LEY DEL MONTES | Cerca de la Luna y lejos de la Tierra

Por Oscar Montes

@LeydelMontes

Mientras el hombre sueña con seguir conquistando el espacio, acaba con el medio ambiente y pone en peligro su propia supervivencia. Análisis.

Hace 50 años el hombre logró lo que parecía imposible: llegar a la Luna. Quienes vieron al astronauta estadounidense Neil Armstrong descender del Apolo 11 y poner su pie derecho en la superficie lunar jamás olvidarán ese instante. Era un sueño cumplido. Una proeza que solo cabía en la imaginación de escritores de ciencia ficción, como Julio Verne. El 20 de julio de 1969, Estados Unidos le propinó un golpe contundente a la antigua Unión Soviética, que también pretendía conquistar la inconquistable Luna. De hecho, Yuri Gagarin –héroe soviético– le coqueteó en varias oportunidades, lo que despertó los celos del Tío Sam, encarnado entonces por el presidente John F. Kennedy.
Es indudable que con la llegada del hombre a la Luna el mundo cambió. Desde entonces ya nada volvió a ser igual. Ese primer alunizaje en el llamado “Mar de la tranquilidad”, demostró que para la raza humana no hay barreras a la hora de conquistar el espacio. Luego de la hazaña los nombres de los astronautas Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin “Buzz” Aldrin eran recitados de memoria en todas las escuelas de Estados Unidos y de América Latina, que celebró como propio el logro de la tripulación del Apolo 11. El entonces presidente de Colombia, Carlos Lleras Restrepo, por ejemplo, envió una carta a la Nasa, en la que se sumaba al regocijo continental por el logro espacial de Estados Unidos y expresaba su alborozo por la proeza.

Curiosamente, antes y después del Apolo 11, hubo otros viajes a la Luna, pero hoy en día muy pocos recuerdan los nombres de los astronautas que hicieron parte de esas tripulaciones. Algunos de ellos murieron en su intento. De igual manera todavía existen dudas acerca de si valió la pena que Estados Unidos invirtiera tantos millones de dólares en la llamada “guerra espacial”, que sirvió para consolidar su supremacía sobre la desaparecida Unión Soviética.

No obstante, hay que decir que buena parte de los logros científicos y tecnológicos que hoy disfruta la humanidad tuvieron su origen en hallazgos obtenidos por las distintas tripulaciones que cumplieron con el sueño de llegar a la Luna, entre ellas la del Apolo 11.

Pero también debemos afirmar con absoluta certeza –después de 50 años de la llegada del hombre a la Luna– que en la medida que conquistamos el espacio descuidamos la Tierra, que es la casa de todos. En estas cinco décadas transcurridas desde aquel alunizaje del 20 de julio de 1969, el deterioro ambiental de nuestro planeta es descomunal y preocupante, tanto en el mundo como en Colombia.

Estamos acabando con nuestro entorno, como si existiera en nosotros la convicción de que –una vez que destrocemos la Tierra– todos pudiésemos emigrar hacia la Luna con la esperanza de que nos acoja. Es decir, mientras nos acercamos a la Luna nos alejamos de la tierra.

¿Cuáles son las alarmas encendidas que sirven para demostrar el grave deterioro del medio ambiente en el mundo y en Colombia?

En los últimos 50 años ha desaparecido la mitad de los humedales del mundo

Cada día mueren 1.000 niños en el mundo por consumir agua contaminada. Ninguna guerra produce tantos muertos. De ese tamaño es la tragedia. De acuerdo con estudios realizados por la ONU, cada año mueren 1,8 millones de menores de 5 años en el mundo, por consumir agua no apta. Todas las cifras suministradas por el organismo internacional son escalofriantes: cada día 2.000.000 de toneladas de desechos contaminan 2.000 millones de toneladas de agua. Es decir, millones de personas en el mundo están en peligro de muerte por cuenta de consumir agua contaminada, mientras el hombre continúa con su comportamiento depredador. ¿Un ejemplo de ello? En los últimos 50 años –lo que hace que el hombre llegó a la luna– la mitad de los humedales del mundo han desaparecido, entre ellos varios de la Región Caribe. La mano devastadora del hombre –que construyó carreteras, abrió trochas y levantó hoteles de 5 estrellas– acabó con cuerpos de agua, que daban vida a miles de especies que hoy se encuentran extinguidas.

Bosques tropicales: 15.8 millones de hectáreas menos en las últimas décadas

Otra cifra aterradora: cada hora desaparecen 10 hectáreas de bosque amazónico. ¡Una barbaridad! Mientras nos jactamos de contar con el “pulmón del mundo”, no ahorramos esfuerzos por acabar una de las pocas reservas naturales que le quedan a la tierra. La quema indiscriminada y la tala de árboles para sembrar coca o para ampliar la frontera agrícola, que permitiría contar con más hectáreas para desarrollar, por ejemplo, la ganadería extensiva, se han convertido en los principales enemigos de la Amazonía colombiana. Esta tragedia ambiental no tiene dolientes. A nadie le duele nuestra selva. Pero las cifras en el mundo son iguales o peores: en las últimas décadas el mundo perdió 15,8 millones de hectáreas de bosque tropical. Ello significa un enorme riesgo para los habitantes del planeta, puesto que los llamados bosques tropicales tienen entre sus muchas funciones la de proteger la biodiversidad y almacenar bióxido de carbono. Por ello se requiere con urgencia detener la deforestación y restaurar los bosques tropicales. No hay mañana.

¿Quién responde por los crímenes ambientales de la minería ilegal?

En estos 50 años de haber conquistado la luna, los seres humanos acabamos con el 60 por ciento de los animales salvajes que había en la tierra. La cifra hace parte de un estudio realizado por el Fondo Mundial para la Naturaleza. Son incontables las especies de aves, peces, reptiles y anfibios, entre otras, que han desaparecido en las últimas décadas, gracias a la deforestación y a los atentados cometidos a diario contra el medio ambiente. Se trata de “crímenes ambientales” que quedan en la impunidad, puesto que no hay autoridad que sancione a los culpables. En el caso colombiano, por ejemplo, ¿quién responde por la letalidad contra la naturaleza por parte de la minería ilegal? ¿Cuántos ríos se han secado por cuenta de esta práctica criminal? ¿Cuántos niños mueren por sus efectos contaminantes en aguas y peces? ¿Quién responde? Nadie. Para decirlo en plata blanca: Colombia, uno de los países más biodiversos del mundo, se está quedando sin biodiversidad, ante
la mirada complaciente de todas las autoridades, no sólo las ambientales.

El 40 por ciento del ecosistema del país ha desaparecido

En estos 50 años transcurridos desde que el hombre piso la luna, desapareció el 20 por ciento de la Amazonía, considerada la mayor reserva natural de la humanidad. La deforestación terminó por arrasar con más del 40 por ciento del ecosistema clasificado del país, lo que significa que hoy en día hay amenazadas o en peligro de extinción centenares de especies, cuyo hábitat ha sido intervenido de forma drástica por la mano del hombre. La pesca indiscriminada, la sobrepesca y la ejecución de obras de infraestructura públicas y privadas amenazan la supervivencia de cientos de miles de peces, como ocurre con la Ciénaga Grande de Santa Marta, que agoniza ante la indolencia y la complacencia de autoridades civiles y ambientales. En la Isla de Salamanca queman los pocos manglares que quedan y nadie dice nada. Punto. Y pensar que los manglares atrapan cinco veces más carbono que los bosques tropicales. La poca conciencia ambiental que nos caracteriza también atenta contra la defensa de nuestro medio ambiente y por eso poco o nada nos importa su suerte.

Cerca de 950 millones de niños desnutridos

El cambio climático afecta a millones de personas en el mundo. Las largas sequías no sólo afectan las cosechas, sino que acaba con las pocas fuentes de agua que hay en varios países. Pero los crudos inviernos también dejan víctimas, pues las aguas indómitas arrasan con todo lo que encuentran a su paso. La deforestación se encarga de abonar el terreno para que la furia de la naturaleza acabe con pueblos enteros y deje miles de víctimas. El hambre y la desnutrición, en especial la infantil, son producto de una tierra deforestada. Hay cerca de 950 millones de niños desnutridos en el mundo, según el Programa Mundial de Alimentos. En Colombia las cifras de desnutrición infantil también son alarmantes, en especial en algunos departamentos de la Región Caribe, como La Guajira y Sucre, que presentan muy altos indicadores de pobreza y pobreza extrema, según reportes del Dane. La naturaleza, antes pródiga y generosa, hoy tiene muy poco que darnos porque nosotros mismos nos encargamos de exprimirla.

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