El show de las FARC para liberar a Langlois

Infobae. La liberación del periodista francés este miércoles 30 de mayo, tras más de un mes de cautiverio, dejó a la guerrilla colombiana en una posición de poder. Las FARCeligieron el lugar: el municipio de San Isidro, en Caquetá, al sur del país. Allí, los guerrilleros se mueven a sus anchas. Dominan el lugar prácticamente sin controles militares. De hecho, cada vez que el Ejército se abalanza en la zona, los duros enfrentamientos terminan con numerosas muertes.

Las liberaciones unilaterales anteriores se hicieron bajo estrictas medidas de seguridad que impusieron las FARC. Se hacían rápidamente, el lugar de entrega era secretísimo y, una vez que se concretaba, la guerrilla huía rápidamente del punto de encuentro para evitar ser rastreados por el Ejército. Es más, si por algún imponderable la comitiva humanitaria debía cambiar algún procedimiento ya firmado en el protocolo acordado, peligraba la misión.

Ninguna de estas máximas se aplicó en la liberación de Roméo Langlois. Un día antes de la entrega, el pueblo de San Isidro ya estaba preparando los festejos. Todos sabían que el reportero de France 24 pasaría por allí. Todos sabían que la misión humanitaria -con miembros de la Cruz Roja Internacional, la destituida senadoraPiedad Córdoba (que tuvo un amistoso encuentro con «Jairo Martínez», un histórico jefe guerrillero) y el enviado del gobierno galo- pasarían por allí. Cientos de pobladores recibieron a todos los invitados. Organizaron un multitudinario asado (mataron siete vacas para la ocasión), se sacaron fotos con los forasteros y vivaron la llegada del reportero.

Señal de que nada fue como solía ser, horas antes de que Langlois -por fin- estuviera en libertad, se habló de la posible intervención de un helicóptero privado porque las carreteras en el sur del país estaban en mal estado. En cualquiera de las otras entregas unilaterales, estas especulaciones no contempladas en los protocolos acordados para la liberación hubieran terminado en una tragedia. Para las FARC, el sólo temor a una emboscada es razón suficiente para ejecutar al rehén y abandonar la zona de peligro.

Como si fuera poco, el show contó con transmisión en vivo. Aún cuando lo pactado no prohibía la presencia mediática, los medios colombianos e internacionales suelen respetar las liberaciones unilaterales de las FARC. ¿Por qué? Simple: porque cualquier contratiempo pone en peligro la entrega. Esto no es nuevo. Muchas veces la guerrilla suspendió o aplazó la entrega de rehenes. El caso más conocido fue el deClara Rojas, la compañera de cautiverio de la candidata presidencial Ingrid Betancourt. En 2007 todo estaba listo para que ella recobrara su libertad. Incluso el ex presidente de la Argentina, Néstor Kirchner había viajado a la selva colombiana como garante de la entrega… sin embargo, Rojas debió esperar unos meses para ser nuevamente libre.

En esta oportunidad, los medios colombianos volvieron a respetar la restricción implícita respaldada por el Gobierno de Colombia. Ninguno fue hasta San Isidro. Orgullosos de su decisión, siguieron desde Florencia -el punto de partida de la misión humanitaria-  las vicisitudes del operativo. Sin embargo, el orgullo se transformó en ira cuando aparecieron las primeras imágenes de Telesur, la cadena de noticias latinoamericana con sede en Caracas. La señal acompañó la entrega, entrevistó a los miembros de la comitiva y logró las primeras palabras de Langlois en libertad.

El show montado por las FARC contemplaba esas imágenes en vivo. Era tal la expectativa que había generado esta entrega, porque todos querían ver el verdadero estado de salud del reportero francés. Ahora, un día después de la misión, se clarifican las circunstancias en las que se difundió la prueba de vida del francés. El 29 de mayo, una jornada antes de la liberación, también fue Telesur la que obtuvo las imágenes.

La cadena de noticias, al transmitir desde San Isidro, colaboró con la guerrilla en concretar el objetivo, el show. Las imágenes, sí confirmaron una realidad: en esa zona de Caquetá reinan las FARC. En las imágenes, los hombres de uniforme verde que secundan a Langlois y a los enviados humanitarios son todos guerrilleros.

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