Presidente y Vicepresidente: relaciones tormentosas

Por Oscar Montes.

La llamada que Angelino Garzón habría hecho al senador Juan Carlos Vélez, en la que le habría manifestado su respaldo a una Asamblea Nacional Constituyente, fue interpretada como la formalización de la oposición del Vicepresidente a su jefe inmediato, el presidente Juan Manuel Santos, quien se ha mostrado muy incómodo y hasta molesto con la situación planteada, pues como se sabe el mandatario expresó el pasado 20 de julio ante el Congreso que el Gobierno no respaldará ninguna iniciativa que atente contra la estabilidad del Congreso, como una Constituyente o un referendo revocatorio. Para salir de dudas acerca del verdadero pensamiento de Garzón, el propio Presidente visitó a su Vicepresidente en su residencia y le preguntó sobre el delicado asunto.

Según Santos, Garzón negó que hubiera respaldado la Constituyente. No obstante, el senador Vélez -el más uribista del Congreso- se reafirmó en que el Vicepresidente sí le había expresado su apoyo a la iniciativa. De modo que, hasta que el propio Garzón diga si respalda o rechaza la Constituyente, el país sigue sin saber cuál es su verdadera posición sobre el delicado asunto. Ante la difícil situación que se ha presentado, varios congresistas decidieron revivir la figura del Designado, iniciativa que cuenta con el beneplácito de Santos. Pero no es la primera vez que un Presidente no tiene relaciones cordiales con su Vicepresidente. De hecho, la historia colombiana está llena de malas relaciones, y hasta traiciones, entre ellos. Desde Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, hasta Ernesto Samper y Humberto de la Calle, pasando por Manuel Antonio Sanclemente y José Manuel Marroquín, entre otros, Colombia es terreno abonado para los desencuentros entre el primero y el segundo hombre de la Nación. De manera que lo extraño no es que Presidente y Vicepresidente tengan malas relaciones, lo extraño es que sean buenas.

Juan Manuel Santos y Angelino Garzón
La escogencia de Angelino Garzón como fórmula vicepresidencial de Juan Manuel Santos obedeció, fundamentalmente, a una muy bien elaborada estrategia de mercadeo electoral encaminada a darle a Santos un toque popular del que carecía. Angelino Garzón llegó a la campaña presidencial, y luego al Gobierno, a “desestratificar” a un candidato y a un Presidente que ha sido identificado tradicionalmente con los sectores más poderosos e influyentes del país. Desde el comienzo del mandato de Santos, su Vicepresidente mostró independencia y autonomía en varias decisiones, entre ellas la que fijaba el salario mínimo, donde Garzón tomó partido abiertamente a favor de los trabajadores. Las diferencias entre el Presidente y su Vicepresidente se hicieron cada día más notorias hasta el punto de que la postulación de Garzón a la OIT fue interpretada como el deseo de Santos de alejarlo de Palacio. La enfermedad del Vicepresidente y su supuesto respaldo a una Asamblea Constituyente, promovida por congresistas afines a Álvaro Uribe, abrió la posibilidad de que sea revivida la figura del Designado a la Presidencia. Así las cosas, una vez más quedó demostrado que las relaciones entre Presidente y Vicepresidente han sido y son tormentosas. Esa es la regla.

Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander
Sin ser los mejores amigos, las relaciones entre Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander fueron políticamente correctas, hasta que el Libertador se va para el Perú en 1823 a continuar la Campaña Libertadora. Desde allí empieza a pedirle a Santander -quien se había quedado en Santa Fe de Bogotá al frente de la Presidencia- más hombres y pertrechos para sostener la guerra. Pero la respuesta de Santander es muy lenta, pues alega que las asistencia a las tropas debe hacerse con apego a la Ley. Al regresar a Santa Fe, Bolívar comienza a redactar la Constitución Boliviana en la que establece una Presidencia vitalicia, que fue rechazada por Santander, quien defendía la elección popular del Presidente y el control político por parte del Congreso. Ese hecho produjo la ruptura irreconciliable entre los dos próceres. En agosto de 1828, Bolívar decide abolir la Constitución de Cúcuta y destituye a Santander como Vicepresidente, al tiempo que elimina ese cargo. Más tarde, el 25 de septiembre, Bolívar es objeto de un atentado que estuvo a punto de costarle la vida y del que logra sobrevivir gracias a la oportuna intervención de Manuelita. Aunque el atentado fue dirigido por el coronel venezolano Pedro Carujo, el Libertador siempre responsabilizó a Santander y sus aliados. Desde entonces los bolivarianos han definido a Santander como traidor y como el enemigo político más poderoso que tuvo el Libertador. Es evidente que la afinidad política entre los dos próceres fue prácticamente nula, hasta el punto de que uno es considerado el padre del Partido Conservador (Bolívar) y el otro del Liberal.

Ernesto Samper y Humberto De la Calle
El triunfo de Ernesto Samper a la Presidencia de la República en 1994 dio origen al mayor escándalo de corrupción política en la historia reciente del país. En efecto, el llamado Proceso 8.000 marcó para siempre el mandato de Samper, pues dejó en evidencia el ingreso a su campaña de varios millones de dólares provenientes del cartel de Cali. Desde el mismo día del triunfo, Samper fue objeto de duros cuestionamientos por parte del candidato perdedor, Andrés Pastrana, quien lo señaló de tener conocimiento del ingreso de los dineros del narcotráfico. La gravedad de la crisis produjo una grave ruptura entre el Presidente y el vicepresidente, Humberto de la Calle, quien, luego de múltiples consultas y de duros enfrentamientos con el jefe del Estado, decidió renunciar a la Vicepresidencia. El retiro de De la Calle le permitió a Samper designar a un Vicepresidente de su confianza, el liberal caucano Carlos Lemos Simmons. Las relaciones de Samper con De la Calle, también se rompieron de forma definitiva y -al igual que Santander con Bolívar y Marroquín con Sanclemente, los amigos del Presidente lo consideran un traidor. No obstante, De la Calle ha explicado en múltiples ocasiones que su distanciamiento con Samper no tuvo nada que ver con lealtades al mandatario, sino con principios éticos y morales que lo llevaron a separarse del cargo, luego de que se conocieran las serias denuncias por parte no solo de la campaña pastranista, sino de la propia DEA. De la Calle es, pues, otro Vicepresidente malquerido por su Presidente.

José M. Marroquín y Manuel Sanclemente
En 1898 el Partido Conservador gana la Presidencia de la República con Manuel Antonio Sanclemente, quien tiene como vicepresidente a José Manuel Marroquín Ricaurte, más ambicioso, que el octogenario mandatario. Al enfermar Sanclemente, la Presidencia pasa a ser ocupada por Marroquín, quien se compromete a ocuparla por tres meses, mientras el Jefe del Estado supera sus dolencias. Marroquín se amaña en el cargo y crea causa común con el sector más poderoso e influyente del conservatismo y decide declararle la oposición a Sanclemente, a quien no solo saca de la Presidencia sino que manda a prisión. El paso de Marroquín por la Presidencia resultó funesto para el país, pues durante su mandato se inicia la Guerra de los Mil Díaz y se da la separación de Panamá. Si en el caso de Bolívar y Santander existen dudas acerca de la posible traición del Hombre de la Leyes al Libertador, hasta el punto de que los santanderistas lo niegan plenamente, en el caso de Sanclemente y Marroquín no queda ninguna duda de que desde la Vicepresidencia este último se dedicó a conspirar contra quien era su jefe natural y la persona a quien le debía lealtad. La escogencia de su Vicepresidente fue, sin duda, la más grande equivocación que cometió Manuel Antonio Sanclemente.

Por Óscar Montes
@laleydelmontes

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