Efecto 11.6 MM

Mientras Santos encontró en la paz una vía de conexión con la izquierda, Duque capitaliza el rechazo a la corrupción para conectarse con la oposición.

POR CARLOS OBREGON

La votación del plebiscito anticorrupción –11 millones 674 mil 951 votos— cambió la agenda política del país y le dio al gobierno de Iván Duque la opción de actuar más como jefe de Estado que de gobierno como estaba siendo percibido en las primeras semanas de mandato.

De la discusión entre la utilidad de las siete preguntas versus el costo de la consulta, el país ha pasado, en menos de una semana, a aterrizar las propuestas del gobierno, de los promotores de la consulta y de los organismos de control.

La convocatoria del presidente Iván Duque, esta semana, a la Casa de Nariño es la jugada política más estratégica de sus primeros días de gobierno. No hay antecedentes recientes de tener sentados en la misma mesa a voceros del centro, la derecha, la izquierda para buscar un consenso en torno de un tema como la corrupción.

Santos había encontrado en la paz una vía de conexión con el centro y la izquierda, pero no con la oposición uribista.

Duque está encontrando en el rechazo a la corrupción el mejor puente para conectarse con la oposición.

El mensaje de los 11.6 millones de votantes –un potente mensaje político— podría haber metido susto en el Congreso.

El reto será demostrar con hechos que acogerá las reformas para que la corrupción deje de ser escalón para el ascenso político y social. Sin embargo, habrá que ver qué sale de la mesa técnica que revisará las propuestas legislativas y qué tanto logra colarse el diablo en los incisos de los textos.

Las fallidas reformas a la justicia y a la política son prueba de ello.

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