Iván Duque, 30 días

Hasta ahora no ha hecho el gran anuncio que se espera de un presidente recién posesionado, mientras ha preferido más gestos que las confrontaciones

Por Carlos Obregón

El 7 de agosto cuando se posesionó el presidente Iván Duque,la opinión se dividió entre quienes destacaron su discurso conciliador y los que echaron de menos un mensaje de estadista más que de candidato.

El anuncio del compás de espera de 30 días para el ELN y la propuesta de un pacto nacional asomaron en los titulares junto con los análisis sobre la integración técnica de su gabinete.

En sus primeros 30 días de gobierno –pocos para hacer corte de cuentas, pero suficientes para conocer el talante del presidente y su equipo–, Duque no ha sido el coco de la extrema derecha que advertían sus críticos en la campaña ni el clon de Uribe como quisiera el ala radical de su partido. A veces es más centro que derecha.

Ha sido más conciliador que pleitero. Hasta ahora las decisiones aburridas las han comunicado sus ministros –Hacienda, Iva; Justicia, droga en las calles, o Educación, Ser Pilo Paga—y las agresiones políticas sus congresistas.

Pero la gente aún no lo percibe como el presidente joven de los grandes cambios. Ni el que conecta fácil con la opinión con la que hasta ahora no ha habido luna de miel. Las encuestas apenas le dan una aprobación del 40%, que no será fácil de aumentar en tiempos de barras bravas en las redes y de heridas sin cerrar por la polarización.

En sus primeros 30 días Duque no ha hecho el gran anuncio que se espera de un presidente recién posesionado. Ha preferido tener más gestos, con amigos y críticos, que anuncios: ratificar a muchos funcionarios de Santos; apoyar la consulta anticorrupción e invitar a Timochenko a Palacio; enviar a Alejandro Ordóñez a la OEA y calmar con burocracia a un sector rabioso del uribismo, pero sin prestar atención a sus reclamos públicos por nombrar algunos viceministros que les incomodan; mantener el reconocimiento a Palestina, no meterse en la elección de contralor, salirse de Unasur,o reversar nombramientos en la UNP y en Fonade.

A partir de ahora, cuando está claro quiénes son sus aliados en el Congreso y quiénes sus opositores, empieza otra dinámica para el gobierno Duque: la presión política por “mermelada” versus el ojo vigilante de la opinión para que no ceda a esas tentaciones.

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