Hundida la Reforma, ¿qué sigue para Santos?

Por Oscar Montes

Después de lograr su propósito de hundir la Reforma Judicial, ante el tsunami de protestas que se desató por las redes sociales, el presidente Juan Manuel Santos quedó en el peor de los mundos, pues no solo perdió el respaldo en el Congreso, que había sido su gran aliado, sino que la opinión pública empezó a pasarle la cuenta de cobro del manejo que le dio a la crisis institucional que se desató.

De hecho, varios congresistas con los que hablé me dijeron que se sentían traicionados por Santos, utilizados por los ministros y dolidos por el trato que les dieron. “A Santos le pareció muy chistoso decir en Medellín que prefería entregar casas allá que cazar ‘micos’ en el Congreso en Bogotá, como si esos ‘micos’ no hubieran sido criados y engordados por el Gobierno”, me dijo un senador conservador, quien no ocultó su profundo malestar con la situación.

Y en lo que tiene que ver con el sentir de la opinión pública, las encuestas muestran que la tendencia negativa que venía mostrando el Presidente empieza a tornarse en una preocupante caída libre, que comienza a comprometer sus planes reeleccionistas.

Santos está llegando, pues, a una peligrosa encrucijada que podría tentarlo, inclusive, a adoptar medidas extremas y abiertamente antidemocráticas, escenario que él mismo se encargó de descartar en su alocución cuando pidió hundir la Reforma al afirmar que el Gobierno descartaba las “vías de hecho”.

Al pretender desmarcarse del Congreso, Santos logró el efecto contrario: la opinión pública no mordió el anzuelo de que las virtudes eran suyas y los defectos de los congresistas, al punto de que sumó a su cuenta personal el desprestigio del Congreso. Ahora deberá aferrarse a una especie de ‘relación burlesca’ que lo obliga a convivir con quienes lo están queriendo muy poco.

La situación precaria del ministro Renjifo

Si bien es cierto que la debacle de la aprobación y posterior hundimiento de la Reforma Judicial le costó la cabeza al ministro Juan Carlos Esguerra, quien con entereza reconoció su error y su falta de olfato para evitar los goles que le metieron durante la conciliación del Acto Legislativo, no se puede ocultar que el ministro del Interior, Federico Renjifo, quedó golpeado de un ala y su situación hoy es bastante precaria, hasta el punto de que Juan Manuel Santos debería considerar la conveniencia y los riesgos de mantenerlo en el gabinete.

El funcionario que debe responderle al Presidente por sus relaciones con los congresistas y la persona encargada de manejar los hilos en el Parlamento no puede quedar en una situación tan incómoda como quedó Renjifo, hasta el punto de que en la Cámara de Representantes lo chiflaron y en el Senado no lo dejaron hablar. Renjifo, quien tiene fama de ser un buen tipo, no solo no protegió la figura del Presidente durante la crisis, que era una de sus obligaciones, sino que descargó en el Jefe del Estado buena parte de su responsabilidad.

En el futuro inmediato el Gobierno deberá sacar adelante una agenda legislativa que incluye iniciativas con un enorme costo político, entre ellas la Reforma Tributaria. En esas condiciones es bueno que Santos se pregunte: ¿Renjifo me garantiza el éxito de la Agenda Legislativa?

¿Quién le pone el cascabel a la Constituyente?

Dentro del Congreso y en las propias filas del Partido de La U, que no solo hace parte de la Unidad Nacional sino que es el mismo partido del Presidente de la República, ha empezado a tomar fuerza la propuesta de algunos parlamentarios, entre ellos Miguel Gómez Martínez, de revocar el mandato de los congresistas y convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, que ponga orden a los desafueros del Congreso y purifique las costumbres políticas. Pero Martínez no es el único.

En las redes sociales es creciente el número de seguidores de una serie de iniciativas encaminadas a revocar al actual Congreso. El problema de los promotores de la Constituyente es que los primeros son señalados por los segundos de buscar un nuevo período presidencial de Álvaro Uribe, y los segundos son señalados por los primeros de no adoptar medidas suficientes para evitar que a la Asamblea Constituyente lleguen testaferros de grupos armados de extrema izquierda o de extrema derecha.

Pero, además, en las actuales condiciones, el Gobierno no puede darse el lujo de dejar en manos de terceros la posibilidad de convocar una Constituyente que –de realizarse– podría comprometer la propia suerte del Ejecutivo y no solo la del Congreso. ¿Quiere el gobierno de Santos correr ese riesgo?

Presidente Santos: ¿con los ‘malos’ o con los ‘buenos’?

En caso de que la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente se abra paso, el Gobierno se verá en la obligación de tomar una decisión al respecto: la desaprueba o la respalda. La primera opción significaría, en plata blanca, tomar partido por los congresistas, los mismos que están en la mira de la gran mayoría de los colombianos, quienes se muestran indignados con su comportamiento, hasta el punto de querer revocarles su mandato mediante una Constituyente.

En otras palabras: Santos quedaría matriculado del lado de los ‘malos’, mientras que la inmensa mayoría de los colombianos estarían del lado de los ‘buenos’, que no son otros que todos aquellos que quieren que los actuales congresistas abandonen el Capitolio Nacional.

Santos podría también respaldar la revocatoria del Congreso y sumarse a las huestes de los ‘buenos’, lo que, de inmediato, lo catapultaría en las encuestas, tema que lo desvela, pues sabe muy bien que no hay reelección sin votos. Pero optar por el respaldo popular significaría para Santos tener que romper amarras definitivamente con el Congreso, ante quien debe no solo tramitar muchas leyes, sino buscar su respaldo a la hora de aspirar a un segundo mandato. Es, sin duda, un dilema perverso para Santos.

Encuestas: ¿tendencia a caída libre?

La más reciente encuesta de Gallup, publicada por el diario ‘El Tiempo’ el pasado viernes, muestra al presidente Santos con una opinión favorable del 48 por ciento y una desfavorable del 43 por ciento.

En abril pasado la favorabilidad era de 64 por ciento y la desfavorabilidad de 27. Es decir, en el último trimestre Santos perdió 16 puntos en respaldo y ganó 24 en desaprobación. En otras palabras: sumó donde debía restar y restó donde tenía que sumar. Se trata, pues, de un escenario devastador para alguien que aspira a seguir otros cuatro años en la Presidencia y quien aún no ha empezado a sentir ‘el sol en sus espaldas’, que es cuando se supone que la figura presidencial sufre su mayor desgaste.

Aunque la encuesta de Gallup fue realizada en momentos en que el rancho estaba ardiendo por cuenta de la debacle de la reforma judicial, no se puede desconocer que Santos sigue sin poder sintonizarse con el ‘alma nacional’, especialmente en materia social.

No obstante, es bastante probable que programas como el de construir 100 mil viviendas gratis para las familias más pobres entre los pobres del país, en cabeza del ministro Germán Vargas Lleras, se reflejen en las siguientes encuestas y logren detener la caída libre que empieza a mostrar Santos. Si logra ese propósito, Santos puede darse por bien servido.

Por Oscar Montes
@leydelmontes

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