Segundo retorno embera

BOGOTA, 28 de diciembre_ RAM_ Orfinely Murry tomó un bus el miércoles de pascua. Iba con sus seis hijos, su prima y los hijos de su prima de regreso al Alto Andágueda, de donde habían salido hace dos años.

Empacó sus pertenencias el 25 de diciembre, pero había dejado por fuera un espejo de unos 60 centímetros de alto. A pocos minutos de emprender el viaje de retorno lo dispusieron en el antejardín de una casa del barrio Gran América, justo frente a los 8 buses en los que viajaron las 313 personas, de 68 hogares, de las comunidades embera katío y embera chamí que se encontraban en calidad de desplazados en Bogotá.

Una de las niñas de Orfinely era la que más se miraba. Se limpió los tennis nuevos frente al espejo, se peinó y se quedó un buen rato sólo mirándose. Detrás de ella hacían lo mismo su mamá y su prima, que retocaban con aceite sus cabelleras.

Iban orgullosas de su adquisición, porque en su resguardo, allá en el Alto Andágueda, en Chocó, nadie más tiene espejos. Eso, las bicicletas, los recogedores de polvo y los páneles solares que llevaban otros de los indígenas retornados serán la novedad de sus comunidades.

También lo será el conocimiento en enfermería que lleva Héctor Sintúa. El también hizo parte de este segundo grupo de embera que la Unidad para las Víctimas ayudó a retornar. Los primeros lo hicieron el 20 de diciembre pasado y ya están en sus lugares de asentamiento.

En Bogotá, Héctor fue traductor en hospitales y colegios donde se atendían a los miembros de su comunidad. Y también estudio enfermería, así que entre lo que aprendió en los salones y lo que vio en los hospitales lleva suficiente conocimiento para ayudar a mantener óptimas las condiciones de salud de su comunidad que, además, lo postuló para ser el nuevo maestro.

Él, como los demás, iba feliz de volver. Aunque en la ciudad aprendió y logró mejorar su español, no hay nada como la tierra, y más para aquel que ha tenido que salir de ella contra su voluntad.

Los ocho buses que salieron de Bogotá hacia las 5 de la tarde del miércoles 26, llegaron a la vereda Agüita, en el corregimiento de Santa Cecilia, en Risaralda, en la mañana del jueves 27. Después del desayuno recibieron sus enseres y la ayuda humanitaria con la que emprenderán el resto de viaje. Son entre 2 y 12 horas de camino a pie.

Con el grupo que salió el pasado 20 de diciembre desde Bogotá, Ibagué, Pereira y Quibdó, la Unidad para las Víctimas termina el retorno de 823 miembros de la comunidad embera que se había planteado para este año.

En la capital, todavía permanecen 22 familias incluidas en el Registro Único de Víctimas, con quienes se realizará el proceso de retorno en 2019, y otros seis grupos familiares que decidieron quedarse en la ciudad para continuar aquí su vida. A ellos, la Unidad para las Víctimas seguirá prestándoles atención, hasta garantizar su adecuada integración social.

 

 

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