Y resultó que Maduro tiene razón.

POR RICARDO GALAN

Y resultó que Maduro tiene razón.

Los colombianos tenemos la culpa de todo lo malo que pasa en Venezuela. De la escasez de alimentos, de los estantes desocupados en los supermercados, de la tasa de cambio, del contrabando y del precio de la gasolina.

Ésa por lo menos fue la sensación que me quedó después de escuchar la declaración conjunta de las cancilleres de Venezuela, Delcy Rodríguez y de Colombia, María Ángela Holguín o de Venezuela y de Venezuela porque parecía que Venezuela estuviera representada por las dos cancilleres y Colombia por ninguna.

Por poco y terminamos pidiéndole disculpas a Maduro por la deportación masiva de colombianos, la separación de familias completas y la destrucción de las casas construidas por los colombianos después de muchos años de esfuerzo, trabajo y de vivir en el vecino país.

No sé qué pueda estará pensando a esta hora el expresidente, César Gaviria que durante todo el día estuvo tratando de convencernos, a los colombianos, de la necesidad de enfrentar unidos la agresión, vaciando a Maduro a través de los medios de comunicación nacionales y sugiriendo el retiro de Colombia de Unasur porque el Presidente Samper tomó partido en contra de su país.

Mientras nuestra Canciller habló pasito, con suavidad, como midiendo cada palabra para que no fuera a molestar a su contraparte, admitiendo una a una las acusaciones que nos hace Maduro a grito entero para justificar sus atrocidades en contra de los colombianos.

Mientras Holguín apenas se quejó del cierre de la frontera, la Rodríguez no sólo nos repitió enérgica y segura en la cara el libreto de Maduro, sino que se atrevió a sugerir que había que censurar a los medios de comunicación colombianos porque resulta que lo que vemos por televisión, escuchamos por la radio y leemos en la prensa no pasó. Es una falacia. Es un montaje.

Se trata según la canciller venezolana de un montaje de los medios de comunicación de Colombia para conspirar contra el Presidente Maduro y su gobierno.

Después de 4 horas de reunión de las delegaciones de los dos países la conclusión fue que Venezuela no reabre la frontera, al contrario acaba de cerrar las trochas, y que seguirá la deportación de colombianos sin sus hijos, pero que los dejarán llevar camiones para traer sus enseres en lugar de pasarlos a cuestas con las aguas del río Táchira al cuello.

Los colombianos nos quedamos con el pecado y sin el género. Los colombianos, o por lo menos yo, no entendemos en qué consiste eso de la diplomacia. Creo que debemos revisar bien el concepto porque tendemos a confundir diplomacia con pendejada. Y los venezolanos se aprovechan de eso.

Compartir:

Comments are closed.