Santos y el Congreso: ¿ahora qué sigue?

Por Oscar Montes

El único momento en que el presidente Juan Manuel Santos recibió pleno respaldo durante la instalación de las nuevas sesiones del Congreso el pasado 20 de julio fue cuando pidió una ovación para el sargento Rodrigo García, del Ejército Nacional, el mismo que fue sacado a la fuerza por las comunidades indígenas del Cauca la semana pasada.

El mensaje de los congresistas fue contundente y mostró lo que serán las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo desde el viernes pasado: pleno respaldo a las Fuerzas Militares y marcado distanciamiento del Presidente de la República. Y es que, así Santos pretenda nuevos acercamientos con el Congreso, es evidente que las heridas que produjo el fracaso de las Reforma a Justicia siguen abiertas, sobre todo porque en el Capitolio Nacional no le perdonan al Presidente el hecho de haber dejado ‘colgados de la brocha’ a los parlamentarios y haberlos responsabilizado de los ‘micos’ que le engancharon a la iniciativa. “Santos se equivocó y el Congreso no tardará en pasarle la cuenta de cobro”, me dijo un senador conservador a quien le pregunté sobre el discurso presidencial y su impresión sobre lo que serán las relaciones de aquí en adelante. Desde hacía mucho tiempo un discurso de instalación de sesiones ordinarias del Congreso no era recibido con tanta frialdad por parte de la clase política. De hecho, las únicas veces que Santos fue aplaudido fue cuando se refirió a los éxitos de las Fuerzas Armadas en su lucha contra grupos guerrilleros. Los resultados en materia económica, así como los logros con los tratados comerciales del país, pasaron desapercibidos para un Congreso que, sin duda, está cargado de tigre y ello podría comprometer la suerte de varias iniciativas gubernamentales, entre ellas la reforma a la Justicia Penal Militar.

La Unidad Nacional tiene grietas

Aunque el presidente Santos se cuidó muy bien de destacar los logros obtenidos por la Unidad Nacional, que respalda a su gobierno, es evidente que la misma presenta fisuras internas y que el control de la misma resultará ahora mucho más complicado. De hecho, congresistas conservadores y del Partido de La U expresaron sus reservas a futuras iniciativas gubernamentales si el Gobierno no cambia su actitud y se muestra mucho más solidario con la clase política. Ni siquiera el anuncio de Santos de no respaldar ningún tipo de iniciativa que atente contra el Congreso, como la convocatoria a una Asamblea Constituyente o un referendo revocatorio, contó con el respaldo unánime del Congreso, lo que muestra el mal momento que atraviesan las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. En el caso del Partido de La U, parece que el expresidente Álvaro Uribe ha logrado tender puentes de acercamiento con congresistas distintos al senador Juan Carlos Vélez, reconocido hasta ahora como el uribista AAA. Del lado conservador también es indudable que el entusiasmo con que eran acompañadas las iniciativas de Santos ha bajado de intensidad, hasta el punto de que anunciaron respaldo a la agenda legislativa pero condicionada a sus aspiraciones colectivas. “No habrá respaldo incondicional” anunció un dirigente conservador.

Santos debe meterle mano al Gabinete

Una de las conclusiones a las que llegaron los partidos que hacen parte de la Unidad Nacional, horas antes de la instalación de las sesiones del Congreso, entre ellos el Partido Conservador, es que se hace necesario que el Presidente modifique su Gabinete, pues consideran que hay ministros y ministras que cumplieron sus períodos, estuvieron por debajo de las misiones asignadas, o han sufrido un gran desgaste. Los conservadores hablan concretamente de dos ministras: la de Salud, Beatriz Londoño; y la de Educación, María Fernanda Campo, quienes recibieron “matrícula condicional” por parte de varios dirigentes de la Unidad Nacional. Otros ministros que empiezan a ser objeto de reparos por parte de la clase política son los de Agricultura, Juan Camilo Restrepo; y hasta la propia Canciller, María Ángela Holguín, quienes hasta hace muy poco tenían la condición de intocables dentro del gabinete ministerial. Al primero le cuestionan la lentitud con que avanza la política de Restitución de Tierras, que es la gran apuesta de Santos para el campo y las víctimas del conflicto armado; y a la segunda le critican duramente las desafortunadas declaraciones sobre un posible fallo del Tribunal de La Haya desfavorable a Colombia sobre la soberanía de la isla de San Andrés y Providencia.

¿Qué pasó con la llave de la paz con las Farc?

El hecho de que Juan Manuel Santos no se haya referido durante su discurso del pasado 20 de julio en el Congreso a la “llave de la paz”, como en ocasiones anteriores, llamó poderosamente la atención a los analistas, quienes creen que en estos dos años que le quedan para terminar su mandato, el Presidente será mucho más “tropero”, aunque muchos creen que la paz seguirá en su agenda pero con muchas más reservas. Los recientes episodios del Cauca, donde las comunidades indígenas terminaron enfrentadas al Ejército y a la Policía, que fueron objeto de múltiples agresiones, llevaron a Santos al convencimiento de que las Farc -a las que señala de azuzar a las comunidades y de manipular a varios de sus líderes- aún mantienen un poder perturbador y que por lo tanto se requiere de golpes militares más contundentes que las obliguen a pensar seriamente en la posibilidad de negociar con el Gobierno. “Santos no se ha olvidado de la llave de la paz. Lo que pasa es que por ahora tiene que echarle un nudo al bolsillo, porque si no se le pierde”, me dijo un senador liberal, amigo de la salida negociada del conflicto y promotor del diálogo con los grupos insurgentes. Quienes conocen a Santos sostienen, por su parte, que el hecho de que no haya hablado de paz no quiere decir que esté descartado ese escenario.

Roy Barreras, una Presidencia resistida y controvertida

La llegada de Roy Leonardo Barreras a la Presidencia del Senado no garantiza la armonía de las bancadas que integran la llamada Mesa de Unidad Nacional. Todo lo contrario: podría comprometer el trámite de varias iniciativas, pues se trata de un congresista controvertido y resistido por un buen número de sus colegas. De hecho, su elección contó con menos votos de los que esperaban quienes respaldaron su candidatura. El caso es que hoy a Barreras los santistas lo miran con recelo y los uribistas lo señalan con desconfianza, lo que no deja de ser un asunto bien complicado, pues son los santistas y los uribistas quienes conforman el grueso de la Unidad Nacional. Las pésimas relaciones que tiene Barreras con el expresidente Álvaro Uribe, quien es jefe natural de La U y goza de admiración en el Congreso, jugará en contra del nuevo presidente del Congreso a la hora de respaldar alguna iniciativa gubernamental. Barreras deberá ‘ferrocarrilear’ una agenda con varias iniciativas fundamentales para el Gobierno, como las reformas a la Justicia Militar, las CAR y las consultas previas, así como el Estatuto de Desarrollo Rural. Del éxito o el fracaso en el desempeño de sus funciones dependerá de qué tanto se curen las heridas entre Santos y el Congreso, aún abiertas.

Compartir: