La ley del Montes | Creer en Colombia

POR OSCAR MONTES

@LEYDELMONTES

El país requiere con urgencia de “inversiones optimistas”, como la que se dio por 160 millones de dólares entre la barranquillera Tecnoglass y la francesa Saint-Gobain. ¿Cómo vencer el pesimismo nacional?

Los colombianos somos por naturaleza pesimistas. Mientras los demás ven el vaso medio lleno, nosotros nos empecinamos en verlo medio vacío. Las encuestas sobre el optimismo nacional por lo general muestran altos índices de pesimismo. En algunos casos ese pesimismo se dispara a cifras astronómicas, como sucedió el año pasado, cuando tomó mucha fuerza la posibilidad de que Gustavo Petro se convirtiera en Presidente de Colombia. El triunfo de Iván Duque permitió recuperar -aunque no de un modo extraordinario, pues el país mantiene una evidente fractura política- el optimismo nacional.

Las noticias relacionadas con acciones violentas o con actos de terror, como el sucedido en la Escuela de Policía General Santander de Bogotá, cometido por el Eln, terminaron marchitando la poca alegría que empezaba a dibujarse en los rostros de los colombianos con la llegada del nuevo año.

Pero el pesimismo no es sólo un asunto de los colombianos. También afecta a multinacionales acostumbradas a navegar con el viento en contra. Esta semana Coca-Cola FEMSA, por ejemplo, anunció el despido de 177 de sus empleados en el país, así como su retiro como patrocinador de la Selección Colombia de Fútbol, alegando los efectos nocivos que tendrá para la compañía la llamada Ley de Financiamiento, aprobada recientemente. La multinacional también dejó abierta la posibilidad de retirarse del país, al considerar que las decisiones adoptadas de forma autónoma tanto por el Congreso como por el Gobierno Nacional, podrían comprometer su operatividad y estabilidad económica.

El pesimismo nacional es alimentado por las redes sociales, que terminaron convertidas en el campo de batalla de resentidos e intolerantes. Con contadas y notables excepciones, la información que circula en ellas tiene que ver con “fake news”, odios, injurias y ataques personales. Colombia no parece -a juzgar por lo que leemos todos los días en las redes sociales- un país en construcción, sino uno en demolición.

De manera que lo que resulta novedoso en la Colombia de hoy es encontrar optimistas que crean que el futuro será mucho mejor que este presente lleno de incertidumbre. Un buen ejemplo de ello ocurrió al comienzo del año con el anuncio de la empresa barranquillera Tecnoglass de asociarse con la multinacional francesa Saint-Gobain para duplicar la producción de vidrio arquitectónico con el fin de poder atender la demanda creciente del producto en todo el mundo. Se trata -sin duda- de una excelente noticia, no solo para la ciudad y la Región Caribe, sino para un país que lucha por salir del manto de pesimismo que lo arropa.

La alianza estratégica de Tecnoglass y Saint-Gobain demanda una inversión de 160 millones de dólares, cifra que muestra la magnitud del negocio realizado entre las dos compañías. La nueva planta productora de vidrio arquitectónico, localizada en Galapa, generará 200 empleos directos y 500 indirectos. Durante la construcción de la planta se requerirá de una mano de obra cercana a los 1.000 trabajadores.

El ejemplo de Tecnoglass ilustra la visión que tienen decenas de empresarios nacionales, quienes desde distintas orillas apuestan por un nuevo país. Hay grandes inversiones en el sector del turismo, en agroindustria y en tecnología, para solo citar algunos frentes desde los cuales podría construirse la Colombia de las nuevas generaciones.

Apostar por el futuro en medio de tantas dificultades merece todo el reconocimiento, no solo por parte de los medios de comunicación, sino de la propia sociedad, que debería solidarizarse con quienes arriesgan un capital y dedican muchas horas de trabajo para poder sacar adelante iniciativas que van a contribuir no solo a nuestro desarrollo y progreso, sino a una mayor armonía social.

Tecnoglass – Saint-Gobain, una alianza poderosa

La empresa Tecnoglass es una compañía líder en América Latina en la producción de vidrio arquitectónico, ventanas y productos de aluminio, los cuales tienen gran demanda y son muy apetecidos en Estados Unidos y varios países de Europa. Su complejo industrial en Barranquilla ocupa un área de más de 250.000 metros cuadrados y genera más de 6.000 empleos directos. Por su parte la francesa Saint-Gobain tiene más de 350 años de tradición como productora de vidrio en el mundo, está presente en 67 países y lleva 40 años en Colombia. La alianza estratégica de ambas compañías permitirá contar con una nueva planta de producción de vidrio arquitectónico en el municipio de Galapa, Atlántico. Se trata, pues, de una apuesta sólida y con mucha proyección, que le permitirá a Barranquilla consolidarse como la ciudad con mayor potencialidad de crecimiento del país. “Debemos fortalecer nuestra presencia aún insuficiente en Barranquilla, por eso me parece muy importante que esta inversión de nuestra empresa Saint-Gobain
se realice en la ciudad”, afirmó el embajador de Francia en Colombia, Gautier Mignot. Esa es la misma apuesta de Tecnoglass con su presidente y CEO, Christian Daes, a la cabeza. De lo que se trata, en últimas, es de ser optimistas y de apostarle a un futuro mejor para las nuevas generaciones.

Llegó la hora de las “inversiones optimistas”

La nueva planta de producción de vidrio arquitectónico de Tecnoglass en Galapa tendrá tecnología de punta y su instalación y funcionamiento permitirá reducir costos de forma significativa. Permitirá, además, duplicar el suministro de vidrio flotado, así como reducir el desperdicio de materia prima. La nueva planta tendrá una capacidad de producción de vidrio de 750 toneladas al día. Ello significa poder duplicar la actual producción de Vidrio Andino, subsidiaria de Saint-Gobain en Colombia. A todas luces la alianza Tecnoglass – Saint-Gobain es una “inversión optimista”, de las que el país requiere con urgencia en estos momentos. En el mundo de los negocios, asumir riesgos es no solo una buena decisión, sino una demostración de confianza en una ciudad, una región y un país. En momentos en que algunos países de la región atraviesan momentos muy difíciles, como Venezuela, poder ofrecer estabilidad y plenas garantías a los inversionistas podría convertirse en una excelente oportunidad para muchos de ellos. En ese sentido, la decisión de Francia de incrementar su inversión en Barranquilla y el país merece todo el reconocimiento y respaldo.

¿Por qué creer en Colombia?

Aunque hay una dura realidad que no se puede desconocer, en la que priman hechos violentos y actos de corrupción, lo cierto es que las cifras indican que hay razones para ser optimistas en Colombia. No se trata de evadir la realidad, sino de reconocerla para transformarla. La reducción de la pobreza es evidente. Mientras que en los últimos 15 años la mitad de la población colombiana era pobre, hoy esa cifra corresponde a una cuarta parte. Y la apuesta debe ser por erradicarla en los próximos años. Los indicadores muestran que en la última década más de 10 millones de personas abandonaron la pobreza y que poco a poco se ha ido cerrando la brecha de desigualdad. Todos quisiéramos que se cerrara con una mayor velocidad, pero para ello es necesario tomar decisiones drásticas en otros frentes, por ejemplo en la lucha contra la corrupción. En la medida en que haya menos corrupción habrá más igualdad social. Mientras ello no ocurra, será muy difícil erradicar la pobreza extrema y la miseria en el país. La lucha contra la corrupción debe ser frontal y la tenemos que dar todos. Punto. No es un asunto de izquierda o de derecha, de gobiernistas o de opositores. Es un asunto de todos.

¿Ilusos o realistas comprometidos?

La violencia no puede ser el común denominador de Colombia. El terrorismo no puede seguir imponiendo la agenda nacional. Hay que abrirles espacios a quienes apuestan por un país mejor. Ellos merecen todo nuestro respaldo y solidaridad. Hay cientos de hombres y mujeres en Colombia que todos los días se levantan con el firme propósito de dejarnos una Colombia mejor. A ellos hay que sumarse. Quienes hemos sido víctimas y testigos de décadas de guerra inútil merecemos vivir en un país distinto. Uno más solidario y comprometido con la suerte de los más vulnerables. Los victimarios no puede seguir siendo los grandes protagonistas de la historia nacional. Ellos deben entender que su tiempo ya pasó. Colombia merece otro destino y otra suerte. Quienes pretenden aferrarse a un pasado lleno de sangre y muertos deberán entender que llegó la hora de construir un nuevo país. Ese capítulo de terror, que unos pocos quieren mantener vigente, debemos cerrarlo entre todos. No se trata de ser voluntariosos, sino de sumar voluntades en el cumplimiento de un mismo propósito. Es así como vamos a transformar al país.

 

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