Soberbia y algo mas

El Ojo del Halkón

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez

BOGOTA, 01 de junio de 2019 RAM_ Uno de los pecados capitales mas grandes de la humanidad es la soberbia, porque nos borra las cosas buenas que hay y nos vuelve ciegos para darnos cuenta como vemos las cosas y como podemos hacer cosas mas buenas que malas y el gran defecto del hombre en todas las épocas ha sido creer que tiene la última palabra en todo.

Desde mi lecho de enfermo he tenido la oportunidad de ver noticias y programas de opinión, al igual que ver televisión y escuchar radio, y me doy cuenta qué hemos llegado a un punto tan desesperante en donde las noticias falsas son una gran realidad y donde las noticias buenas son ignoradas.

Si miramos en el campo político nos damos cuenta de cómo ciertos grupos políticos creen manejar el país como quieren, con intereses personales y unos odios que los carcomen, polarizando de manera tal que no les interesa el bien común.

Ahora en el mundo de la globalización da pena que quienes ven la televisión colombiana, y escuchan la radio colombiana, se den cuenta que nos seguimos matando entre nosotros mismos con tal desparpajo que no nos importa lo que puedan pensar de nosotros y esto lo digo porque en el momento de los acontecimientos en los medios de comunicación siempre entrevistan a los mismos políticos y a los mismos dirigentes que tratan de poner punto final y donde solo su manera de pensar es la que importa.

Hace unos años Colombia tuvo un presidente, que peleó y dijo todo lo que quiso luego de no ganar unas elecciones y que cuando llegó al poder, ya era mucho el daño que le había hecho al país y que pasó como lo dirá la historia en el futuro sin pena ni gloria.

Mirando detenidamente la situación voy a decir algo que me puede meter en camisa de once varas y es que el presidente Duque tiene madera para gobernar; pero si lo dejan gobernar, si el Partido de Gobierno lo asesora bien o se hace al lado para que deje de cometer errores como los que ha cometido hasta el momento, porque como lo que se dice en periodismo, no hay nada más malo que cuando se corrige una noticia, porque eso hace perder la veracidad en el medio de comunicación y esto puede ser lo que está sucediendo con el Gobierno Duque.

En el Partido de Gobierno hay una serie de personajes nefastos, que cuando hablan destilan odio y venganza, porque se creen los dueños del país y hay momentos que dan la sensación qué no respetan las instituciones y mucho menos la Constitución Nacional aunque digan lo contrario.

Hace unos años leí algo que me llamó mucho la atención y era un diálogo entre un gran dirigente empresarial y un político, en donde el primero le recomendaba al segundo la responsabilidad de saber orientar a sus electores, porque un error en esta materia se le podía devolver y cobrarle de una manera tal que podría arrepentirse.

En Colombia está pasando lo mismo, no se sabe orientar a los ciudadanos y se ha polarizado el país, de manera tal que la mitad de los colombianos quieren acabar con la otra mitad de colombianos, cuando sería bueno lo que recordaba hace unos días el periodista Ricardo Galán cuando decía que un gran empresario como Estive Jobs había recomendado unir los puntos y simplemente pasar la página.

Los ciudadanos ya están aburridos de la mala administración de justicia, de las declaraciones del Presidente en donde si por él fuera, haría de juez y parte y en donde los congresistas que acaban de perder el semestre en materia legislativa, cuando dan declaraciones se les ve el odio y la venganza, sin respetar los derechos de opinión de sus adversarios.

Qué pena, pero los medios de comunicación hemos sido responsables, por siempre hacernos a la sombra de un gobierno o de un sector político o económico para mantener la pauta, sin importarnos que los medios de comunicación están hechos para proteger a los gobernados y no a los que gobiernan.

Digan lo que digan, pero la libertad de prensa en Colombia está en peligro, no hay derecho que a un periodista se despida de su trabajo por pensar diferente, como en el caso de Daniel Coronell, como columnista de la Revista Semana. Esto lo miro con tristeza porque hace 39 años, cuando reinició labores la Revista Semana tuve la oportunidad de formar parte del grupo de sus redactores y la política era investigar, hacer un periodismo diferente, bien estructurado, sin prestarle ningún servicio a grupos políticos o económicos y a decir la verdad de lo que estaba sucediendo.

Nunca creí que un día vería la Revista Semana al servicio de nadie y mucho menos que quien tomara una decisión tan arbitraria, fuera una persona a la que admiro, aprecio y agradezco como Felipe López Caballero.

Esa noticia la recibí una de esas tardes en donde mi estado de salud, que ha estado regular, no estaba en su mejor momento; pero sentí dolor dentro de mi, sin saber aclarar si era por los dolores que sentía físicamente o por la noticia que acababa de llegar a mi celular.

Siempre he dicho que amo el periodismo y he invitado a mis colegas a respetarnos, para que nos respeten; pero cuando nos ponemos al servicio de ciertos intereses, perdemos la libertad y el fundamento total de la profesión del periodismo.

Sería bueno dar la vuelta a la página, querer trabajar y dejar trabajar, buscar lo bueno y no lo malo para el país y no hacer justicia por nuestras manos, y estoy de acuerdo que quienes hayan cometido delitos sean castigados, pero para eso existen los jueces que deben de decir la última palabra sobre culpabilidad o inocencia.

Cuando era estudiante aprendí la importancia de los tres poderes del Estado, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y recuerdo las palabras de mi profesor Jaime Henao cuando decía que para que un país funcionara, estos tres poderes debían ser independientes y se debían de respetar.

El poder Ejecutivo porque era el Gobierno, el legislativo porque era el encargado de hacer las leyes y el Judicial porque era el responsable de hacer cumplir las leyes y ejecutar la justicia; pero ahora con tristeza vemos que se han politizado o por lo menos han tratado de politizarlos, porque los políticos, los malos políticos, creen que son los dueños de todo lo que hay alrededor.

Si miráramos las cosas desde un contexto sensato, todos aportaríamos nuestro granito de arena para evitar el caos que vive el país, en donde la justicia sigue siendo para los de ruana, donde la salud no funciona y el trabajo ha desaparecido; porque nuestros Padres de la Patria se han dedicado a hacer leyes que sobran y que solo imponen el yugo a los más necesitados.

 

Nota:

Quiero alzar mi voz de protesta por el mal sistema de salud en Colombia, estoy padeciendo desde hace cuatro meses un trastorno que me impide comer alimentos sólidos y que me han hecho sostenerme solo con líquidos, porque he ido a los servicios médicos de la EPS y me han mandado donde uno y otro médico, y en donde me ha tocado llenarme de paciencia para esperar las citas para los exámenes y con los especialistas, y ahora si me doy cuenta porque es que la gente se muere en Colombia y es porque la salud anda en crisis, porque no hay el buen número de profesionales, hablo en cantidad, para atender a los enfermos y porque en mi caso me dicen olímpicamente que una medicina que debo de tomar para el corazón después de una arritmia cardíaca, está descontinuada, porque el laboratorio que la producía ha salido del país.

Mi pregunta es, donde están los que regulan la salud en Colombia y donde está el Ministerio de Salud.

Hace unos días hablaba con un representante de la EPS y le decía que necesitaba que me ayudaran para que se me atendiera, porque mi interés no era el de morirme todavía y simplemente me contestaron que debía de esperar, cuando citas médicas y exámenes solo me anunciaban que estarían para dos o tres meses después.

Si no hubiera sido por los buenos oficios de un colega a quien no menciono, porque no se si me autorice hacerlo, esta sería la hora en que no me hubiera visto ninguno de los médicos.

Les cuento finalmente que dicen que tengo una disfagia, me ordenaron unas terapias para ver si podía comer y a pesar de ver mi situación las programaron para veinte días después, sin importar lo que pudiera pasar con mi vida. Como dice el dicho popular, “NO HAY DERECHO”.

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