La paz sigue pendiente

Por: Félix Mora Ortiz

Consejero de Paz – Defensor DDHH

El Teatro Colón de Bogotá fue el escenario donde se firmó la paz con las Farc de manera definitiva, con el ánimo de ponerle fin a la confrontación armada entre el Estado y este grupo, quien hasta ese momento actuó de manera irregular. Esté acuerdo fue puesto a consideración del Congreso de la República para articular métodos participativos e influyentes que contemplaran las propuestas de la oposición.

En adelante las acciones de la sociedad civil se han concentrado en pedirle al Estado una implementación más intensa y contundente. El Acuerdo representa un compromiso de las partes con el pueblo colombiano. Compromiso que fue refrendado por el Congreso de la República y revestido de constitucionalidad por la Corte Constitucional, pero que igualmente es un compromiso con la comunidad internacional y la paz mundial.

De allí nace el importante papel que desempeñan nuestros líderes sociales, que tienen la titánica tarea de dar a conocer las voces de quienes en silencio sufren el abandono del Estado y la falta de presencia de las autoridades en lo que se llama «la otra Colombia», la Colombia macondiana, ĺa Colombia olvidada.

El panorama oscuro es para las regiones. La falta de herramientas y metodologías conjuntas entre el pueblo y el Estado, cada vez presentan una brecha más amplia y distante. La realidad es dolorosa, día a día quienes son los encargados de llevar la voz del pueblo a las instituciones son asesinados y masacrado. Cada día muere un líder social, defensores de aquellos derechos humanos que en algunos rincones de Colombia no se han materializad. La paz acordada cada vez toma otro rumbo. Lo que suponía era una Paz cimentada en la reconciliación con justicia social, equidad y convivencia en medio de las diferencias, ahora se intenta construir en medio de las amenazas y muerte.  Se pide a gritos: una paz que respete la vida de los líderes y lideresas sociales.

No todo es malo, en medio de tanto dolor que acecha nuestro país, el municipio Soacha, en el departamento de Cundinamarca, implementa acciones concretas que le permitieron pasar de ser una ciudad víctima del conflicto armado, a ser ahora ciudad ejemplo de reconciliación nacional, cuna de paz, una paz conjunta, la paz de todos.

Como dice el analista León Valencia: “hacer la paz no es llevar a Colombia al cielo, pero si es sacar a nuestro país del infierno de la guerra”. Es un deber y es nuestra responsabilidad, aportar un grano de arena en la construcción de la paz, y conjuntamente recorrer el camino del perdón que nos lleve hacia la anhelada reconciliación. El municipio de Soacha lo está haciendo, y es hora de que lo hagamos el resto de los colombianos.

 

 

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