El camino culebrero de los diálogos de paz con las Farc

Por Oscar Montes

Las afirmaciones de los jefes guerrilleros que están en La Habana en el sentido de que las Farc ni secuestran ni están metidas en el negocio del narcotráfico cayeron muy mal entre los colombianos, quienes las interpretaron como una muestra de cinismo por parte de esa organización guerrillera.

“Si de lo que se trata es de hablar con sinceridad, las Farc deberían empezar por reconocer que viven de ambas actividades ilícitas”, me dijo un exasesor de paz con quien hablé, luego de escuchar las declaraciones de los voceros de las Farc.

Pero las anteriores son apenas dos de las piedras que van a incomodar los zapatos tanto del Gobierno como del grupo insurrecto, sobre todo por la evidente falta de sinceridad por parte de ese grupo.

Hay otros asuntos igualmente complejos que deben ser abordados por los negociadores, entre ellos el del cese del fuego bilateral y el tiempo de las negociaciones. Nadie ha dicho que los diálogos van a ser fáciles.

Todo lo contrario: las malas experiencias del pasado reciente indican que cuando se trata de negociar con las Farc es mejor no hacerse muchas ilusiones y ser cautos a la hora de los análisis. En estos casos es mejor pecar por defecto que por exceso.

Como quienes negocian son los enemigos y no los amigos, nadie espera que las conversaciones entre el Gobierno y las Farc sean una especie de “empanadas bailables” en las que no habrá ningún tipo de tropiezo. Lo que se espera es que los mismos sean superados con una buena dosis de realismo político y de pragmatismo.

En ese sentido son de buen recibo las palabras de alias Rodrigo Granda en La Habana, según as cuales las Farc no se levantarán de las mesa sin haber firmado la paz. Colombia espera que por lo menos esta vez sean ciertas.

Sin cese del fuego habrá escalamiento de la guerra

Tanto el Gobierno como las Farc han afirmado que no habrá cese del fuego mientras se desarrollan las conversaciones tanto en Oslo como en la Habana. Ello en términos prácticos significa simple y llanamente que habrá “escalamiento de los ataques guerrilleros”, como de hecho ha venido sucediendo.

Las Farc necesitan escalar sus ataques porque le urge llegar fortalecida la mesa para tratar de demostrar que no es cierta la premisa de que estamos en el “fin del fin de la guerra” por cuenta de la inminente derrota militar de las Farc. Aunque hay quienes consideran que el Gobierno debió pactar un cese del fuego de forma unilateral por parte de las Farc, es apenas obvio que dicho grupo no aceptaría ese condicionamiento, que podría neutralizarlas estratégica y militarmente. La pregunta que surge ante este escenario es ¿qué va a pasar con la población civil que quedará atrapada entre dos fuegos? ¿Quién se encargará de garantizar su integridad? El Gobierno y las Farc tienen la palabra.

Sí existen vínculos de las Farc con carteles de la droga

La persona que más sabe en Colombia sobre las Farc y sus vínculos con las organizaciones narcotraficantes es el general Óscar Naranjo, exdirector de la Policía Nacional, quien ahora hace parte de la mesa de negociación, delegado por el presidente Juan Manuel Santos.

Es al General Naranjo a quien las Farc tienen que convencer de que no están en el negocio del narcotráfico, como lo declaró alias Marcos Calarca en La Habana. De hecho, fue el propio general Naranjo quien denunció, siendo director de la Policía, las estrechas relaciones del grupo guerrillero con los carteles mexicanos. Informes de inteligencia en poder de la Policía y de organismos estadounidenses indican que varios frentes de las Farc viven exclusivamente del negocio de la coca, uno de ellos era comandado por alias El Negro Acacio, considerado el capo narcotraficante de las Farc.

Acacio no cobraba impuesto a los campesinos cultivadores de hojas de coca: él administraba los laboratorios y se entendía con los narcotraficantes mexicanos. Así consta en los informes de inteligencia. Y aunque el presidente Santos, en entrevista concedida a Rodrigo Pardo, director de RCN Televisión, y Vicky Dávila, directora de La FM, se cuidó de no meterse en ese espinoso tema y prefirió dejarlo para que lo estudien los negociadores del Gobierno, es evidente que de la mesa de diálogo debe salir el compromiso por parte de las Farc de abandonar el negocio, que no tiene nada que ver con la legalización de la droga, que sí es un tema que debe ser debatido por la comunidad internacional, como dice Santos.

Al igual que sucede con el secuestro, el del narcotráfico es otro asunto delicado que debe ser abordado por los negociadores. En el Caguán el tema fue subestimado por el Gobierno y ello a la postre resultó fatal.

Aunque lo nieguen, las Farc sí tienen personas secuestradas

De todas las afirmaciones de los delegados de las Farc en La Habana las que peor cayeron fueron las de alias Rodrigo Granda, quien sostuvo que ese grupo guerrillero no secuestra y que no hay secuestrados en su poder.

Las palabras de Granda fueron interpretadas como una afrenta a un país que ha padecido por décadas el flagelo del secuestro, buena parte de ellos realizados por las Farc, como consta en centenares de testimonios de familiares de los plagiados.

No se trata, pues, de un invento de los “francotiradores del proceso de paz”, como sostuvo con cinismo el jefe guerrillero. Según cifras de la fundación País Libre -la que mejor información posee sobre ese delito- entre 2002 y 2012 fueron secuestradas en Colombia 2.678 personas y de ellas hay en la actualidad 405 en poder de las Farc.

No hay razón para pensar que País Libre se inventa los secuestros en e país, entre otras cosas porque quien está al frente de la Fundación es Clara Rojas, una mujer que estuvo secuestrada por las Farc, como a todo el mundo le consta.

De manera que el tema del secuestro debe llegar a la mesa de negociación con todas las implicaciones que tiene y las Farc deberían tener el valor de asumir su responsabilidad y comprometerse con el país a entregar un listado completo de cuántas personas tienen hoy en su poder.

Eso es lo serio si quieren negociar en serio. Negarlo es sencillamente una burla no solo al Gobierno, sino al país. Y el Gobierno, por su parte, debe escuchar el clamor de quienes denuncian los casos de secuestro y responsabilizan a las Farc, organización que además está acostumbrada a mentir sobre este tema. Pretender ‘pasar de agache’ para no enturbiar los incipientes diálogos es un error que no debería cometer el Gobierno.

¿Santos dialoga por convicción o por desesperación?

Aunque hay quienes piensan que el presidente Santos llegó a la negociación con las Farc más por desesperación que por convicción, producto de su desplome en las encuestas, lo cierto es que el mandatario nunca descartó el diálogo con la guerrilla y siempre sostuvo que la “llave de la paz” estaba muy segura en sus bolsillos.

El asunto ahora es de tiempos, pues es claro que la negociación no se puede prolongar de manera indefinida, pues terminaría afectando tanto al Gobierno como a las Farc.

El primero porque sabe muy bien que su reelección depende directamente del éxito o el fracaso de las conversaciones, y las Farc porque deben entender que esta es la última oportunidad que tienen para abandonar las armas y reinsertarse a la vida civil con las garantías que el Gobierno les puede ofrecer.

De ahí que Santos haya dicho que no está dispuesto a convertirse en “rehén de las conversaciones” y que si no ve avances en la negociación el Gobierno se levantaría de la mesa.

@leydelmontes


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