FILADELFIA, 27 de Septiembre_ RAM_ El papa Francisco culminó su gira por Cuba y Estados Unidos luego de una semana de intensas actividades, en la que abordó, fiel a su estilo, diferentes temas enfocados a la familia, al perdón, a la inmigración, al medioambiente y la familia, entre otros, como los casos de pederastia que involucraron a la Iglesia, sobre los cuales expresó: «Dios llora. Los crímenes contra menores no pueden ser mantenidos en secreto por más tiempo.
Me comprometo a la celosa vigilancia de la Iglesia para proteger a los menores y prometo que todos los responsables rendirán cuenta».
Francisco se despidió del país norteamericano desde Filadelfia, y partió cerca de las 19:45 hora local (20:45 en la Argentina), tras reunirse con los presos de la cárcel Curran-Fromhold y con víctimas de abusos sexuales de sacerdotes católicos, además de ofrecer una multitudinaria misa en la que destacó el papel de la familia. A bordo del vuelo papal, el Papa hablará con los periodistas para cerrar la gira.
El avión del papa Francisco despegó desde Filadelfia, dando por finalizado un viaje de 10 días por Cuba y Estados Unidos.
El avión privado de American Airlines despegó la noche del domingo, horas después de que Francisco oficiara misa frente a cientos de miles de personas en el centro de Filadelfia.
La misa coronó un día en el que habló con sobrevivientes de abuso sexual y reos de prisión. Fue la culminación de un viaje que incluyó discursos en el Congreso y ante Naciones Unidas.
El pontífice de 78 años tuvo seis días de agenda llena en Washington, Nueva York y Filadelfia luego de una visita de cuatro días en Cuba.
Francisco anunció la noche del domingo que el próximo Encuentro Mundial de Familias se realizará en 2018 en Dublín, luego de que el realizado esta semana en Filadelfia fuera el motivo original de la visita del papa a Estados Unidos.
A las 18:40, el papa Francisco expresó su gratitud a unos 400 líderes, seguidores y voluntarios del Encuentro Mundial de Familias que ayudaron a la organización de su viaje a Filadelfia.
El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden y su esposa, la doctora Jill Biden, fueron algunos de los presentes en el aeropuerto para despedir a pontífice mientras se alistaba a abordar el avión que lo llevará de regreso a Roma.
Francisco agradeció en inglés a los líderes eclesiásticos y demás personas en Washington y Nueva York por su trabajo para organizar su viaje.
El pontífice señaló que sus «días con ustedes se me han hecho cortos, pero han sido para mí días de mucha gracia y pido al Señor que también lo hayan sido para ustedes».
La gira histórica del Papa Francisco por Cuba y Estados Unidos terminó en Filadelfia, donde el Pontífice visitó este domingo una cárcel, se reunió con obispos y dio una misa en en el Benjamin Franklin Parkaway.
El Papa estuvo cinco días en ese país y movilizó a miles de personas que se acercaron a verlo. También, hubo momentos inéditos como su discurso en el Capitolio y la visita a la sede de la Organización de las Naciones Unidas; de la que hasta Bill Gates, el fundador de Microsoft, participó.
Francisco se destacó con su carisma habitual durante toda su gira por Estados Unidos: pidió a los guardias de seguridad que dejaran acercarse al papamóvil a una nena de cinco años que quería darle una carta y besó a un nene con parálisis cerebral.
También, dedicó una homilía a los sacerdotes, religiosas y religiosos de ese país y agradeció a las monjas por su trabajo. En esa ocasión, les dijo que «las quiere mucho».
El viaje del Pontífice estuvo marcado por fuertes llamados en defensa de los inmigrantes. Además, el líder religioso pidió a los católicos laicos «una participación más activa en la Iglesia y condenó la pederastia.
El sumo Pontífice visitó tres localidades de la isla cubana antes de pasar por las ciudades de Washington, Nueva York y Filadelfia. Llegará mañana a Roma y se preparará para el Sínodo de la Familia, que se realizará el próximo domingo.
El papa Francisco ha concluido su visita a Estados Unidos con un impacto muy especial. Podríamos decir que particularmente trascendente, en el actual contexto de polarización que se vive en la sociedad estadounidense.
Muchos albergan absoluta convicción acerca de la conveniencia de mantener separados Estado e Iglesias. Es imprescindible deslindar nítidamente ambos espacios y rechazo cuando alguien trata de imponer sus creencias en el plano político, abusando o manipulando la fe de un sector de la sociedad; más aún, cuando ese grupo religioso constituye una mayoría o primera minoría.
Pero el papa Francisco se maneja en estos linderos con maestría. Cuando habla como jefe de Estado (no olvidemos que lo es del Vaticano, además del primado de la Iglesia Católica) lo hace apalancado en un inmenso capital ético y moral, y en una espiritualidad cimentada en su visible humildad. Esto lo evidencia tanto al abordar cualquier asunto como en todos sus gestos de compromiso con el progreso social, incluido el de cenar con un grupo de personas sin hogar (“homeless”) en Washington, en vez de hacerlo con los líderes del Congreso, a quienes ya había visitado y, por cierto, aprovechado la formidable oportunidad de comunicación de la sesión conjunta para hablarles a ellos y al país con franqueza y enorme habilidad política.
Estados Unidos es un país de protestantes, así que el papa habla allí como líder de la Iglesia a una minoría. Solo 23% de los ciudadanos de Estados Unidos son católicos; y de ellos, 32% tiene origen hispano. Los otros dos grupos grandes por su origen nacional son los irlandeses y los ítalo-americanos. De hecho, dos personalidades muy notables que lo recibieron en las audiencias calificadas son el vicepresidente Joe Biden (de familia Irlandesa) y el ex presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, de origen germano-irlandés.
Pero Francisco logró trascender el campo de lo religioso y tener un gran impacto político y social, al abordar desde su estatura de líder espiritual a toda la sociedad americana sobre asuntos prioritarios que deben ocuparnos. Lo hizo con tacto y sabiduría. Sin imponer dogmas de fe, y más bien convocando procesos de diálogo y trabajo que desde los gobiernos y las instituciones nos enfoquen en desmontar la polarización; retomar el curso de las relaciones internacionales interrumpidas con quienes hemos tenido impasses históricos (unas diferencias que debemos dejar atrás para allanar el camino a la paz y la convivencia); y muy especialmente, generar respuestas que nos permitan superar la pobreza, las desigualdades, la exclusión y los daños ambientales que es urgente revertir.
Especial mención merece su bien articulado mensaje de inclusión hacia los inmigrantes en un país (como todo el continente) cuya construcción está insoslayablemente unida a la recepción de grandes contingentes poblacionales. El primado de la Iglesia Católica traspasó el cerco de lo religioso y terminó convertido en Francisco, el Papa del Pueblo o el “Papa de Todos”, como lo llamó la acuciosa prensa estadounidense.
En pocas palabras, el actual pontífice se ha convertido en una referencia más allá del catolicismo. Y lo hizo con un mensaje centrado en la tolerancia y la compasión por los más pobres y necesitados.
Al día siguiente de recibirlo y escucharlo, el diputado John Boehner renunció a su cargo y condición de “speaker” de la Cámara (líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes del Congreso). Se especula que escuchar al papa lo llevó a dar ese paso, resultado de la frustración que viene acumulando en sus muchos esfuerzos para lograr que la mayoría republicana concurra en acuerdos sobre cuestiones fiscales con impacto en lo social y de política internacional.
Pero la repercusión de Francisco como líder internacional se siente en la política de Estados Unidos desde hace un tiempo. El presidente Obama y el papa vienen forjando una relación muy estrecha, que ha sido fundamental en dos procesos que se vienen adelantando en Latinoamérica: los diálogos de paz en Colombia, que hoy cristalizan en un acuerdo, y el de la apertura con Cuba. Esta monumental colaboración pudo extenderse al proceso de diálogo de 2014, para dar un giro a la severa crisis que vive Venezuela (agravada, por cierto, al abandonar ese proceso), pero el gobierno de Nicolás Maduro despreció inexplicablemente esa oportunidad.
La última gran campanada de la visita del papa Francisco a Estados Unidos retumbó en Nueva York. La imagen de una ceremonia de sincretismo y tolerancia religiosa en Ground Zero para orar por las víctimas del 11 de septiembre resonó en todo el país. El pastor de los católicos estuvo rodeado de líderes de todas las confesiones, unidos en un mensaje universal y en oraciones iniciadas por un clérigo musulmán, acompañados de rabinos, pastores protestantes y representantes del budismo y el hinduismo. Las palabras de clausura tendrían el acento suramericano de su santidad.
Francisco ha dejado un poderoso mensaje en Estados Unidos. No sin consecuencias políticas, en un tiempo cuando la tolerancia y la inclusión son fundamentales. Particular resonancia en su discurso ante el Congreso fue la caracterización que hizo del auténtico líder político: “Un buen líder político es quien, con los intereses colectivos en mente, asume su momento con espíritu de apertura y pragmatismo. Un buen líder político siempre opta por iniciar procesos, en lugar de poseer espacios…”.