La insoportable terquedad de Márquez y El Paisa

Por:  Carlos Alonso Lucio
Que los Acuerdos firmados por Santos y las Farc en La Habana no se han cumplido, es lo que, en síntesis, plantean Iván Márquez y El Paisa, en su carta a la Comisión de Paz del Senado.
Y, eso, es puntualmente cierto.
Los que no son ciertos, son los argumentos que aducen como causas para que dichos Acuerdos hayan caído en “en el taciturno abismo de los procesos de paz fallidos”.
Según ellos, fueron los “depredadores sin alma” los responsables del fracaso, evidenciando, con el calificativo, que nunca se dieron el más mínimo espacio para reflexionar sobre los muchos llamados de atención pertinentes que se les hicieron, ni mucho menos le dieron un milímetro de espacio a la autocrítica básica con qué preguntarse, si en el largo itinerario de las negociaciones, pudieron haber cometido algún error.
Argumentan que “la inseguridad jurídica” fue el primer motivo que “fue ahuyentando la poca confianza que aún quedaba en los excombatientes”, todo esto, a propósito de la detención de Jesús Santrich.
Primer argumento fallido.
Mucho antes que la inseguridad jurídica, los Acuerdos Santos-FARC adolecieron de una insuperable inseguridad política. De una gravísima inseguridad política derivada de la peor circunstancia que pueda afectar a un proceso de paz: la ilegitimidad.
¿Cómo es posible que, en su carta, Márquez y El Paisa hayan omitido que el pueblo dijo “No” en el plebiscito del 2 de octubre/2016?
Confundir la supuesta inseguridad jurídica con la verdadera inseguridad política causada por la falta de respaldo social y político a los Acuerdos, demuestra la indiscutible ausencia de inspiración democrática que desfiguró el proceso desde sus inicios.
Las Farc consideraron, como siempre, que su discurso ideológico y la capacidad intimidatoria de sus armas, bastaban para justificarles a los colombianos cualquier tipo de negociación, y en esa apuesta se equivocaron.
Fueron las fallas tectónicas de la ilegitimidad las que, de verdad, fueron resquebrajando el proceso.
Continúa la carta con el argumento de que “las modificaciones al texto original de lo convenido” realizadas por “personajes que nunca fueron ungidos con el honor de ser plenipotenciarios de las partes, se dieron a la tarea de meterle mano para dañar lo construido con tanto esfuerzo y amor”.
Segundo argumento fallido.
Esos a quienes llaman personajes que nunca fueron ungidos con el honor de ser plenipotenciarios, fueron los congresistas elegidos por el pueblo, en quienes tenía que quedar la legitimidad de decidir, má después del “No” del pueblo en el Plebiscito.
¿Por qué insistir en la terquedad antidemocrática de desconocer que, una vez negados los Acuerdos por el pueblo, la única alternativa que quedaba para intentar viabilizarlos, era someterlos a rectificaciones que intentaran hallarles algún consenso político?
¿Cómo no entender que una vez negados por el pueblo esos Acuerdos redactados con tanto esfuerzo y amor, era imprescindible que una institución delegataria de la soberanía popular asumiera la decisión sobre lo adelantado?
¿Cómo no comprender que un Congreso, por más fallas que tenga, ni es ni debe ser un firmón de nadie, y que es de su naturaleza debatir, modificar y decidir lo que se someta a su consideración?
Continúan Iván Márquez y El Paisa con la tesis del “incumplimiento de aspectos esenciales del Acuerdo” y entre sus afirmaciones está que “la JEP no es la que aprobamos en La Habana… sustrajeron de su jurisdicción a los terceros”.
Otro argumento fallido.
Santos y las FARC se inventaron “el mejor Acuerdo del mundo”, a partir de diseñar un proceso de paz que no terminaría en la reconciliación sino en un tribunal, además, en un tribunal creado por ellos, a su imagen y semejanza, en el cual pretendían juzgar, también, a sus contradictores políticos y a dirigentes sociales y empresariales opuestos a las FARC y a los acuerdos.
No han querido aceptar ni las FARC ni Santos que eso no se los iba a aceptar nadie, porque su inspiración era, una vez más, antidemocrática, y su administración tiránica de la justicia hubiera corrido el alto riesgo de convertirse en semilla de nuevos conflictos y nuevas violencias.
En aras a la brevedad del escrito, hay dos preguntas a Iván Márquez y a El Paisa que quedan flotando después de la carta:
¿Al plantear que la reformulación del proceso es “un imposible”, están dando por hecho que ustedes y “los excombatientes” que “perdieron la confianza” regresan a las armas?
En la eventualidad de que así fuera, ¿podrían ustedes asegurarnos a los colombianos, “solemnemente”, que esta decisión nada tiene qué ver con la constante hostilidad de la dictadura de Maduro contra Colombia?
Sería bueno saberlo, saber la verdad, y saberla de verdad.
Biblia. Juan 8:32 “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”
Este jueves abriremos el diálogo sobre este tema en nuestro programa#palabraEnVivo a las 12:00 en punto del mediodía
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