Mermelada: ¿habrá cambio radical?

Por Carlos Obregón

En 17 meses del gobierno Duque los cambios en el gabinete han sido pocos. Esa ha sido una constante que ha marcado el estilo de un presidente que hasta hoy ha vendido la idea de que la mejor reforma política es no repartir puestos a cambio de respaldos partidistas.

Pero esa línea está a punto de quebrarse de darse el tan anunciado cambio de ministros para abrirle espacios a partidos como Cambio Radical, la U y hasta un sector del Partido Liberal.

De darse, se rompería la estructura, poco perceptible para la opinión, de un equipo con varias vertientes que son afines: el uribismo puro (Defensa, Interior, Relaciones Exteriores, Hacienda, entre otros), los del presidente (Trabajo, Vivienda, Comercio, el saliente de Salud Cultura, entre otros), los gremiales (Agricultura, TIC, el ex Defensa Botero) y la línea conservadora de la vicepresidenta (Transporte, Educación). Con ellos, el presidente armó ante todo un gobierno de partido.

Hasta hace un año, el modelo funcionó algo pese a las dificultades en el Congreso,pero el presidente les ha comentado en privado a las bancadas que lo acompañan que el esquema ha hecho crisis, mientras que los congresistas le han hecho saber que no quieren más derrotas por falta de una alianza fuerte.

Por eso desde que estaba terminando las sesiones de diciembre se ha planteado la necesidad de cambios y se han soltado nombres en las reuniones con las bancadas en la Casa de Nariño. Esto la ha vuelto la “crisis” más anunciada, la de mayores especulaciones y un hecho que ha causado desazón y freno al interior de los despachos que han sido ofrecidos.

El problema que tiene hoy el presidente es cómo dar puestos a Cambio o la U sin que parezca mermelada. No es fácil vender la idea que esos partidos están ahí porque hay de por medio un acuerdo programático y no burocrático cuando los nombres se los han pedido a las bancadas que viven de los puestos.

Un congresista de ese partido comentó que la Casa de Nariño les habría propuesto seguir por ahora como independientes y más adelante declararse partido de Gobierno. Pero el problema no solo es de presentación ante la opinión sino también dentro del Centro Democrático donde algunos temen perder lo que les había dado Duque y otros como Gabriel Santos –-hijo del embajador en Washington, de salida– le advierten al presidente que la tecnocracia esté arrodillada frente a la politiquería y le recuerdan que “eso no nos dijeron en campaña”. Este paso en últimas terminará agrietando al partido del presidente.

Por lo demás, la eventual llegada de Cambio al gobierno es un gana – gana para los dos. Duque refuerza la alianza y el partido de Vargas Lleras gana aire, sobre todo después de que el Centro y la izquierda se quedaran con el poder local de las principales capitales y cuando la protesta social ha salido a cuestionar la manera de hacer política, poco quiere salir de políticos tradicionales y ya empiezan a lanzarse candidaturas presidenciales en el campo la oposición.

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