La apuesta de Santos con sus nuevos ministros

Por Oscar Montes

Llevado por las circunstancias -léase bajón en las encuestas y reelección- el presidente Juan Manuel Santos decidió hacer cambios en su equipo de gobierno para afrontar “el segundo tiempo” de su mandato y poder culminar algunos de sus programas, o reorientar aquellos que aún siguen sin arrancar.

Para decirlo en términos santistas: el Presidente decidió cambiar los maquinistas de las locomotoras. Curiosamente, la forma como lo hizo causó desconcierto en un amplio sector de la opinión pública, pues optó por pedir la renuncia protocolaria a todo el gabinete, en lugar de hacerlo gradualmente, que responde mucho más a su talante.

El caso es que en estos momentos todos los ministros están renunciados, lo que no deja de producir un “estado de nervios” en los jefes de las carteras, quienes no saben si se levantarán al día siguiente como ministro titular o como exministro, o exministra.

Por ello se espera que el Presidente decida muy pronto con quiénes se queda y quiénes salen de los distintos ministerios. El cambio de los jefes de las carteras ministeriales debería darse sin mayores despliegues mediáticos, pues si existe una política gubernamental se entiende que quien llega al despacho simplemente seguirá aplicando dicha política y que, obviamente, lo que habrá es un cambio en el estilo de ejecutarla.

Pero el cambio de ministros no debería implicar modificar la política, pues se asume que la misma es trazada desde la cabeza misma del poder Ejecutivo, en este caso el Presidente de la República. Un expresidente liberal sostenía que siempre era bueno que los colombianos vieran caras nuevas en los carros oficiales y que para eso servían los cambios de ministros. ¿Será que se trata solo de caras nuevas?

¿Cuál debe ser el perfil de los nuevos miembros del gabinete?

El presidente Santos está ante la disyuntiva de escoger entre los técnicos o los políticos a los nuevos miembros del gabinete ministerial. Lo ideal sería encontrar a candidatos que cumplan las dos funciones, pero esos no abundan.

Si se inclina por los primeros, cuenta con la garantía del conocimiento que le brindan su condición de expertos en ciertos asuntos y si se decide por los segundos tendrá, sin duda, la ventaja que le ofrecen quienes saben lidiar con la clase política, que es la que termina decidiendo buena parte de las programas gubernamentales.

El balón está en la cancha del Presidente y es este quien decidirá cuál es el perfil de los jugadores que meterá a la cancha para que jueguen en el segundo tiempo del partido que empezó el pasado 7 de agosto. De los cambios que haga en la nómina se sabrá, además, las verdaderas intenciones de Santos con miras a su futuro político inmediato.

Un ministro como Horacio Serpa, por ejemplo, cuyo nombre está sonando con insistencia, le garantiza a Santos poder retomar el control del Congreso, que perdió con la salida de Germán Vargas Lleras y que no pudo recuperar con la llegada de Federico Renjifo, sobre todo después de la fallida Reforma Judicial, que dejó las relaciones del Ejecutivo con el Legislativo en su peor momento. Serpa podría ser útil, además, en una eventual negociación con las Farc.

En la actualidad la agenda legislativa se encuentra empantanada. Tanto es así que el Gobierno debió abstenerse de presentar la reforma tributaria que tenía planificada, así como la educativa, que debió retirar ante la protesta masiva de los estudiantes. De manera que Santos tendrá que resolver cuanto antes su dilema en el alma.

¿Santos le dará juego a la Costa en el nuevo gabinete?

La designación de un gabinete ministerial es una de las tareas más complejas que debe afrontar un Presidente. Y una de la más ingratas: cuando se saben las identidades de los escogidos, son más los inconformes porque no los nombraron que los felices por haber sido nombrados.

Esa misión se vuelve mucho más complicada cuando quien selecciona a sus nuevos colaboradores está pensando seriamente en reelegirse y se encuentra en franco descenso en las encuestas. Entre los factores que pesan está el origen de los nuevos ministros.

El gabinete no puede ser muy paisa, como en tiempo de Uribe, ni muy bogotano, como ahora con Santos. La dosis regional debe estar muy bien repartida para no exponerse a echarse encima la malquerencia de toda una región. Y en el caso de Santos, la Región Caribe espera una mayor y mejor representación en el gabinete. Están los nombres, tanto de hombres como de mujeres, capaces de ocupar distintas carteras. El Presidente tiene la palabra.

¿Dónde están los voceros auténticos del santismo?

Así como el país conoció el llamado ‘kínder de Gaviria’, varios de cuyos miembros son hoy figuras de primer nivel tanto en el sector público como en el privado, Juan Manuel Santos sigue sin poder consolidar el ‘gabinete santista’, que será el encargado de defender y promover las políticas del Gobierno de la Prosperidad Democrática en el futuro.

Esos representantes del santismo siguen sin aparecer y a dos años de terminar su mandato no se vislumbra la figura que reciba el testigo para continuar con las políticas del actual gobierno. Dentro del gabinete actual solo Juan Carlos Pinzón, en Defensa (ratificado); Federico Renjifo, en Interior; María Fernanda Campos, en Educación, y Sergio Díaz Granados, en Comercio, Industria y Turismo, podrían considerarse como ‘santistas pura sangre’ y de ellos los tres primeros han sido objeto de duras críticas por su desempeño.

A diferencia de Ernesto Samper, quien desde la época del Poder Popular se preocupó por formar cuadros que le permitieran gobernar desde la Casa de Nariño pero que, una vez en ella, debió afrontar la crisis del proceso 8.000 que afectó su gobernabilidad, Santos ha tenido un gobierno con viento a favor, pues su mayor crisis ha sido por causas naturales, como el crudo invierno que afrontó durante su primer año de mandato, y no por razones políticas.

Andrés Pastrana también debió cargar con el piano de la negociación del Caguán, que terminó afectando gravemente su favorabilidad en las encuestas. Santos, a diferencia de ellos dos, ha tenido mayor libertad de movimiento y por ello resulta incomprensible que aún sigan sin aparecer los auténticos voceros del santismo en el futuro de la política colombiana.

¿Qué pasa con las mujeres y los afrodescendientes?

En varias oportunidades el presidente Santos ha dicho que la Ley de cuotas, en lugar de promover a más mujeres en el gabinete, termina por afectar la designación de un número superior al fijado por dicha norma.

La designación de un gabinete con una destacada participación femenina, tanto en número como en calidades profesionales, enviaría al país un mensaje contundente acerca de las verdaderas motivaciones de Santos con respecto a la participación de la mujer en su gabinete.

Pero donde el Gobierno sigue estando en deuda es, sin duda, en lo que tiene que ver con el nombramiento de afrodescendientes en altos cargos del Gobierno, incluyendo, obviamente, ministros y ministras.

De hecho, Laura Moreno en Cultura, en tiempos de Álvaro Uribe, ha sido la única ministra afrodescendiente designada por un gobierno en los últimos años. Santos tiene esa deuda pendiente y sería muy bueno que en esta oportunidad envíe la señal que se está frente a un gobierno incluyente.

Por Óscar Montes
@leydelmontes

Compartir: