautivar a millones de colombianos -en especial a los jóvenes- quienes vieron en ella la posibilidad de acabar con el “cáncer nacional”. Punto. Pero hoy por hoy es poco lo que puede rescatarse de ese sueño colectivo nacional.

¿La razón? Para poder materializar las preguntas de la consulta -que no superó el umbral- se requiere que el Congreso las apruebe, algo que no ha sucedido, entre otras razones porque muchas de ellas son “cuchillo” para las gargantas de los congresistas, como es caso de la reducción de su salario y el tope de permanencia en sus curules. El Congreso, pues, le está dando entierro de tercera a un propósito nacional y ello es así porque pusieron a los ratones a cuidar el queso.

 

Odebrecht, ¿hasta dónde llega la cola de la rata?

Con Odebrecht en Colombia pasa como con esos ratones a los que solo se les alcanza a ver la cola y nadie se atreve a tocarlos. Todos se mueren de susto de que sea más grande de lo que se imaginan. De hecho, hay ex directivos de la multinacional presos en Brasil que sostienen que en Colombia falta todo por descubrir. En 2018 tampoco pudimos conocer el tamaño de la rata de Odebrecht. Las pesquisas de la Fiscalía -que comprometen a ex senadores y ex funcionarios públicos- apenas le hicieron cosquillas en la cola. Todavía falta verle la panza y los colmillos.

El triste episodio de la muerte de Jorge Enrique Pizano, terminó por minar de forma severa la credibilidad del fiscal Martínez Neira, quien acaba el año sometido a todo tipo de señalamientos y cuestionamientos por parte de opositores y líderes de opinión. El 2019 será tan tormentoso para el Fiscal General como el que está a punto de terminar.

 

El panorama para 2019 también es desolador

La corrupción no es un asunto regional, como pretenden hacerlo ver desde los despachos bogotanos. Es un cáncer nacional. La propia capital vivió hace algunos años el peor desfalco en la historia reciente del país con el tristemente célebre “carrusel de la contratación”.

Si en Bogotá, donde se concentra el poder nacional y dónde funcionan todos los entes de control, se roban hasta un hueco, ¿qué pasará en las zonas más apartadas del país? La respuesta es simple: se roban un hueco, pero más pequeño.

La verdad triste y lamentable es que Colombia está siendo saqueada por los cuatro costados. Y lo peor: a nadie parece dolerle. La indolencia es generalizada y hasta los luchadores contra la corrupción son señalados de corruptos. La sal se corrompió, que lo digan los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, envueltos en el llamado “cartel de la toga”. El panorama para el 2019 es también desolador. La batalla contra la corrupción en 2018 se perdió. De eso no queda duda alguna.

Compartir: