Sembrador de flores que se coronó rey de los silleteros

Don Jesús Orlando Grajales es un campesino del corregimiento Santa Elena de Medellín que desde que recuerda ha sembrado flores, ejercicio que convirtió en su pasión y claramente su sustento económico.

Es un sabio de las flores, “la roja para el amor, la blanca para la confianza, las negras, nunca las regalen”, cuenta con conocimiento de causa.

La alcaldía de Medellín lo eligió como el ganador absoluto del desfile de silleteros de la versión número 61 de la Feria de las Flores, su obra la comenzó muchos meses atrás cuando sembró, en la fase lunar indicada, las semillas que le darían los tipos y colores de flores con las que quería cubrir la maqueta.

En total fueron más de 100 variedades las que hicieron posible la silleta que alcanzó un peso cercano a los 110 kilos los cuales se echó al hombro para recorrer la avenida Guayabal en el tradicional desfile.

Su pasión por las flores, a las que consiente y les ha dedicado su vida, le ha dejado satisfacciones incalculables, unas tangibles como los viajes al exterior y otras simbólicas, como cuando un fotógrafo del periódico El Colombiano lo retrató con su silleta logrando que la imagen se convirtiera en referente mundial de los silleteros de Santa Elena.

“En mi casa no pueden faltar las flores porque son la pasión de mi vida y gracias a ellas he andado el mundo, soy un agradecido de Dios y las flores y tienen un significado muy importante cuando se ponen en los ambientes, porque ellas limpian el aura y tienen la belleza, la tranquilidad y la paz”, cuenta don Jesús.

Su silleta, la de flores variadas, coloridas y de unos 110 kilos, la armó en cuatro días, en una fiesta familiar, en un tradicional encuentro en la casa paterna, en donde otros cuatro integrantes más de la familia también retocaron sus silletas porque todos salen a desfilar, pasan la noche y madrugada despiertos y entre música, abrazos, comida y uno que otro chiste, terminan sus obras.

A don Jesús Orlando, un ciudadano español le ofreció muchísimo dinero para que se quedara con él en Barcelona cuidando su jardín, pero rechazó la oferta no sin antes dejarle plantado lo que más adelante se convertiría en un florecido patio; dice que de Santa Elena no se va. Eso sí, cada cuanto agarra su sombrero, su poncho, su carriel y con su arrastrao acento paisa asesora lo más bellos jardines en cualquier parte del mundo, de donde lo requieran allá llega. Es un sabio, recordemos, y la gente lo sabe, su fama se la ganó, literalmente, de sol a sol, de lunada en lunada, de flor en flor.

Recomienda sembrar flores como terapia. “Cuando estén desocupados dedíquense a cultivar flores para sentirse bien. Vean a mí me han invitado a otras partes a trabajar ganando mucho dinero con las flores pero para mí Santa Elena es todo”, concluye.

 

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