LA LEY DEL MONTES | Papaya con Maduro

POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

¿Qué debe hacer Iván Duque para superar la crisis diplomática con Venezuela?  ¿Qué le espera a Aida Merlano en manos de Maduro?

Cuando se trata de relaciones diplomáticas entre países la peor opción siempre será la de cerrar todas las puertas. Hasta con los peores enemigos se requiere tener un canal de comunicación, que permita “quemar el último cartucho”. Hasta con los sátrapas hay que dejar siempre una ventana abierta. Así funciona la política internacional.

Estados Unidos –el principal referente a la hora de analizar las relaciones internacionales– siempre deja un canal abierto de comunicación. Ni en los peores tiempos de la “guerra fría”, por ejemplo, Estados Unidos cerró los canales de comunicación con la Unión Soviética. Tampoco lo hizo con Cuba durante la llamada “crisis de los misiles” en octubre de 1962, cuando descubrió misiles soviéticos en suelo cubano. En ese momento –uno de los de mayor tensión mundial en los tiempos modernos– ninguno de los tres protagonistas de esa historia clausuró las puertas de entendimiento con sus enemigos.

El “pragmatismo diplomático” terminó por imponerse y a la postre las partes llegaron a un acuerdo: la Unión Soviética retiró sus misiles de territorio cubano y Estados Unidos se comprometió a no invadir la isla. El llamado “teléfono rojo” hizo el milagro de unir a Washington con Moscú.

Pues bien, a la novela de suspenso que se está desarrollando entre Colombia y Venezuela por cuenta de la captura de la exparlamentaria Aida Merlano en suelo venezolano le hace falta un “teléfono rojo”, un canal de comunicación no necesariamente oficial, que permita encontrar salidas diplomáticas a un caso de naturaleza política y judicial.

A esta novela de Aida Merlano en Venezuela le falta una buena dosis de “pragmatismo diplomático” por parte del gobierno de Iván Duque. El manejo dado por Colombia al episodio ha sido tan errático que el mismísimo Nicolás Maduro está quedando como el estadista de la historia. Para decirlo en términos cinematográficos: Maduro posa de héroe y Duque de villano.

El mandatario venezolano está lavándose la cara por cuenta de la captura de Merlano y del manejo equivocado que Duque le ha dado a la situación. El mismo Maduro que viola todos los derechos y las libertades a la oposición venezolana, el que niega el ingreso a Venezuela a la CIDH para que constate la violación de los Derechos Humanos y el que cierra periódicos y canales de televisión opositores casi a diario, es el mismo que ahora invita a todos los partidos políticos colombianos y a los periodistas para que vayan a Caracas a entrevistar a Merlano, quien se encuentra recluida en El Helicoide, la cárcel más temida del vecino país. “La senadora Merlano está hablando, quiere hablar y lo está contando todo”, declaró Maduro en días pasados por televisión. No hay día en que no hable de Merlano y no amenace con desenmascarar a los políticos colombianos. “El Gobierno colombiano –afirmó Maduro– quiere evitar un escándalo inaguantable”. Es decir, Colombia no solo reencauchó a Maduro, sino que ahora tendrá que aguantarse su perorata las 24 horas del día y los 7 días de la semana.

El gobierno colombiano debería entender que reconocer a Juan Guaidó como presidente de Venezuela y promover su figura a través del Grupo de Lima no significa cerrar los canales de comunicación con Maduro, mucho más cuando de lo que se trata es de asumir asuntos tan complejos y delicados como la detención de una exparlamentaria colombiana en suelo venezolano.

El propio Maduro en un sorpresivo arrebato de sensatez ofreció el “restablecimiento de relaciones consulares con Colombia”. Pero la respuesta de Duque a su oferta terminó por cerrar una de las pocas ventanas que quedaban abiertas: “Que no pretenda Maduro aplicar chantajes diplomáticos. Que no pretenda mostrarse como una palomita ante Colombia. Lo que tiene que hacer es deportar a Merlano”, respondió Duque de forma contundente.

¿Cómo debe manejar el Gobierno colombiano las relaciones con Venezuela, luego de la captura de Aida Merlano en ese país?

La suerte de Merlano depende de Maduro y no de Guaidó. Punto.

La verdad escueta y sin arandelas es que la suerte de Aida Merlano, en lo que tiene que ver con su posible traslado a Colombia, depende de Nicolás Maduro y no de Juan Guaidó. Punto. Sea deportada o extraditada, lo cierto es que esa decisión está en manos del primero y no del segundo, como pretende Colombia. Las declaraciones tanto de la ministra de Justicia, Margarita Cabello Blanco, como de la canciller Claudia Blum, indican que Colombia insistirá en su postura inicial de no darle ninguna legitimidad ni interlocución a Maduro.

Por esa razón eligió a Guaidó como destinatario de la solicitud de extradición o deportación de Merlano. Ocurre, sin embargo, que la excongresista fue capturada en Maracaibo por un cuerpo élite de la FAES, organismo que fue creado y depende directa y exclusivamente de Maduro. La Interpol (Policía Internacional) no tuvo ninguna participación en la operación de captura. ¿Se trató de un plan orquestado por Maduro para agravar aún más la situación diplomática con Colombia con el único propósito de obligar a Duque a reconocerlo oficialmente como presidente de Venezuela? Esa pregunta también está sobre la mesa, pero por ahora sigue sin respuesta.

¿Qué papel juega Guaidó? Ninguno

Insistir en Guaidó como interlocutor para manejar la situación que se desencadenó por cuenta de la captura de Aida Merlano es errático desde todo punto de vista. Haber cerrado todos los canales de entendimiento con Maduro –incluyendo los no oficiales, ni públicos– también resultó desacertado. El “teléfono rojo” siempre debe estar activado, aún con los peores enemigos. O mejor: mucho más con los peores enemigos.

En estos momentos Colombia está en el peor de los mundos: Merlano está en poder de Maduro y si Duque quiere tenerla de regreso debe pedirle ese favor a quien no reconoce como presidente de Venezuela. ¿Y en ese escenario qué papel juega Guaidó? Ninguno. El gobierno colombiano está de brazos cruzados, puesto que ni siquiera la Interpol –compartimentada por Maduro– ha sido notificada de la captura de Merlano. Así las cosas, todas las cartas están en poder de Maduro, quien hábilmente se encargará –como ya lo está haciendo– de jugarlas una por una.

Merlano, ¿“garganta profunda”?

La excongresista conservadora Aida Merlano fue condenada por la Corte Suprema de Justicia en septiembre de 2019 a 15 años de cárcel por los delitos de concierto para delinquir, corrupción al sufragante y porte ilegal de armas. En su fallo, la Corte Suprema señala que “los métodos utilizados no fueron transparentes, sino el resultado de una estructura delictiva ideada por ella, coordinada, dirigida y organizada desde mucho tiempo atrás”. El entonces fiscal general, Néstor Humberto Martínez Neira, la señaló de estar al frente de una organización criminal de tipo electoral, con capacidad para mover más de 5.000 millones de pesos.

A la investigación han sido vinculados congresistas como Arturo Char y Laureano Acuña, diputados y concejales de Barranquilla, así como empresarios de la ciudad, como Julio Gerlein. Para darle continuidad a la investigación en contra de Merlano, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia solicitó su extradición al vecino país. ¿Será Merlano la “garganta profunda” de la política colombiana? ¿Será la fuente secreta que permitirá develar todos los secretos de la política nacional y en particular de Barranquilla y la Región Caribe? La respuesta a esta pregunta depende de qué tanto está dispuesta a contar Merlano y qué tanto está dispuesta a callar. Y eso solo ella lo sabe. Nadie más.

¿Qué le espera a Merlano en Venezuela?

En manos de Maduro, Aida Merlano podría ser la nueva vedette de la política venezolana, cuya voz tendría amplia difusión por todos los canales del régimen. Merlano despachándose todos los días contra el Gobierno colombiano es un “papayazo” que Maduro no piensa desaprovechar. Mejor carta no puede tener en sus manos. De hecho, ya invitó a los congresistas y periodistas colombianos para que vayan al temido Helicoide –donde están confinados los opositores al régimen– a entrevistarla. Maduro tiene en su poder a la “mujer barbuda” del circo y tratará de sacarle el mayor provecho. Ese es su plan más inmediato. Después se ocupará de su deportación o extradición.

Pero para ello necesita que el gobierno de Duque lo reconozca como presidente legítimo de Venezuela, algo que Duque no piensa hacer, pues ello significaría desconocer la legitimidad de Guaidó que tanto ha promovido a nivel internacional. Por lo pronto, Maduro está feliz en el circo exhibiendo su “mujer barbuda”.

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