El alza del dólar se está sintiendo hasta en la sopa

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La razón es que el principal insumo para alimentar estos animales es la torta o pasta de soya, producto importado en su totalidad y que con el alto precio del dólar se ha encarecido.

Ni qué decir de los granos. Colombia importa la mayoría de ellos hoy y por eso, el fríjol, las lentejas, las arvejas, el maíz, el trigo (harina); frutas importadas como la manzana y la pera verdes y el durazno y hasta el ajo blanco, reflejan mayores precios frente a los de hace un año. El 31 de julio de 2014, esta divisa se cotizaba en $1.872,43. Hoy ronda los $2.866,04, mil pesos más.

El dólar, que en febrero pasado se cambiaba a $2.398 y que amenaza con tocar el techo de los $3.000, es como un intruso en la despensa o en la nevera de los colombianos: la canasta familiar tendrá menos productos y/o menos cantidades de estos, por la misma o más plata del presupuesto hogareño.

Octavio Quintero, representante de los comerciantes del sector de alimentos ante las juntas directivas de Fenalco y de la Cámara de Comercio de Cali, advierte que de pronto las alzas no se sienten todavía porque aún hay algunos productos en inventario, pero que apenas se acaben esas existencias la disparada del dólar va a tocar la canasta familiar.

La razón es que Colombia depende mucho de las importaciones en granos y otros alimentos. “Estamos hablando de productos básicos como los fríjoles, las lentejas, las arvejas, los garbanzos, el maíz, que es lo más importante de la canasta familiar”, enumera Quintero.

Dependencia que él atribuye a la fuerte caída de la producción interna de estos alimentos, frente a la competencia del exterior. “Usted ve ahora fríjoles de China, de Bolivia, de Argentina, de Perú… Es muy lamentable para los campesinos colombianos”, señala.

La registradora no miente. Hace cuatro meses se conseguía fríjol a $4.000 el kilo. Ahora la variedad Calima o la de cargamento fino no se baja de $5.600, con un alza de más del 30% o 40%, señala.

Las lentejas, que en un 95% son importadas de Canadá y Estados Unidos, en enero pasado se compraban a $1.900 el kilo y ahora está a $2.900, a precio de mayorista, según el boletín del Dane.

De esta racha no se escapa la torta o pasta de soya, insumo básico importado para los alimentos de pollos, vacas lecheras y vacas de carne, cerdos, conejos y ovejos, lo que incidirá en el aumento de los precios de estas carnes y los huevos.

En el mismo costal de los importados están cereales como el arroz, el primero que registró alzas en el país; el maíz, insumo para el alimento de pollo y otros usos alimenticios, y el trigo, base para el pan, producto de consumo masivo.

Oliver Medina, coordinador de Mercadeo y Precios de Cavasa, confirmó que el incremento en los precios de granos, frutas y verduras importadas, registra alza que van desde el 13% (arveja seca) hasta del 122% (cebolla cabezona).

En otros el incremento fue del 45%, muy similar al porcentaje del alza del dólar en 2015. Es el caso exacto del bulto de lentejas, que pasó de $99.000 a $142.000.

Medina resaltó que a estas alzas, los caleños deben sumar la “del precio interno del azúcar, que no se parece en nada al precio internacional, que no llega a $40.000, y en un productor como el Valle, era de $60.000 y pasó a $93.000”.

Para conjurar las alzas, la tendencia es a disminuir el consumo, porque la gente empieza a racionalizar sus compras. “Y no hay alternativas, ni modo de decir, no consuma lentejas que el fríjol está barato; no consuma fríjol porque el garbanzo está a mejor precio, y así se toca el bolsillo al consumidor”, señala.

La visión del analista Julio César Alonso, director del Centro de Investigación en Economía y Finanzas de la Universidad Icesi, es que es preciso comprender que ningún país se puede aislar del resto del mundo ni puede llenar la canasta familiar solo con productos propios. “Hoy en día toda canasta familiar en cualquier país se compone de productos nacionales e importados”.

Y es por estos últimos que esa canasta es fuertemente influenciada por el alza del dólar, como la que ha tenido este año en el país y su efecto sobre la inflación.

Alonso explica que el Banco de la República no está cumpliendo la meta de inflación fijada en un 3% para 2015, y probablemente a fin de año estará muy cerca o se va a volar un poco ese techo, porque es imposible mantener precios bajos cuando la tasa de cambio ha subido más del 45% en los últimos seis meses.

CAUSAS DE LA IMPORTACIÓN

La situación es delicada para un país caracterizado por una supuesta vocación agrícola. “Esto es muy grave y es porque aquí se hizo una apertura endemoniada, tiramos al campesino a la guerra con las multinacionales, sin fijarnos que no teníamos una infraestructura de producción igual a ellas, entonces es muy complicado”, denuncia Octavio Quintero.

Y los pocos incentivos que había, reclama, como era “el Agro Ingreso Seguro, se quedó en 10 o 20 personas de tres o cinco familias que hicieron mal las cosas y abusaron de eso y por eso el programa que era para los campesinos, se acabó”.

Eso se traduce en que no hay acompañamiento al campesino en producción, comercialización ni en asistencia técnica. “Así como el Gobierno regala casas gratis para que la gente se venga a la ciudad, tendrá que regalarle al campesino o subsidiarlo para que pueda competir con las multinacionales”, dice.

Para el presidente de la Sociedad de Agricultores del Valle, SAG, Francisco José Lourido, el fenómeno es muy complejo porque éramos un país acostumbrado a un dólar bajo y se había desactivado su aparato productivo, “porque sencillamente resultaba más práctico y barato importar que producir y hoy estamos pagando ese costo”.

El dirigente gremial acepta que el alza del dólar en el corto plazo va a afectar muchísimo a la gente del común, porque todo lo que sea importado va a estar influenciado por esa tasa de cambio y eso va a pegar en el bolsillo del consumidor.

“Durante 12 años nos hemos beneficiado de unos productos importados con un dólar barato. Hoy el dólar con que se paga lo que se importa está a $2.866 y eso lo va a absorber el consumidor final”.

El vocero de Cavasa recomienda que el Gobierno tome medidas o diseñe estrategias para que el consumidor no se afecte tanto con la tendencia alcista, sobre todo los de los estratos bajos que son los que más sienten el encarecimiento de los productos.

“El Gobierno debe establecer políticas de emergencia para beneficiar al consumidor final, que es, en últimas, al que se trasladan estos sobrecostos. Por ejemplo, mermar aranceles a los importados y darles más libertad para ingresar al país si están escasos”, dice Medina.

Lourido adjudica la situación a que en Colombia sucedió lo que nunca debió suceder: no se incentivó la producción nacional, una política errada. “Hay que proteger al sector agropecuario, insistimos en una protección arancelaria para no generar una dinámica perversa que es acabar con la producción primaria. Los países desarrollados como Estados Unidos o en Europa así lo hacen porque saben que no pueden poner en peligro la alimentación de la gente”, advierte.

Concluye que el Gobierno debe estimular a los agricultores y ramo agropecuario que requiere maquinaria, créditos preferenciales, estímulos tributarios. “Así como se estimuló la construcción de hoteles con unas exenciones tributarias por 30 años, ojalá el sector agropecuario tenga también créditos con tasas preferenciales y más incentivos para que vuelvan al sector productivo”.

LA META DE INFLACIÓN NO SE CUMPLIRÁ

Julio César Alonso, docente de Icesi, dice que si antes eran la vivienda y los servicios públicos lo que encarecía los gastos de los hogares y jalonaba la inflación, ahora son los alimentos los que están causando ese efecto.

“Si esos componentes de vivienda y servicios se estabilizan, puede mitigar un poco el efecto en lo importado, como los alimentos, el vestuario y los electrodomésticos. Pero si la vivienda y los servicios siguen creciendo al ritmo galopante que venían, más las alzas de los importados, se va a ver un efecto fuerte sobre la meta de inflación que la hará inalcanzable para el final del año”.

El Banco de la República, añade Alonso, está haciendo lo que debe hacer. No puede hacer nada distinto porque el mercado del dólar depende de otros fenómenos como la situación fiscal y el precio del petróleo.

Pero el Banco sí va a tener que tomar una decisión sobre si aumenta o no las tasas de interés, que es la herramienta que tiene cuando la economía colombiana está entrando en una desaceleración y estará ante una encrucijada: para acelerar la economía necesita bajarlas, pero para tener la inflación a raya necesita subirlas.

Es una disyuntiva y muy probablemente se va a tener que decantar por la de subirlas.

COLPRENSA

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