Humanizar servicios de urgencias en hospitales distritales pide la Personería

A la Bogotá humana se le olvidó prestarle atención a los servicios de urgencias de la red de hospitales de la capital, es el balance presentado por el ente de control luego de visitar algunos de ellos.

Más de once horas demoran los pacientes en ser atendidos, deterioro y desaseo en las instalaciones, insuficiencia en el número de camas y camillas, trabas en la prestación del servicio de ambulancias, hacinamiento y falta de personal, entre otras deficiencias detectó el ente de control.

Las visitas practicadas a los hospitales de Meissen, Bosa, Tunal, Kennedy, Engativá, y Simón Bolívar evidencian el déficit que atraviesan estos centros de atención en la ciudad.

Otras de las falencias encontradas durante las visitas de la Personería, se asocian con debilidad en el proceso de facturación, falta de humanización del servicio, existencia de equipos médicos y tecnológicos dañados desde hace mucho tiempo, capacidad instalada insuficiente, número significativo de pacientes en espera de remisión a otras instituciones o a otro nivel, gran cantidad de funcionarios contratados bajo la modalidad de prestación de servicios y están sin recibir su salario, alta rotación de personal médico y administrativo, y remuneración de especialistas y subespecialistas por debajo del estándar.

En el hospital de Meissen, por ejemplo, se detectaron usuarios que ingresaron a las 7:00 a.m. y a las 6:00 p.m (hora de la visita), aunque ya les habían prestado el servicio, debían esperan entre dos y cuatro horas más la orden de salida. Según los funcionarios encargados de facturación, la demora es responsabilidad de la EPS.

En general el tiempo de atención se alarga entre 15 minutos y dos horas aproximadamente; la atención médica depende de la urgencia inmediata hasta 24 horas; los procedimientos médicos (entre 15 minutos y ocho horas); espera de resultados (entre dos y cuatro horas); segunda valoración médica para diagnóstico (entre dos y cuatro horas) y facturación (2 a 4 horas).

Las demoras en la atención también afectan al servicio de ambulancias. Las ambulancias pueden permanecer retenidas horas mientras les entregan las camillas. En el hospital de Meissen se detectaron varios casos de ese tipo.

Así mismo, el ente de control determinó que en el Hospital Simón Bolívar, por ejemplo, el servicio de urgencias tiene capacidad para 52 pacientes, pero el promedio diario de solicitantes es de 130; allí se recibieron quejas como la de una paciente de más de 80 años de edad que tuvo que pasar la noche sentada en una silla porque no hubo manera distinta de atenderla.

La misma situación de hacinamiento viven hospitales como Meissen, donde el servicio de urgencias tiene una capacidad de 40 pacientes pero se registró un sobrecupo de 79, muchos de los cuales son atendidos en los pasillos y Kennedy cuya capacidad de atención para 44 pacientes. El hacinamiento es evidente (en el momento de la visita se encontraron 100 usuarios); los pacientes no sólo son atendidos en los pasillos sino en dos carpas ubicadas a la intemperie, donde se encontraban 20 enfermos.

En los hospitales de la zona sur, el ente de control encontró un evidente deterioro en las instalaciones, falta de mantenimiento y desaseo en general. En el hospital de Meissen, por ejemplo, se evidenció que no existe señalización para identificar la ubicación del hospital y el servicio de urgencias; los ventanales y las puertas están rotos, al igual que la puerta principal (según los testimonios, esto obedece a comportamientos violentos de algunos pacientes). Así mismo, se encontraron elementos improvisados como cartones, que sirven para evitar el deslizamiento de las colchonetas de los pacientes; galones habilitados para desechar residuos biológicos, canecas dañadas y destapadas y soluciones salinas sin almacenar (incluso en el lavamanos).

En el Hospital de Bosa los teléfonos públicos están dañados y el equipo de rayos X lleva dos días sin servicio; algunas paredes se encuentran a medio resanar y la pintura de otras se encuentra en mal estado; en el de Kennedy se utilizan puntillas para sostener el suero y unas escaleras hacen las veces de sillas.

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