Obama promete justicia tras muerte embajador en Libia

WASHINGTON (Reuters) – El presidente estadounidense prometió el miércoles llevar ante la justicia a los asesinos del embajador de Washington y otros tres diplomáticos en Libia, mientras busca evitar un revés en su intento por la reelección tras un ataque que generó críticas contra su manejo de los disturbios de la «Primavera Arabe».

Barack Obama calificó al ataque en Bengasi como «intolerante y atroz», pero insistió en que no será una amenaza para las relaciones con el nuevo Gobierno libio, que asumió el poder en julio luego de que fuerzas rebeldes respaldadas por la OTAN derrocaran a Muammar Gaddafi.

Los asesinatos de los diplomáticos estadounidenses en el violento ataque generado por una película hecha en Estados Unidos y vista como insultante contra el profeta Mahoma podría plantear dudas sobre la política de Obama para con Libia.

Obama, aparentemente buscando tomar la iniciativa luego del ataque, prometió trabajar con el Gobierno libio para «ver que se haga justicia por este terrible acto».

«Y no se confundan: se hará justicia», dijo Obama, flanqueado por la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

El presidente ordenó aumentar la seguridad en las embajadas estadounidenses en todo el mundo y un equipo antiterrorista fue enviado para reforzar la seguridad del personal estadounidense en Libia.

El embajador Chris Stevens y tres funcionarios de la embajada murieron el martes por la noche durante un ataque al consulado y a un refugio en Bengasi, la cuna del levantamiento del año pasado contra Gaddafi.

En Egipto, manifestantes atacaron la embajada estadounidense en El Cairo por el mismo motivo.

Stevens, un veterano del servicio exterior con 21 años de carrera, fue uno de los primeros funcionarios estadounidenses en Bengasi durante la revuelta contra Gaddafi.

Sean Smith, un funcionario de información del servicio exterior, fue identificado como uno de los diplomáticos fallecidos. Los nombres de los otros dos no se divulgaron hasta que el Gobierno notificara a sus familias.

Tras su discurso, Obama, quien tenía previsto partir más tarde en un viaje de campaña a Nevada, visitó el Departamento de Estado para expresar su solidaridad con los diplomáticos estadounidenses en todo el mundo.

La crisis de Libia ocurre en un momento en que la atención ya se centra en Oriente Medio debido a la tensión en aumento entre Obama y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sobre cómo lidiar con el programa nuclear iraní.

Clinton dijo que el ataque en Bengasi fue obra de un «grupo pequeño y violento» y que las relaciones entre Estados Unidos y Libia no se verían dañadas por el incidente.

Pero pareció tener en cuenta que los estadounidenses podrían sentirse contrariados por un ataque semejante contra personal de su país en una nación a la que ayudaron para derrocar a un régimen autoritario de décadas.

«Me pregunto ¿cómo puede suceder esto? ¿Cómo puede suceder esto en un país que ayudamos a liberar, en una ciudad que ayudamos a salvar de la destrucción?», dijo Clinton.

«Esta pregunta refleja cuán complicado y, por momentos, cuán confuso puede ser nuestro mundo», agregó.

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