¿Qué le espera a Santos en sus dos últimos años de gobierno?

Por Oscar Montes
Los asesores del presidente Juan Manuel Santos -nerviosos por los resultados de las encuestas, que lo muestran en caída libre- creen que la solución está en hacer que se parezca a Álvaro Uribe y por cuenta de ello hemos empezado a ver al Jefe del Estado con sombrero vueltiao, montando a caballo y pidiendo cuentas en público a sus funcionarios, como si en lugar de una Acuerdo para la Prosperidad estuviéramos presenciando un Consejo Comunitario. Nada más equivocado, pues el secreto de Santos -sobre todo en sus primeros meses de gobierno, cuando alcanzó los 78 puntos de favorabilidad en las encuestas- había sido, precisamente, no parecerse a Uribe. Algo que, además,el propio Santos se encargó de promover cuando señalaba que “Santos es Santos y Uribe es Uribe”.Pretender ‘uribizar’ a Santos es un error por parte de sus asesores, pues es evidente que se trata de dos mandatarios con estilos y visiones muy distintas sobre el manejo de los asuntos del Estado. A Santos no le luce ni el poncho ni el sombrero, como a Uribe tampoco le queda bien el sacoleva.

Santos tiene talante conciliador y buenas maneras, Uribe prefiere arreglar los pleitos subiéndose las mangas de la camisa. Ahora que Santos está a pocas horas de iniciar su tercer año de mandato, cuando comienza a sentir el sol sobre su espalda, es evidente que no solo tiene que replantear su estrategia de comunicaciones -que no ha funcionado- sino que debe hacer ajustes en sus políticas y para ello también debe recomponer su gabinete. De ese golpe de timón depende el futuro político de Santos, concretamente en lo que tiene que ver con su reelección. Los resultados muestran, por ejemplo, que la seguridad nacional, especialmente en zonas rurales, está resquebrajada y que no solo es un asunto de percepción. Las locomotoras sociales siguen sin arrancar y ello se muestra en las encuestas. De manera que para estos dos últimos años de gobierno de Santos se hace necesario que empiece a aplicar la máxima de todo gobernante, que no es otra que la de maximizar sus virtudes y minimizar sus defectos. Santos y sus asesores creen que pretender parecerse a Uribe es una virtud, cuando lo que tiene que hacer es distanciarse mucho más de su antecesor. Es claro que no se trata de sombreros y caballos.

Lejos de la “revolución social”

Aunque el presidente Santos ha dicho que a partir de ahora es cuando se empezarán a ver los resultados de sus políticas, especialmente las relacionadas con los sectores sociales, lo cierto es que el desencanto que existe en varios sectores de la población comienza a ser generalizado, como lo muestran las encuestas, donde bajó del 50 por ciento de aprobación. Estar por debajo del 50 por ciento de aprobación es malo para un Presidente en ejercicio, pero es pésimo para un Presidente que aspira a ser reelegido. Y en el caso de Santos, todo parece indicar que esa opción aún hoy no ha sido descartada. La gran apuesta de Santos para estos dos años que le quedan de mandato apunta a concretar la que él llama la “revolución social” y que busca favorecer a los “más pobres entre los pobres”. Entre estas políticas la que empieza a mostrar mejores resultados es la de viviendas gratuitas a las clases menos favorecidas que lidera el ministro Germán Vargas Lleras. El sector de la salud sigue en estado crítico en materia de atención a los usuarios y lucha contra la corrupción. Igual sucede en educación, donde se pospuso la reforma estructural. Y en materia de restitución de tierras, es poco lo que se ha hecho ante la gravedad de la situación.

Un Gabinete con “fatiga de metal”

En la encuesta del diario ‘La República’, que mide la gestión de Santos y su Gabinete, los ministros mejor calificados por los empresarios del país son la Canciller, María Ángela Holguín, (3.8%), y el de Turismo y Comercio, Sergio Díaz-Granados, (3.7%); mientras que se rajan la de Salud, Beatriz Londoño, (2.9%); Transporte, Miguel Peñaloza, (2.8%); Medio Ambiente, Frank Pearl, (2.8%); Defensa, Juan Carlos Pinzón, (2.8%), y el último lugar lo ocupa el del Interior, Federico Renjifo, (2.5%). El ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, una de las estrellas del Gabinete, bajó 0.9% y es calificado con un 3.3%. Se trata de un gabinete con “fatiga de metal”, como dicen los expertos en aviación, lo que obliga a Santos a pensar en renovarlo, especialmente en sectores que aún no muestran resultados contundentes. Los casos que más llaman la atención son los de Salud, Educación, Transporte, Defensa e Interior, que son, curiosamente, los peor calificados por los empresarios consultados por ‘La República’. De ellos, el de Transporte es el más comprometido, sobre todo por las denuncias sobre los negocios de sus empresas familiares con el Estado.

Seguridad, las cifras son contundentes

El tema de la seguridad es desde el comienzo de su mandato el Talón de Aquiles del Gobierno. Y las cifras indican que quienes critican a Santos por no mostrar resultados en ese frente tienen razón, pues es evidente que sí ha ocurrido un escalonamiento del orden público, sobre todo por las acciones terroristas de las Farc y las llamadas bacrim. Un estudio reciente del Centro Seguridad y Democracia de la Universidad Sergio Arboleda muestra que los ataques de las Farc a la Fuerza Pública pasaron de 56 en 2008 a 235 en 2011, es decir crecieron en un 320%. Losretenes ilegales de la guerrilla pasaron de 9 a 13 y los actos de sabotaje contra la infraestructura económica, de 26 a 29. Los secuestros se incrementaron de 15 a 20, con un aumento del 33%. El año pasado los ataques de las Farc en el Cauca fueron 107, seguido de Nariño, donde la guerrilla efectuó 56 y Arauca, que fue blanco de 48 ataques. El año pasado 155 municipios del país padecieron algún tipo de acción violenta, lo que significa un incremento del 31 por ciento, si se compara con los 124 de 2008. Es en este frente donde Santos tiene que hacer su mayor esfuerzo en materia de resultados.
@leydelmontes

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