Touch, Tocados y ¿Vencidos?

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POR: MARÍA ISABEL BASTEIRO M.

Corresponsal en Europa

Muchos analistas afirman que el terrorismo musulmán está en los estertores de la muerte. Palabras como desarticulación, células aisladas, ataques desorganizados, división… se están escuchando muy a menudo, a pesar de los recientes ataques. El último, hoy en la estación de metro Parsons Green de la capital Londinense, que dejó un saldo de 29 heridos.

Número reducido de atacantes, armas falsas, terroristas asesinados, no inmolados, guían la mirada hacia grupos que comparten la causa pero no ejecutan acciones dirigidas por la organización terrorista musulmana. Al menos eso parece.

¿O debemos decir organizaciones terroristas, en plural? Al Qaeda está algo resentida, sin duda alguna, y hace frente a la carrera ascendente del IS o Estado Islámico y cuyo líder es Abu Bakr Al Bagdadi. Éste último y sus miembros llevan quince años viviendo la Yihad o ley islámica religiosa según la cual se llama a la guerra en nombre de Alá. Deformada o no, esta ley de defensa del Islam ha sido la base este terrorismo desde antes de manifestarse el 11 de septiembre de 2001, en el atentado a las torres gemelas, en Nueva York.

El horror de hoy en Londres, es una muestra más de que organizados o no, no hay tales estertores, menos cuando el futuro se plantea tan claro para Al Qaeda. Y ese futuro se llama Hamza Bin Laden, hijo predilecto de Osama Bin Laden y quien vivió de cerca el fundamentalismo religioso de su padre y sus planes de guerra contra el mundo occidental.

El niño que aparecía empuñando un rifle hace más de una década, tiene veinticinco años y jura vengar la muerte de su padre ayudado de sus muyahidines, algo así como “cruzados” modernos.

Su punto de mira sigue siendo Estados Unidos, país al que odia a muerte -nunca mejor dicho- y contra el que dirigirá sus mayores esfuerzos de destrucción, así como contra los judíos para purgar Palestina y liberar Jerusalem.

De otra parte, está el IS, rama de Al Qaeda nacida en Irak. que pretende, como es bien sabido, recuperar el “Califato” para el mundo árabe. Si al heredero de Bin Laden lo mueve la venganza y la guerra santa, al IS lo mueven sus ansias de poder gritando a los cuatro vientos su “baya” o fidelidad al califa, blandiendo la espada de la fe. Estos herederos de aquel grupo liderado por Bin Laden, un árabe desconocido para el mundo hasta el 2001, se independizaron y actúan ahora por cuenta propia.

Quizás tanto unos como otros estén algo derrotados, pero de desorganización a fin total hay mucho trecho todavía. Así parece demostrarlo la cadena de atentados que vienen sufriendo los países europeos, casi mes tras mes. El IS reivindica éste último hecho, cómo no. Para ellos, ese “control” de Europa es fundamental.

¿Que no hay atentados de gran magnitud? No son necesarios. Uno donde -en nombre de Alá- se cometa un asesinato, es más que suficiente y será siempre repudiado.

Dos grupos fundamentalistas religiosos caóticos que crean caos significan dos frentes, dos causas y don fuegos para apagar. Y por lo tanto no hay fin, al menos inmediato.

Tanto Al Qaeda como el IS están como en esgrima “tocados”; pero lejos, creo, de ser vencidos. Ojalá el tiempo NO me dé la razón.

 

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