Pido la Palabra, ¿llegó la hora de una tercería exitosa?

Por Oscar Montes

La política nacional recibió esta semana una bocanada de aire fresco con el lanzamiento en Medellín del movimiento Pido la Palabra, del que hacen parte destacados dirigentes políticos, entre quienes sobresalen el exalcalde de Bogotá y excandidato presidencial Antanas Mockus, el exministro y exconstituyente Antonio Navarro, la exministra Cecilia López Montaño, el exministro José Antonio Ocampo, el exmagistrado de la Corte Constitucional José Gregorio Hernández, el exalcalde de Medellín Alonso Salazar, la politóloga y analista Claudia López, el columnista Pedro Medellín, la exdirectora de la Dian Fanny Kertzman, entre otros connotados líderes nacionales.

Se trata, pues, de una lista de verdaderos pesos pesados, cuyo reconocimiento nacional no admite dudas y quienes cuentan con una enorme audiencia.

El surgimiento del movimiento Pido la Palabra coincide con el momento en que la política nacional empieza a polarizarse entre las posturas del presidente Juan Manuel Santos y el expresidente Álvaro Uribe.

Es decir, de entrada Pido la Palabra tienen un enorme potencial electoral, pues cada día es más evidente el creciente número de potenciales electores que no comulgan ni con las posturas extremas de Uribe, pero tampoco comparten los programas y propuestas de Santos. “Colombia lleva años coqueteándole a una tercería, pero hasta ahora ninguna se ha consolidado”, me dijo un analista con quien conversé sobre el futuro político de Pido la Palabra. Aunque apenas comienza a diseñarse el tablero político del 2014, es claro que Pido la Palabra será protagonista de primer nivel y sus integrantes jugarán duro y serán determinantes a la hora de los resultados.

¿Una suma de matices o coherencia ideológica?

Uno de los grandes retos que tiene el Movimiento Pido la Palabra para consolidarse como alternativa de poder es lograr armonizar dentro de un solo colectivo a tantos líderes políticos con posiciones y pensamientos tan diversos.

Y si bien es cierto que entre varios de ellos hay mucha afinidad -como ocurre con Cecilia López Montaño y José Antonio Ocampo-, también es cierto que varios de ellos han estado en orillas diferentes, como sucede con el exministro Antonio Navarro y el exmagistrado de la Corte Constitucional José Gregorio Hernández. Mientras el primero es un consumado líder de la izquierda democrática del país, el segundo ha militado la mayor parte de su vida en las filas del Partido Conservador.

Y si bien es cierto que la diversidad enriquece las posturas políticas, no es menos cierto que la coherencia ideológica es la que termina definiendo la suerte de los movimientos y partidos políticos. La época en que la “suma de matices” definía a los partidos políticos quedó atrás.

La esencia está en lograr la despolarización

La creación del Movimiento Pido la Palabra es la primera respuesta concreta que recibe el llamado Puro Centro Democrático, que sigue las orientaciones de Álvaro Uribe Vélez, Fernando Londoño Hoyos y José Obdulio Gaviria, que a su vez fue lanzado en el Club El Nogal de Bogotá para oponerse a las aspiraciones reeleccionistas de Juan Manuel Santos.

Poco a poco se está conformando el tablero en el que habrá de jugarse la partida por las elecciones presidenciales y de Congreso de 2014, donde cada uno de ellos jugará un papel determinante en el futuro político nacional. La llegada de Pido la Palabra al espectro político nacional significa, en primer lugar, la despolarización que se ha venido cocinando desde que Santos y Uribe decidieron romper cobijas, luego de que este último enfilara baterías contra quien fuera su Ministro de Defensa. Pero significa también abrir el abanico de ofertas para que los colombianos puedan escoger acerca de los principales problemas nacionales.

Tanto Santos como Uribe, quienes son hoy por hoy los ejes que polarizan la política nacional, deberán diseñar estrategias y programas en los que se encuentren representados aquellos electores que, como ocurrió en las pasadas elecciones presidenciales con la campaña de Antanas Mockus, buscan nuevas ofertas electorales. Como bien lo dijo la politóloga y analista Claudia López, Pido la Palabra es “un colectivo de ciudadanos demócratas e indignados que buscan ejercer la controversia con argumentos y propuestas, alejados de la polarización política y la demagogia”. Se trata, pues, de una interesante propuesta política cuyo futuro dependerá de qué tanto pueden transmitir sus propuestas a los colombianos.

Ni Santos, ni Uribe, ni Piedad Córdoba, esa es la clave

Es obvio que un movimiento que se crea para tratar de despolarizar la política nacional lo que pretende es jugar duro en las próximas elecciones, pues sus integrantes saben muy bien que quien logre calar fuertemente en ese nicho electoral tiene asegurado el protagonismo en las próximas elecciones.

De hecho, buena parte de quienes hoy hacen parte de Pido la Palabra, en el pasado reciente apostaron a fórmulas que buscaban convertirse en opción real de poder a partir de una propuesta de centro. A diferencia de Uribe, que apuesta cada día más a radicalizar las posturas políticas de los colombianos, y de Santos, que al responderle con las mismas armas, también contribuye a la polarización, los militantes de Pido la Palabra apuestan por el diálogo y las salidas concertadas, que es uno de los pilares de la política moderna. Ahí radica la fortaleza de Pido la Palabra. Ni Uribe, ni Santos, pero tampoco Piedad Córdoba con sus posturas radicales y extremas.

@leydelmontes


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