Análisis Ley del Montes: Economía y paz, cuentas de cobro para Santos

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economia_y_paz_cuentas_de_cobro_para_santosPOR:  ÓSCAR MONTES. @LEYDELMONTES

El presidente sigue pagando el costo de los diálogos con las Farc y de la desaceleración económica del país.

La semana en la que cumple el primer año de su segundo mandato le llegó a Juan Manuel Santos con muy malas noticias en materia de aprobación de su gestión por parte de los colombianos.

En efecto, la encuesta Colombia Opina –realizada por Ipsos Napoleón Franco para RCN La Radio, RCN TV, La Fm y Semana– arrojó resultados desalentadores para el Gobierno, sobre todo en materia de diálogos de paz, estado de la economía y optimismo del país.

En todos los indicadores sale muy mal librado Santos y buena parte de su equipo. Podría decirse –al analizar los resultados del estudio– que en julio la desaceleración de la economía le ganó al desescalamiento del conflicto, hasta el punto de que los pocos logros derivados de los anuncios de los diálogos con las Farc se los “devoró” el deterioro de la economía. La preocupación de los colombianos hoy por hoy tiene mucho más que ver con la plata para el mercado que con lo que ordenen Timochenko y los jefes de las Farc desde La Habana.

Aunque la encuesta fue realizada entre el 24 y el 26 de julio en las principales ciudades del país –luego de que las Farc anunciaran un cese unilateral del fuego y el Gobierno también hablara de una posibilidad real de concretar un cese bilateral definitivo– los resultados no muestran una mejoría sobre el desenlace de las conversaciones, la popularidad de Santos, la marcha de la economía y el optimismo de los colombianos.

La desconfianza en la negociación con las Farc se mantiene, la popularidad del presidente es igual a la de abril, la economía empieza a golpear con mayor severidad los bolsillos de los colombianos y el pesimismo nacional comienza a generalizarse.

Las cifras son demoledoras. Santos tiene una imagen favorable de apenas el 29 por ciento, la misma que en abril; los colombianos creen que la situación económica del país ha empeorado –pasó del 25 por ciento en noviembre pasado al 42 por ciento en julio–; sólo el 29 por ciento de los encuestados cree en las negociaciones; el 75 por ciento piensa que el país va por mal camino (el 25% cree lo contrario), y el 35 por ciento considera que el desempleo y la inseguridad ciudadana son sus mayores problemas, superando al alto costo de la vida (21%) y la violencia y la falta de paz (19%).

En materia de diálogos con las Farc, el 69 por ciento es pesimista sobre las posibilidades de un acuerdo real de paz, que permita la desmovilización de la guerrilla. Es decir, la aguja no se movió comparada con el registro de abril, a pesar de los anuncios alentadores tanto del Gobierno como de las Farc. Y ello significa –en plata blanca– que la desconfianza en la negociación se mantiene. Esa desconfianza se refleja en el 81 por ciento de los consultados que no cree en la voluntad de paz de las Farc (el 19% sí cree), mientras que el 80 por ciento no cree que las Farc cumplirán con el cese unilateral que iniciaron el pasado 20 de julio. Y para rematar, el 90 por ciento de las personas encuestadas considera que los jefes de las Farc deben pagar con cárcel sus delitos, mientras que el 74 por ciento cree que no deben participar en política, una vez se desmovilicen. En abril pasado esta última cifra fue del 79 por ciento.

Que un presidente al que todavía le faltan tres años de mandato tenga una precaria aprobación de apenas el 29 por ciento –cuando se supone que las medidas impopulares están todas por tomar, como tramitar otra reforma tributaria– es razón suficiente para trasnochar al más frío y calculador de los gobernantes. El margen de maniobrabilidad es cada día menor y la gobernabilidad podría hacer agua en cualquier momento, pues en las crisis los primeros que se bajan del barco son los amigos.

En términos reales y prácticos a Santos le queda sólo uno de sus tres años de gobierno. ¿La razón? Las elecciones presidenciales de 2018 prenderán motores el próximo año, de manera que los colombianos vamos a terminar el 2016 hablando mucho más del presidente que llega que del que se va. Los congresistas –tanto opositores como de la Unidad Nacional– empezarán a alinearse con los futuros presidenciales y comenzará a escucharse por los pasillos del Capitolio la frase que acompaña a los gobernantes cuando el sol comienza a calentarles las espaldas: “Ya con este gobierno no se pudo. Vamos a tener que esperar el siguiente”.

Buena parte de los afanes del Gobierno por materializar los acuerdos de La Habana tienen que ver con el hecho concreto de que sólo dispone de unos cuantos meses para sacar adelante las iniciativas que permitan la puesta en marcha del posconflicto. Se trata de una lucha contra el tiempo en la que el gran damnificado será el presidente, que tiene sobre sus hombros el costo político de la negociación.

Según la encuesta, el 83 por ciento desaprueba la gestión de Santos en materia de seguridad en las ciudades; el 81 por ciento, en desempleo; el 80 por ciento, en seguridad; el 78 por ciento, en justicia; el 77 por ciento, en salud; el 72 por ciento, en economía; el 71 por ciento, en el sector agro-campesino; la paz, 71 por ciento, y la educación, el 55 por ciento. Las únicas gestiones de Santos que aprueban los encuestados son vivienda y relaciones internacionales, con el 52 por ciento.

En lo que tiene que ver con la imagen favorable de otros personajes nacionales, el ex presidente Álvaro Uribe registró una imagen favorable del 55 por ciento, el vicepresidente Germán Vargas Lleras del 42 por ciento y Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana, presenta una imagen favorable del 40 por ciento.

Los ministros también se rajaron en la encuesta de julio. Mientras el 36 por ciento aprobó la gestión de la canciller, María Ángela Holguín, el 57 por ciento se declaró insatisfecho con la realizada por la ministra de Educación, Gina Parody. El nuevo ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, tiene una aprobación del 31 por ciento; el de Hacienda, Mauricio Cárdenas, tiene el 40 por ciento de aprobación, y Juan Fernando Cristo, del Interior, una del 25 por ciento.

El optimismo nacional –otro indicador interesante a la hora de valorar la gestión presidencial– sigue también con registros muy precarios, pues apenas el 25 por ciento de los encuestados considera que las cosas van por buen camino. ¿Cómo se explica la desfavorabilidad de Santos? ¿Qué hacer con la economía? ¿A Colombia le ganó el pesimismo? ¿Una paz demasiado cara?

Santos, ligado a La Habana

Los diálogos de La Habana y el deterioro de la economía terminaron atrapando a Juan Manuel Santos, tanto que ahora paga las consecuencias de la incertidumbre de los primeros y el difícil momento de la segunda. La suerte de Santos está amarrada a lo que pase en La Habana. Ya no hay nada que hacer. Para bien o para mal, Santos ató su destino y su legado a la negociación con las Farc. Buena parte de la precaria aprobación con que cuenta se deriva del hecho de que la inmensa mayoría de los colombianos desconfía de lo que se acuerde en La Habana y por consiguiente le pasa la cuenta de cobro a quien asumió el riesgo de jugarse su capital político negociando con las Farc. Es evidente que si la confianza aumenta de igual manera podría subir la aprobación a la gestión presidencial. Ganarse la confianza es más difícil que perderla. Para lo primero se requiere una labor paciente y constante, que muestre una voluntad de cumplir un objetivo. Para lo segundo sólo basta un par de decisiones erradas para destruir lo que con perseverancia se había alcanzado. Punto. La mesa de La Habana requiere con urgencia reconstruir la confianza que se perdió en los diálogos por cuenta de las acciones de terror realizadas por las Farc, como las voladuras de torres de energía y oleoductos, cuyas consecuencias se reflejan hoy en las encuestas.

La situación económica está grave

Uno de los datos demoledores de la encuesta de Ipsos Napoleón Franco para RCN La Radio, RCN TV, La Fm y Semana es la de quienes creen que la situación económica del país ha empeorado, que pasó del 25 por ciento en noviembre al 42 por ciento en julio de este año. Se trata de la cifra más alta en los cinco años de gobierno de Santos y ello disparó las alarmas de quienes deben tomar medidas para hacer frente a las primeras señales de desaceleración. Ni siquiera el desempleo –que según el Dane, reportó en julio 8,2%, un punto menos que el año anterior– logra cambiar la percepción que tienen los colombianos de que las cosas están empeorando. A ello se suman la caída de los precios del petróleo, las expectativas sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y sobre la situación fiscal. Ningún presidente es popular con una economía en crisis. De la misma manera que en una economía en crecimiento y desarrollo, todo gobernante gozará del respaldo popular. Santos deberá administrar las vacas flacas de la economía y para ello tendrá que tomar conciencia de que el tarro de la mermelada –que tanto utilizó y aún sigue utilizando para aceitar las maquinarias electorales– está llegando a su fin. La olla de la mermelada ya no da más.

Nos está ganando el pesimismo

Si se hiciera una encuesta cada vez que la selección de fútbol gana un partido o Nairo Quintana una etapa y se les preguntara a los colombianos si creen que las cosas en el país van por buen camino, la inmensa mayoría diría que sí. Y ello es así no solo por la manía que tenemos de apropiarnos de los triunfos ajenos, sino porque cada triunfo aumenta el clima de optimismo de todos los colombianos. Cuando no hay triunfos sino derrotas, el desasosiego se generaliza y todos aparecemos en las fotos con las caras largas. Con una economía desacelerada y unos diálogos de La Habana viviendo momentos de incertidumbre, ante la pregunta de cómo cree que va el país, la respuesta es una sola: va mal, muy mal. Eso es lo que pasa en la actualidad cuando apenas el 25 por ciento de los colombianos creen que las cosas van por buen camino. Se trata de una cifra lamentable y preocupante.

Ministros, a hacer la tarea

Con contadas excepciones –Luis Felipe Henao en Vivienda y la canciller María Ángela Holguín– el gabinete de Juan Manuel Santos se raja en su totalidad. Llama la atención algunas cifras, como la de la ministra de Educación, Gina Parody, que tiene el 57 por ciento de desaprobación. En términos generales se trata de un gabinete gris y sin ninguna figura relumbrante que logre concentrar la atención del público, como ocurrió con Germán Vargas Lleras en el primer mandato de Santos o –incluso– con el propio Juan Carlos Pinzón, ex ministro de Defensa, quien al “mostrarle los dientes a las Farc” era objeto de cubrimiento mediático. Santos no es amigo de mover todas sus fichas al tiempo. Prefiere ser gradualista. De manera que las crisis ministeriales, que podrían prestarse para oxigenar todo el gabinete, terminan siendo un simple cambio de uno o dos ministros. Lo cierto es que este gabinete debe mostrarse mucho más y comprometerse con los asuntos propios de sus carteras, más que con el discurso de la paz de La Habana, que tiene sus propios voceros naturales, empezando por el presidente Santos y el jefe negociador, Humberto de la Calle.
Así que los ministros deberán emplearse a fondo en sus tareas, subir su perfil como funcionarios y mostrar resultados cuanto antes, si no quieren que las encuestas terminen por sacarlos de la foto.

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