Falta de resistencia no implica consentimiento de un abuso sexual: Corte Suprema

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UnknownLa Corte Suprema de Justicia hizo un llamado de atención a jueces a la hora de valorar delitos sexuales a fin que se apliquen de manera correcta los tratados internacionales en contra de la discriminación de género.

Entre la normativa está el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y demás convenciones de Naciones Unidas que buscan la protección especial de la mujer.

Así lo hizo al condenar, en sede de casación, a un sujeto quien accedió carnalmente y de manera violenta a la hija de un amigo suyo quien, todos los días durante tres años, dejaba en su casa el caballo en el que se dirigía a estudiar junto con su hermano menor.

Un día de marzo de 2009, cuando salió temprano del colegio y llovía, la menor de quince años aceptó la invitación del hombre para resguardarse en su casa mientras llegaba el hermano. Se quedó en un cuarto leyendo cuando el sujeto cerró la puerta, la agarró por el brazo, le ordenó que se callara y la violó.

La Sala hizo un fuerte regaño al Tribunal Superior de Pasto que en segunda instancia revocó la condena que se le había impuesto al agresor, indicando que como no hubo maniobras de defensa por parte de la menor, no fue un abuso sino una relación consentida.

“Pero más desafortunada se torna esa apreciación cuando esa misma autoridad deduce el consentimiento a la práctica sexual precisamente a partir de esa reacción de parálisis (ausencia de actos materiales de oposición) de la ofendida o de su silencio, en tanto desconoce flagrantemente instrumentos internacionales ratificados internamente por el Estado Colombiano, en particular el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional”, indicó la Sala.

La Corte fue enfática al explicar que la valoración de una prueba tiene que tener en cuenta todo el contexto de los hechos y no imponer cargas a las víctimas innecesarias y discriminatorias.

En ese sentido, se indicó que “ante un ataque violento no siempre se reacciona mediante actos materiales de defensa, pues ello también puede ocasionar en la víctima un estado de conmoción síquica que enerva cualquier respuesta de esa índole y que, como también lo narra aquí la víctima, le hizo perder las nociones de espacio y tiempo”.

A esto se suma, además, el estado de vulnerabilidad de la víctima que, se evidenció, tenía una escasa formación sexual y un difícil entorno familiar caracterizado por un fuerte dominio del padre, a quien le tenía miedo, además de ser introvertida y poco social.

Así, la Corte rechazó además la valoración de pruebas que hizo el Tribunal en el sentido de reprochar que la joven no haya hecho ninguna mención del abuso sino hasta cuando se le notó el estado de embarazo en que quedó, así como hacer una valoración sobre la forma de ser de la menor respecto de su agresor como ser supuestamente “confianzuda”, elementos que están prohibidos a la luz de la jurisprudencia internacional.

La Corte indicó que en este caso el Tribunal desconoció que el relato de la víctima fue consistente en todo momento y que no se puede restar al valor al mismo solo por un solo hecho en específico que fue no recordar expresamente qué tenía puesto ese día, más sí se tiene en cuenta que la joven cuando llegó a su casa, de acuerdo con las pruebas, se bañó inmediatamente con la ropa puesta, como muestra de repulsión del ataque.

Así, la Corte confirmó la pena de 16 años de prisión que le fue impuesta en primera instancia y dictó la respectiva orden de captura.

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