No gobierne como su antecesor

BOGOTÁ, 30 de Julio_ RAM_....  Alguien tiene que decírselo, Señor Presidente, con respeto. Es deplorable verlo y oírlo  diciendo que está gobernando con parte de lo que su antecesor  llamó los tres huevitos. Que por haber sido mal fecundados  no han permitido la construcción, sobre las cenizas de una nación con casi  60 años  de violencia  y simultáneamente sobre la pobreza de unos 30  millones de colombianos, de un Estado más responsable con un gobernante menos fantasioso y  que nunca incurra en mentiras ante sus electores.

Colombia nunca tendrá Prosperidad para todos y  los campesinos nunca  podrán ser  convertidos en un Juan Valdez con bienestar mientras no haya paz ni seguridad.

(Un Juan Valdez que progrese, por supuesto, porque los cafeteros hoy día y desde el mandato anterior andan como limosneros gracias a los errores de quienes  entre las muchas metidas de  pata han permitido que en el país, siendo un territorio donde se produce el mejor grano del mundo, se desayune con gaseosa y no  con café, los que en una jugada sucia se apropiaron de su nombre cuando este fue creado y dejado por Arturo Gómez Jaramillo como un legado para los cafeteros sin distinción alguna)

La inseguridad, que lo obliga a Usted a tener más de dos huevos, es creciente y  la que  debiera conducirlo a que no piense otra vez en decir que sigue cuidando  los tres huevitos hueros que hicieron imposible la seguridad, la cohesión social  y una autentica confianza de inversionistas extranjeros que vengan a crear grandes factorías y no de avivatos que  nos aprovechan  y entonces se apropian de lo poquito hecho por   la incapacidad de los empresarios colombianos que se contentan con  migajas porque el ideario de los que dirigen  no les da para más.

Nada será posible sin una verdadera paz nacional  en todo el territorio y no apenas en sectores de unas tres ciudades.

No adopte, Señor Presidente, comportamientos que lo identifiquen con su antecesor. Por el contrario, Usted lograría una gran popularidad y hasta la re elección si consigue  hacer lo que el antecesor nunca quiso hacer y lo que le habría sido imposible concebir, por su formación: La paz.

La paz. Usted puede hacerla. Toque una trompeta y la gente acudirá a su llamamiento, Colombia toda lo respaldará. Pero no imponiéndola, como usted lo advierte con un lenguaje pendenciero, porque eso no sería paz, sino negociándola de tú a tú con quienes desconocen normas del Estado, y a Usted como jefe de dicho Estado, y para todos, le tocaría entregar tierras, agua, salud, vivienda y posibilidades de empleo  y de producción justamente en los lugares donde otros reclutan gentes pobres para la defensa de sus intereses arbitrarios.

Lo más triste, Señor Presidente, es que la que sufrimos es una guerra despiadada entre pobres.

Para emprender una tarea de tales proporciones, la de la paz, Usted podría tener en cuenta que su  apellido y la historia de  éste,  si se  analiza desprevenidamente, podrían tener buenas consideraciones en tanto que el nombre de su antecesor solo está vinculado con una guerra mortal.

No trate, pues, de ganar favorabilidad diciendo que gobierna con parte de los huevitos de su antecesor. Porque en el mandato de aquel  Colombia se criminalizó tanto que hoy Usted y nosotros tenemos que padecer a unos medios haciendo toda la parrillada con lo que toman como el legado de narcotraficantes criminales.

Uno de esos medios, tratando de distraer a la gente en su tarea destructora, hizo programas,  dizque para analizar la corrupción y el narcotráfico, en los cuales fueron entrevistados  ex presidentes, ex alcaldes, escritores, poetas,  periodistas, locutores y políticos de todas las  pelambres y hasta un ex sicario. Los dirigentes y periodistas no dijeron nada importante. Y vino  la sorpresa. El ex sicario dijo que el país de  hoy es más corrupto que cuando mandaba su patrón del mal, que hay más narcotraficantes porque los grandes capos que fueron eliminados se han remplazado por otros muchos que  han multiplicado la corrupción. En fin, que el país es peor. Un escritor dijo que eso pasaba  porque el Estado es débil y débil el gobernante. Y un columnista costeño insinuó que todo pareciera ser así porque la pobreza lleva a  sus gentes  a aprovechar oportunidades que tienen para salir de ella.

El señor de los tres huevitos logró espantar a los guerrilleros de algunas carreteras y de muchos municipios, pero durante su  mandato el país se criminalizó como ninguna pesadilla lo había hecho posible. Y algo peor: el país se enfermó más en los servicios de salud, que cayeron en manos corrompidas, y que son más que insuficientes para unos colombianos que por carecer de agua potable, siendo nación rica en recursos hídricos,  aparecen como un ejército de muertos de hambre corriendo detrás de un balón.

Haga la paz, Señor Presidente. El campo está abonado. Solo falta la decisión.

Porque si insiste en resignarse a   gobernar con las premisas  guerreras de su antecesor, pasará a la historia como inferior a aquel, y ésa si sería una desgracia para quien entonces no habría sabido aprovechar los respaldos partidarios en el país y  en el Congreso.

Respetuosamente

Elkin Mesa Muñoz

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