El discurso de Duque en claves

Desde la versión moderna de los tres huevitos de Uribe hasta los giros en materia de paz cultivos ilícitos y corrupción.

POR CARLOS OBREGON

Los discursos de posesión de los presidentes, por lo general, son más retóricos que reveladores de grandes anuncios. Más para lucirse que para destapar todas sus cartas. El del Iván Duque, de este 7 de agosto, salvo el anuncio del mes que se tomará para evaluar la negociación con el ELN, es ante todo reiterativo en la necesidad de dejar los odios atrás. Pero además dice mucho con lo que omite.

En general es un discurso fresco –alejado del tono pendenciero y revanchista de la línea radical del uribismo– atravesado en todos los temas por la necesidad de dejar las divisiones y el odio. Duque usó un retrovisor de bicicleta, más ajustado a su estilo –la antítesis del sectaria y mentiroso de Macías—sin usar frases que le generan problemas con su antecesor. Por eso un primer mensaje es que está más dispuesto a dialogar que a chocar.

Además, sin traicionar a Uribe, el nuevo presidente apela a otras formas más convergentes para mantener el ideario del Centro Democrático. El pacto que le propone a Colombia está sustentada en tres ejes que en el fondo son la esencia de la receta de los tres huevitos de Uribe: legalidad –seguridad democrática— emprendimiento –confianza inversionista– y equidad –cohesión social–.

En la alocución de este martes, Duque, ya como presidente parece haber cambiado algunas posturas de campaña y aun después de elegido.

Paz: envía un mensaje de diálogo al ELN en el sentido de que no entra rompiendo lo acordado hasta ahora y se tomará un mes para evaluar. Algo además para destacar: la concentración de frentes ya no es requisito fundamental. El tema de los ajustes a la JEP tampoco mereció mención especial.

Cultivos ilícitos: como presidente electo había dicho que volvería a las fumigaciones y que la erradicación de matas de coca sería obligatoria. En su discurso habló de ser efectivos en la erradicación y sustitución de cultivos ilícitos de la mano con las comunidades.

Corrupción: después de elegido, Duque reiteró que apoyaría la consulta anticorrupción. Al tomar posesión anunció que radicaría un paquete anti-corrupción que recoge varios puntos de la consulta impulsada por los verdes, lo cual ha sido visto como una manera de bajarse del apoyo a la consulta e intentar quedarse con la bandera anticorrupción.

Venezuela: pese a que las relaciones con el vecino será una de las papas calientes de su gobierno, Duque omitió mencionar a ese país de manera directa, aunque envío mensajes de cómo actuará ante Maduro. Por ejemplo, la advertencia de que hará respetar la Carta Democrática Interamericana y que denunciará las dictaduras. Un silencio que puede ser entendido como una puerta que deja abierta al diálogo o una estrategia de ignorar a Maduro en momentos en que este acusa a Colombia de fomentar atentados en su contra.

El mensaje de fondo de la búsqueda de un gobierno de consensos y apartado de odios y divisiones, en contraste con el del presidente del Senado, plantea el interrogante de si una cosa será el Gobierno de Duque y otra el uribismo.

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