La Ley del Montes | Maduro, ¿El principio del fin?

Por: Oscar Montes

@leydelmontes

La declaración del Grupo de Lima podría ser el golpe de gracia al chavismo en Venezuela.

La declaración del Grupo de Lima, firmada por 13 de los 14 miembros que lo integran, constituye el golpe más contundente que ha recibido el régimen chavista, desde que llegó al poder en Venezuela hace dos décadas. Solo México se abstuvo de firmar el trascendental documento, alegando el respeto por el derecho a la “autodeterminación de los pueblos”.

Por esta razón, Nicolás Maduro deberá afrontar a partir de este 10 de enero, cuando se posesione para un nuevo mandato presidencial, la peor crisis de la llamada Revolución del Siglo XXI, desde que el chavismo accedió al poder hace ya 20 años. Maduro está prácticamente solo en el hemisferio. A su lado posan para la foto Nicaragua y Cuba –con regímenes tan cuestionados como el chavista– y México, que bajo el mando de Andrés Manuel López Obrador, prefiere no sumarse a quienes todos los días aprietan el nudo de la soga que pende sobre el cuello de Maduro.

La declaración del Grupo de Lima –creado en 2017 para buscarle una salida a la crisis de Venezuela– es contundente y no deja margen de duda al desconocer la legitimidad del nuevo mandato de Maduro. Los presidentes de los 13 países que firmaron la declaración solicitaron a Maduro que no asuma la Presidencia por segunda ocasión este 10 de enero.

Para el Grupo de Lima, Maduro debe entregarle el poder a la Asamblea Nacional (AN), organismo que –luego de conocer el pronunciamiento de los mandatarios– declaró “ilegítimo” a Maduro. Los miembros de la AN –controlada por la oposición– calificaron al mandatario como un “usurpador del poder”, al tiempo que respaldaron el llamado del Grupo de Lima y de los Estados Unidos a la convocatoria de unas “elecciones libres”.

La reelección de Maduro el pasado 20 de mayo, luego de unas elecciones convocadas por la Asamblea Constituyente (AC) –controlada por el chavismo– ha sido objeto de todo tipo de cuestionamientos, no solo por parte de la oposición, sino de organismos internacionales, como la OEA, en cabeza de su secretario general, Luis Almagro. Todos ellos coinciden en afirmar que en mayo pasado, Maduro ganó mediante la ejecución de un “monumental fraude”.

Dichas elecciones no contaron con las figuras más connotadas de la oposición por dos escandalosas y muy poderosas razones: estaban inhabilitados, como María Corina Machado, o estaban presos o exiliados, como Leopoldo López o Antonio Ledezma.

En las actuales circunstancias y aunque tiene el pleno respaldo de la AC, Maduro queda con muy poco margen de maniobra en un continente donde en el pasado reciente contó con el respaldo de países como Brasil, Argentina y Ecuador. De ahí que comenzó a tomar fuerza la propuesta de crear un “gobierno de transición”, que convoque a nuevas elecciones, que permitan un cambio pacífico en el vecino país.

No obstante, este escenario que respaldan voceros opositores, como Machado y Ledezma, tiene dos grandes interrogantes: el papel que jugará Maduro y –sobre todo– el papel que jugarán las Fuerzas Armadas, cooptadas por Maduro y sometidas a duros cuestionamientos por corrupción y narcotráfico. Sin la participación de Maduro y sin el respaldo de las Fuerzas Armadas, es muy difícil –casi imposible– pensar en una “transición pacífica” en Venezuela.

Mientras tanto, Maduro seguirá ejecutando el plan que tan buenos réditos le ha dado hasta el momento: fracturar la unidad de los movimientos y partidos de oposición. De hecho, en las elecciones presidenciales de mayo se enfrentó a Henry Falcón, quien luego de ser chavista por muchos años, no tuvo recato alguno en mostrarse como “opositor al régimen”. La falta de unidad de la oposición, aupada por Maduro, ha sido sin duda alguna un factor determinante para la permanencia del chavismo en el poder en Venezuela.

¿Qué le espera a Maduro y qué papel jugarán los países del Grupo de Lima para la superación de la crisis en Venezuela?

Maduro y los chavistas son el problema

La permanencia de Nicolás Maduro en el poder constituye hoy el más grande y más grave problema de Venezuela. La solución de la crisis en el vecino país pasa de forma obligatoria por el retiro de Maduro de Miraflores. Punto. En ese sentido la declaración del Grupo de Lima no hace nada distinto a reafirmar el sentimiento de millones de venezolanos y de decenas de países, que consideran que la situación económica y social que atraviesa la patria de Bolívar tocó fondo y convirtió a Venezuela en una nación inviable. El éxodo venezolano es monumental: cada día 5.000 personas abandonan el vecino país y, al finalizar este año, unos 5.000.000 de personas habrán salido, según reportes de la ONU. De ellas, unos 2 millones llegarán a Colombia, principal receptor de los migrantes. La llegada masiva de venezolanos al país terminó generando la mayor crisis humanitaria que hemos tenido que afrontar en las últimas décadas. Ninguna alcaldía o gobernación fronteriza –ni la propia Bogotá, que tiene mayores recursos e infraestructura– puede afrontar semejante éxodo de compatriotas venezolanos. La grave situación requiere de la intervención inmediata de la comunidad internacional, así como de los distintos organismos internacionales y multilaterales. La crisis nos desbordó.

Cifras escandalosas por lo pésimas

Las cifras de Venezuela todas son escandalosas por lo pésimas. No hay un solo indicador medianamente decente. La inflación galopa desbocada y según el Fondo Monetario Internacional (FMI) podría ser del orden de ¡10.000.000% anual! Es decir, en los próximos años la subida del precio de los alimentos sería del orden del billón por ciento (1000.000.000.000%), cifra que no cabe ni en la cabeza de nadie, ni mucho menos en un papel. Pero hay más: el PIB sufrió un desplome del 15%. La recesión económica de Venezuela no tiene antecedentes en el mundo en una nación que no ha tenido que afrontar un conflicto interno o externo. Es decir, Venezuela –sin estar en guerra– tiene peores indicadores que muchos países que sí las tienen. El régimen chavista responsabiliza de la crisis a Estados Unidos y a varios países europeos, a quienes señalan de patrocinar un bloqueo económico en su contra. Pero la verdad, cruda y triste, es que la crisis de Venezuela tiene nombre y apellido: Revolución Socialista del Siglo XXI. El padre de la criatura se llama Hugo Chávez Frías y quien responde por ella es Nicolás Maduro.

López Obrador, ¿el salvavidas de Maduro?

La llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la presidencia de México podría ser la última bala de oxígeno de la que podría echar mano Nicolás Maduro en el continente. La independencia y autonomía mostrada por López Obrador hasta el momento, pero –sobre todo– su rechazo total y absoluto a Donald Trump, terminó por construir un puente común con Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales, quienes tienen en común no solo su odio a Estados Unidos, sino su apego al poder, hasta el punto de pretender perpetuarse en él. López Obrador argumenta su respeto al derecho a la “autodeterminación de los pueblos”, que prohíbe la injerencia extranjera en los asuntos internos de cada país, para marginarse de cualquier pronunciamiento en contra del régimen chavista, como acaba de ocurrir con la declaración del Grupo de Lima. A diferencia de su antecesor,  Enrique Peña Nieto, que respaldó las decisiones de ese organismo, AMLO optó por abstenerse de apoyarlas.

¿El principio del fin de la pesadilla chavista?

Si en algo se ha mostrado consistente Iván Duque es en su rechazo al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Mientras en otros frentes duda y titubea, hasta el punto de ser objeto de todo tipo de caricaturas, en este campo se muestra inflexible, lo que le ha permitido tener un rol protagónico en el Grupo de Lima. El canciller, Carlos Holmes Trujillo, ha sabido interpretar la directriz presidencial, lo que ha permitido alinear a varios países en la misma causa. A ello contribuirá –sin duda– la llegada de Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil, quien no ha dudado un segundo en rechazar el régimen chavista venezolano. Bolsonaro –al lado de Colombia– jugará un papel trascendental en la suerte futura de Maduro. Mientras AMLO se convertirá en aliado de Venezuela, por cuenta de su rechazo a Trump, Bolsonaro se empleará a fondo por cerrarle todas las puertas al líder chavista. De cómo jueguen cada uno sus cartas se sabrá si comenzó el principio del fin de Maduro o si se trata de un capítulo más de la horrible pesadilla que viven los hermanos venezolanos por cuenta del régimen chavista.

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